lunes, 27 de julio de 2015

HORA DE LA DUDA

Imagen cogida de johannes-esculpiendoeltiempo.blogspot.com




HORA DE LA DUDA




Sólo el ahora y el mañana desconocido, el cuerpo en el cadáver, no el milagro.
Vacío el pecho que nombra en la sombra, incierta la luz que ha sido y será,
vana la navaja que reposa sobre el féretro, el segundo del instante que apenas
respira en el olvido de la palabra.
Es hora de dialogar con lo desvalido, con la tierra al límite de la piedra.
Es hora de la duda y sus instrumentos, oscuras bocas en la puerta del azúcar.
Que fluya, ahora, toda la oscuridad posible, hija de la duda, ahógame
en el espacio del despeñadero, en la gentil ignorancia de las bóvedas.
Me invade el eucaluptus y su largo firmamento.
Dudo de este mundo de exterminios y ciegos armisticios.
Dudo del discurso y su sintaxis de saliva, del día en que no amanecen muertos,
de las conversaciones al oído de los estadistas de turno, de lo áspero
que resulta la resignación, del agua ni siquiera imaginada en los ojos.
(No sé si podamos vivir sólo de palabras bonitas, de palabras no desérticas;
de la brisa instintiva del zumo, de los muchos calendarios de escapularios,
de la valla publicitaria del horizonte con el nuevo hombre.
En la hora del fuego, el espejo líquido, absorto sobre todo lo humano.
Crecen los clowns como moscas en el divertimiento del mundo.)
¿A quién le creo, —dime— en este fuego de cansados naufragios? ¿A quién?
¿A quién le creo, si la luz es muerte, si la premura es cueva y hondonada?
Es extraña la siesta de la herrumbre y sus manos hacendosas.
—Vos, cuando huís, sabés de estos acordes que titilan en la geometría
de los ijares, en el contracielo de la gravedad de la esperma. Ahí, la duda
y su desenfreno, el comercio, las ventas de armas y  y los prostíbulos…
Barataria, 21.VII.2015