jueves, 14 de mayo de 2015

PIZARRA DEL ALBA

Imagen cogida de la red




PIZARRA DEL ALBA




Cuchillos de pus contagian la mesa y ahogan su demencia en la arcilla inocente
de este país con nombres y caminos pedregosos.
En la pizarra del alba, las tachaduras de tinta y el disfraz de conciencia
a toda hora: muchos van asidos a sombras, golpes, muertes, debates sin sentido.
Entre tanto grafiti, se hacen difíciles las ideas claras.
Es implacable el tiempo calcinado que vivimos, la música negra que retrasa
los jardines, las demasiadas noches que vive la memoria en su guarida
con telarañas. (Nadie renace con este zumo de muerte y sin brújula; nos desoye
el desarme, las tantas caídas heridas de la entraña, el alba que aún no asoma
sobre el musgo verde del aliento.
Acabamos siendo silencio o fantasmas. Lobos sin tregua, emblemas de suplicante 
tristeza, voces en medio de un jarro de salmuera.)
¿Qué vendrá después de tantos prefacios de espejismo?
Agonizamos debajo de los andenes, sobre el resuello de los moscardones.
Ya dejamos de ser en medio de tanto ventarrón: la agonía nos ahueca y reseca,
como un rayo insólito mordiendo trenes.
Sobre las oscuras dentaduras de las navajas, el corazón sumergido en litorales
de piedra; flotamos en los chiriviscos del despojo, en el ventisquero de ceniza.
Durante toda esta dislexia de arcoíris decapitado, los sombríos dones de la otra
mejilla, los genitales desnudos del paraguas de la noche.
Mañana, quizá de nuevo, la piedrecilla en los zapatos, el ronco aullido
de la noche, el alba en tinieblas…
Barataria, 10.V.2015