miércoles, 27 de mayo de 2015

ASTILLA DE LA BRASA

Imagen cogida de la red




ASTILLA DE LA BRASA




Alguien hace astillas de la respiración. Alguien, hoy, muerde la brasa obscena
de la última memoria de las astillas. Alguien en el limbo de los vendajes
del fango, en el colibrí de la brasa de los epitafios,
castrada la hogaza de calostro, o conjurada la bocanada de respiraciones, muerde 
la pluma fuente de las astillas.
Muerde el pubis yermo de las begonias hasta el bajorrelieve de la almohada,
muerde el tintineo de la respiración y su carne herética encandilada,
muerde la brasa desangrada en el pañuelo verbal de los empedrados,
muerde los cántaros licuados en el cuentagotas del colibrí afilado en las manos,
muerde el rostro embalsamado del delirio,
muerde las semanas carbonizadas de los funerales, la sintaxis del ocote,
los barullos deshuesados de estos días, las franquicias irrespirables
de los profetas, la lágrima del pino clavada en el bostezo de las migajas.
(De pronto, ya no sé ni qué decir. Mar afuera, mar adentro, en los ojos de niño
que aun preservo en los hacinamientos de mi cuerpo.)
En la superficie de la duda, los buhoneros de la ceniza y su benevolencia;
los mismos de siempre que comparten altares siniestros y promesas de vida
eterna y cielos con pajarillos, sin máscaras.
Mientras espero, también juego a la avidez, al modo del mercado y sus bellos
productos, a esas otras contingencias del arcoíris. A menudo lo inevitable
acaba siendo frágil, ficción, noción de otras formas del fuego.
 —Vos, sin embargo, desnuda en la congregación de la lágrima inverosímil.
Barataria, 23.V.2015