martes, 3 de mayo de 2016

PERIPECIAS DE MI SOMBRA

Imagen cogida de la red





PERIPECIAS DE MI SOMBRA




Cosidos los costados del aliento, las ojeras de la letra encima del pelaje.
Es preciso, hacer caso omiso, y no cometer prevaricato contra el mimetismo.
Sólo así es posible la distracción absoluta, la sombra, la luz, o la altura.
Ignoro si sirve para algo esa sombra que uno anda detrás de las palabras:
en medio del bahareque, inmóviles  sombras como bocas cicatrizadas;
entre la noche y el día, juega en la piel de la memoria y los olvidos.
A veces aparece al filo de los andenes donde descalza mide los absolutos.
En algún sitio el viento se encarga de darle equilibrio a sus huesos,
aunque al final crezca la monotonía en la madera,
y los ecos bailen al compás de las gotas afiladas del crepúsculo.
Es alma desasida en el tránsito de mis recuerdos, es escombro, ─me dirán─
donde se esconden bocas imposibles, ciegos ritos del estrépito.
De pronto, es como el trabajo áspero del aullido, el lenguaje vertical 
en el que hurgan los veranos arrepentidos de la ceniza.
(Las ventanas me salpican ─imposible detenerlo─ la espesura muerde
la tormenta de mis sienes, hay abismos negros en los ojos arrodillados,
por donde se pierden las viejas almohadas de los espectros, entre ellos mi sombra 
y la conciencia voraz de los dientes.
Desde las imágenes oscuras del vacío las paredes y su vocación de mutismo.
Ya por hoy, es suficiente cargar con mi propio fósil.
Dejo, para otro día, la multitud de encarnaciones que padecen los pájaros.)
Siempre es extraño un país de sombras: son incontables los ojos de la noche.
Barataria, 02.IV.2016