domingo, 10 de mayo de 2015

TALPETATE

Imagen cogida de la red




TALPETATE




Somos el sueño endurecido de los monstruos que nos sueñan. Allí donde el día
nos distancia, las fotografías ineludibles de lo enfurecido e inusitado.
Sobre toda esta carcoma árida del sinfín,
el arado abre el surco como una madrugada solemne.
Nos pesan desde luego las llaves demacradas del sueño, los condones arrojados
al templo de la iracundia, toda la fantasía destruida en el polvo voluble
de las luciérnagas.  (Nadie sale ileso después de ser atravesado por las vigas
del dolor, después que el aliento destila delgadas mazmorras de desvelo.
A menudo la fragancia de la ceniza y el estiércol son irremediables.
En esa palabra talpetate, el tiempo se ha detenido con su lámpara infértil.
Algo rompe mis zapatos: el perro del vacío que aún duerme en mi memoria.)
En toda la realidad que contienen las palabras, he ordenado mis delirios
y olvidos: me entusiasma limpiar la almohada todos los días;
bajar a la edad intemporal de mis ojos,
intuir junto al candil, esas extrañas revelaciones de la noche; contemplar
los precios diversos que tienen hoy en día los milagros.
Convulsiono frente a los relojes y a esa necesaria disposición de nacer
todos los días: supongo que da risa la palabra mañana, a sabiendas
que podemos tropezar con esos muertos atrapados en su sueño y sin memoria.
—De todos los nombres ásperos que recuerdo está el respiro pétreo de cuanta
lágrima y sed corren en mis miedos…
Barataria, 06.V.2015