lunes, 14 de marzo de 2016

PÁJAROS DE CENIZA

Imagen cogida de thesecreetpathofthesparrow.blogspot.com





PÁJAROS DE CENIZA




¿Tiene la rosa de luz el frenesí desnudo de la ceniza, la forma impúdica
de los relojes, o  es únicamente la mueca del ala amarilla de los columpios?
En torno a la danza de los semáforos la memoria de los pájaros de ceniza,
alrededor de los güishtes del miedo en la garganta.
—Vos, siempre en medio de esos enjambres  de cielo falso, desbordando
los ojos ante el zapateo en las aceras.
¿Quién más sabe de las luciérnagas drogadas de las ventanas? ¿Quién más a estas 
manos que devoran calendarios de madera y hacen tajuillas en la arcilla?
¿Quién mordió los abanicos de salmuera en un plato con lombrices?
Uno se acostumbra a morder los residuos de las brasas.
Uno se estremece cuando cuelgan de los párpados las enredaderas.
Delante de la saliva seca las tantas regresiones de los cascos, la franela
de la luna a punto de romperse, las flechas del polvo como el mapamundi
que uno jamás desea: agonizan los merenderos públicos del horizonte,
y las ramitas de incienso de la ira.
Uno ya no sabe si para salvar la boca es necesario un bozal, o un esparadrapo.
¿Qué hay de cierto de los campanarios en perpetuo fermento? ¿Tiene sentido
aquel amor que se desnudó sobre la efusión de escamas de los minutos?
Amanecida la tierra,  la porfía y la escarcha, los cementerios de lo recóndito.
En el mundo de la ceniza, sin duda hay una rosa de epístolas a la altura del libro 
de los imaginarios: en el lóbulo de la sed, las noticias de los periódicos asesinando 
a mansalva como los alfileres de humo en las pupilas…
Barataria, 21.II.2016