sábado, 26 de septiembre de 2015

ENTRE RUINAS

Imagen cogida de la red




ENTRE RUINAS




El dolor es esta incertidumbre de no saber en dónde terminará mi locura.
Hoy son más los miedos que las alegrías, los hechos que fundan eclipses,
y monólogos adentro del pozo de la historia.
La percusión de su escritura es agridulce, como un epitafio por adelantado.
Las estrofas de huesos muerden el paraíso terrenal: los travesaños del grito
caen sobre las atrocidades del camuflaje.
En la fila india de los agujeros, el estribillo de las antenas parabólicas.
Llueven histerias mientras centellea la sal en el arpa de los párpados.
(Los huesos acaban siendo los espejos de la semana, la espléndida historia
de nuestras tristezas, la antesala a las vacas flacas del apocalipsis.
Para armonizar con todas estas anulaciones, el silencio es necesario; en modo
alguno, la súplica o el pudor o la irradiación del Evangelio.)
En la fisura de las lavanderías públicas, el intrincado alfabeto de la espuma.
En realidad todo destiempo aprieta las costillas.
En este campo de batalla, la neutralidad perdió su ciudadanía: ahora tenemos
un trasmundo de hollín y el consecuente ixcanal en el aliento.
Al final, uno no sabe en dónde desemboca tanta atrocidad y en qué hangar
duermen los cuervos; aun recuerdo el rastrojo amargo de los piojos.
Existen ojos de desenfreno en medio de todos los escombros.
Tal vez la ropa ya no sea necesaria cuando la alta noche regresa a los pies.
Lo inexplicable de no ser tiene sentido en esta condición en que vivimos.
(Siempre te recuerdo por el absurdo de los poros en mi olfato, por la luz sonora
del tacto en el alambique, por tus orillas de garganta sin naufragio.)
—En cada quemadura, vos, y el doble tatuaje que fluye en el aliento…
Barataria, 17.IX.2015