jueves, 7 de julio de 2016

REALIDADES VACÍAS

Imagen cogida de la red




REALIDADES VACÍAS




Nos arrastran hacia el estío,  estos metales de códigos vacíos, los cofres
con ratas, en medio del ultraje y muerte que vivimos.
No hay misterio en las monedas desgastadas de los preceptos, ni azúcar
en la niebla precipitada de las destrucciones, ni rumbo en el viento mutilado
de los bolsillos, salvo en las cataratas,
en los ruidos de antaño sin cerrojo, en el país de monumentos de dudosos brazos: 
todo es tan real como lo inexistente. Como el aullido duro de la ceniza del país, 
como los nombres que levantan puños de lágrimas,
y corrompen con su boca inagotable.
(Siempre nos hablan y nos quieren enseñar cosas extrañas, episodios proféticos 
de santos que no existen; llegado a tal insensatez, quedan en mi memoria todas 
las amputaciones posibles, las diversiones privadas que uno no ve, las formas 
de darle ciudadanía a la ignorancia, al bestiario de invierno en nuestra conciencia, 
a las borrosas imágenes de cierto vampirismo.
Por supuesto, durante  las semanas, me gasto las noches en cigarros y en una
y otra angustia entre las tantas que deben acompañarme.
Dicho sea de paso, por equívoco me río, desgraciadamente; descubro, claro está, desconciertos en esta venerable soledad de los brazos.)
Ante lo innumerable uno quiere creer que la realidad es diferente; no es así.
Mientras desciendo a las ojeras del insomnio, otros se adueñan de la memoria.
Aun no sé cuál es la diferencia entre una tormenta o una jaula.
Sólo sé de las noches amarillas de la nostalgia y de alguna lejanía…
Barataria, 17.V.2016