miércoles, 23 de marzo de 2016

INVENTARIO DE IRREALIDADES

Imagen cogida de la red





INVENTARIO DE IRREALIDADES




En las habitaciones de los burdeles, los lavatorios oscuros del oráculo.
La soledad de los andenes desploma todos los inventarios de las heridas
del país, toda la locura que se arrastra a borbotones.
El país es inenarrable, tampoco llega a la categoría de póstumo: envejeció
luego en las proclamas del aullido, crece en las paradojas de los termómetros.
(No existe duda alguna de esto. Vivimos una farsa continua de gestos
y coronas, de fiebres como lava esparcida: jamás hay excepciones
en el sobresalto. La sombra aúlla semejante al abrazo.)
En todas direcciones el sarampión repite sus poderíos inútiles.
No solo es la irrealidad consagrada de las estaciones, sino este infatigable tiempo 
de muertos, el que nos sale al encuentro y nos degüella.
Uno bebe sólo esperanzas en este guacal de cuchillos y versiones acumuladas 
del tizne: entre las antorchas quemadas de la lengua, los testaferros y sus lentes 
oscuros y las rodillas gastadas y los ojos magullados de la masturbación.
Llegamos a la humedad abyecta del sollozo, allí la risa arrancada a la sangre,
las calles incomprensibles sobre mis ingles, la locura extrema de los falsos contrarios, colgando de algún mecate de saliva.
Aquél únicamente devora bichos raros en su delirium tremens, o (síndrome confusional agudo); mi mente prefiere el suicidio a tanto insulto, a tantos cadáveres y pelos 
en la comida: hay que ser imbécil para pretender tapar el sol
con un dedo. Toda esta seudo caridad es una tortura.
Mañana siempre estaremos deshabitados alrededor del terror.
Barataria, .2016