viernes, 8 de mayo de 2015

CONVERSACIÓN EN SNOWBIRD

Imagen cogida de la red




CONVERSACIÓN EN SNOWBIRD




Vos aquí contando las horas en cada rama de frío: aunque uno no lo crea,
existen también trenes de hielo y destinos que se acentúan con el goteo
de la nieve. (Imagino todos los días con sed insaciable de multiplicar
los orgasmos, mientras los esquiadores contemplan el horizonte.
Llueve imprevisiblemente hasta olvidarnos; hay ebriedad de entrañas. Es bueno
así, —me digo—, y no estar en medio de tantos cadáveres, entre luciérnagas
apagadas, a kilómetros de distancia de la muerte.)
Siempre estamos entre dos sueños: el del ahogo sereno de la incandescencia,
y el respiro vehemente de la poesía.
El de la aldaba mojada de la euforia y la melodía despiadada de la alucinación,
entre la inmolación dentro de la hoguera y ese llenar de gemidos la página.
—Vos sabés que los sueños siempre nos recuerdan.
Yo, entre estas sombras, sólo demoro mi partida. Al filo del reloj, los amarillos
contrastes que combatimos en la garganta.
Luego te volvés pasto blanco de estaciones como aquella montaña de enfrente 
que roza las sienes con sigilo, como el alba que humea de cierzo.
—De pronto pienso en la historia de los sueños, en esa extraña historia
del olvido, en los brazos donde vivimos de costumbre.
¿Somos, acaso, el sueño postrero de la sombra? —Quizá la sombra de la carne,
la sed áspera del pájaro, la escritura del alba en el olvido.
Entretanto, nos resignamos al fuego y al frío de dos memorias en el sueño.
Barataria, 04.V.2015