martes, 15 de febrero de 2011

SOMBRA ÚNICA [el alma mía consumada en el espejo]


Me atas junto al galope de los días inciertos, al gozne de los cascos
que patinan en el alma: voz de mi boca salida del gris de las palabras,
alfileres quemados en el pico de los buitres,
sollozos a quemarropa en el tórax de los peces, ojales del estruendo
sobre la esquina confusa de los perros,
Imagen: pruébameblogger


SOMBRA ÚNICA
[el alma mía consumada en el espejo]





…se diría que entre nosotros hubiese un muro de sueños.
BADR SHAKIR AL SAYYAB




Me atas junto al galope de los días inciertos, al gozne de los cascos
que patinan en el alma: voz de mi boca salida del gris de las palabras,
alfileres quemados en el pico de los buitres,
sollozos a quemarropa en el tórax de los peces, ojales del estruendo
sobre la esquina confusa de los perros, —carne torpe la mía
en el pozo siempre vacío del Erario Nacional: aquí los estériles
ahorros de las divisas, los falsos trucos de los embudos,
las noches nocturnas con diversos aperitivos y muchachas del sex life,
acompañantes del Presupuesto Nacional de la Nación,
cadilac con el sudor ajeno,
y horribles peinados al estilo punk. (También las manías tienen
mucho de esto: el patio de las sectas, el túnel con candado donde
el cielo es horrible y, apenas, se ven las torpezas, los harapos
que oculta el alma en su vida ostentosa de bisuterías.)
Es fácil, ahora, derramar litros de apariencia, pequeños pájaros
de magia y vanidades acres en los memorándums;
es fácil invocar la sortija de las escaleras, y morder el dedo gordo
a Alicia, en el País de las maravillas,
es fácil fumar un escalpelo para que relumbre en los dientes,
es fácil usar un traje nuevo sin pedir asilo al cielo,
sin caer en la esquizofrenia de los girasoles, en la flor de las once,
en los claveles post morten de las sombras.
Hemos perdido en el estiércol lo que ganamos en el césped.
La luz se ha vuelto miserable en el desteje de las sombras: (vos lo sabés
según las estadísticas oficiales de los lorocos, el chipilín,
la cuajada, las pupusas escupidas con achiote, los elotes locos
de la milpa enriquecidos con esteroides.)
Nos hundimos en la misma sombra del catecismo: solo que,
el catecismo de hoy en día arrasa también con los cadáveres,
nos derrama nombres impostados, —bebe begonias de su propio
exterminio, aplasta las cucharas hasta deshacerlas en la boca.
—Pero vos y yo, nos consolamos, en ese lugar donde nadie duerme:
vivimos el propio sueño en el Libro de la selva, esto es más real
que todas las pastillas obsesivas que nos brinda la impudicia.
Somos más reales cuando nos alejamos de la transparencia,
menos vulnerables en la sombra, más anónimos en lo inefable,
ciertos en el escondrijo del sueño, debajo de la sábana donde
tus muslos reposan como gaviotas,
y las manos arriesgan su inocencia de niño.
Y los absurdos dejan de ser cuadernos, para nosotros que olvidamos
La paranoia en la sal del caos…

Barataria, 10.II.2011

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