jueves, 3 de julio de 2014

TIEMPO

Imagen cogida de la red




TIEMPO




Todos somos culpables de la ebriedad suicida del tiempo. La banca vacía
del absoluto como una tumba, los nudos derramados sobre la madera.
Todos los días de la sed han muerto en el cuerpo: los nombres, las palabras,
el lenguaje, los anillos irreparables del aliento.
¿En qué vigilia sangra el infierno? ¿En qué lápida quedaron escritos
los ardimientos, la cosecha que creció como un ídolo?
(Todo es sórdido en la hojarasca desparramada de las tardes indecisas.)
Ya el horizonte es memoria y fatiga el umbral que se abre frente a los vidrios
del futuro: ahora se precipitan los inviernos y atraviesan la piel gastada
de las sombras, —entonces, sólo entonces, me doy cuenta que el tiempo
es distancia: cava en los ojos el martillo del calendario.
Barataria, 27.VI.2014