domingo, 15 de mayo de 2016

VERJAS AFILADAS

Imagen cogida de la red





VERJAS AFILADAS




¿Existe otra intensidad para colgar mi entusiasmo? Florece el filo como flor
del infierno, como tantas  dentaduras al encuentro con la ceniza.
Calan los coágulos de herrumbre en los poros.
A menudo uno degüella luciérnagas postizas y hostias incineradas.
Pródigas en abismos nos arrebatan los delirios, remontan cualquier mutilación 
al grafiti y a la obstrucción del alfabeto.
Un día saltaremos sobre su memoria de vagas intemperies, lejos de algunas monedas gastadas, como la fiebre provocada por ciertos espejismos.
(A ratos me desviste un sueño de ausencias, una vida de saltos entre agujeros;
los miedos y las paranoias petrifican la garganta, duele el árbol de ceniza
en las sienes y los huesos del cansancio.
En el ojo irreconocible del hierro cada nudo nos devuelve el golpe
de la intemperie: ninguna vehemencia es posible ante estos desencuentros.
Uno, de pronto, quiere acomodar sobre las piedras, todo este dolor pútrido
que se lleva en los ijares y el aliento y en cada rincón de los imaginarios;
“la sombra de los gusanos” corroe sin reparo, cualquier respiración y ungüento.
El filo sólo nos deja de herencia un montón de mutilados.
En la agenda de los políticos, recién se inaugura el catecismo de lo impalpable
 y la pesadilla de los cerrojos y la descapitalización de la claridad.)
La deshumanización es tal que nos coagula las mandíbulas con sus paranoias.
Como la lengua ebria del viento, la otra parte con su granito de súplicas.
Un día burlaré los ojos anulando las rúbricas del filo.
No existe un alfabeto cierto en las cuatro esquinas del zumbido…
Barataria, 11.IV.2016.