martes, 10 de mayo de 2016

PALABRAS CON AGUJEROS

Imagen cogida de la red





PALABRAS CON AGUJEROS




¿Hasta dónde llega el agujero de las palabras, ese hueco con múltiples aglomeraciones, honda calle de los hacinamientos del cansancio, pútrida saliva
sobre los huesos negros de los murciélagos?
Dejo que todo el luto atraviese mi angustia; escupo sobre la opacidad
de la intemperie; sangran las rodillas quebradas de las aceras: rota la sed,
nos muerden los sopores y la orina oscura de la pólvora.
(En el cansancio uno pierde los ojos viendo catálogos de psiquiatras, cebollas
al por menor, lámparas de noche. Me imagino un montón de cosas pegajosas.
Cada vez me despiertan menos las atrocidades: las palabras enajenadas colgando 
de caballetes, trípodes que de pronto desaparecen de la vista.
Todas las palabras se desmoronan en mi cabeza, algo así como la piedra pómez. 
Algo así como objetos lanzados al vacío.)
Avanzo, sí, pero no puedo entender el pétalo roto de las palabras: su gran lengua 
de olfato roto, los fósforos de la ira detrás de la ropa, el semen en la boca de la ceniza,
las ratas mordiendo la ternura. Ícaro me cosquillea.
Invernan en el ahogo los tobillos.
No es ventisca este largo túnel de dolencias, sino la puerta al vómito.
Siempre es un día como todos los días: de bruces las palabras, arraigada
la violencia, enmudecidas siempre las infancias.
En el tropezón de los lenguajes cotidianos, es casi certero el exterminio.
A la altura de la noche, abierto el río disímil de los zapatos y las cobijas…
Barataria, 08.IV.2016.