lunes, 8 de septiembre de 2014

TESTIMONIO DE LA NOSTALGIA

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TESTIMONIO DE LA NOSTALGIA




Después de haber colmado los días, ¿qué futuro tendrán los callos
en los calcañales, en la sed que alarga su historia de vértigo?
En el recuerdo no hay matronas que asistan la melancolía, ni piochas
para desenterrar los jadeos.
Llovió. Ha llovido. Llueve.  Lloverá, sin embargo, en este lento cansancio.
(A veces soy árbol olvidado en el bosque de los sueños.)
Duele ser el insecto sobre la piedra. Duelen las golondrinas sin brazos.
Duele el santuario de la jaula sin hisopos.
Me dolés en la afirmación de la salmuera, en el tropezón de la vigilia.
(Ahora nos embriaga el destiempo, esa especie de cuervo de sed, la edad
que nos golpea con sus largos puñales, el ideograma de la herida y sus grietas.)
A veces solo pienso en la libertad de mi desnudez.
Aquí, sobre la espina de la noche, el tacto atroz del sonambulismo.
Barataria, 08.IX.2014

sábado, 6 de septiembre de 2014

BOSQUE ADENTRO

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BOSQUE ADENTRO




En la antigüedad de la inocencia, el bosque adentro de la memoria.
Ahora tengo las certidumbres que antes no tuve: hablo de la medianoche
y su tableteo; hablo de la voz despierta tiritando en el frío.
Hablo de las centellas y la ciudad que escapa de mis ojos como un cuerpo
en fuga, como vos, cansada de un tiempo de ficciones.
Hablo de los lázaros estériles que andan en puntillas y en sigilo…
Todo es terrible en el paraíso terrenal del vinagre: los cansancios suelen
ser ávidos depredadores, o páramos o verdugos.
Cuando todo esto acabe y se anule el dictamen de los cadáveres,
tendremos bosque adentro,  toda la patria infinita en el entrecejo.
(Mejor que el paraíso, tu cuerpo hirviendo en mi aliento.)
Tras la rama alta del búho, siempre sabré del fervor del espejismo.
Barataria, 05.IX.2014

viernes, 5 de septiembre de 2014

PAISAJE CONTINUO

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PAISAJE CONTINUO




Es la misma esquina sin testamentos, la vaca de la penumbra sobre el eclipse;
veo la continuidad inmoral que dobla las rodillas, las hamacas flotantes
de los párpados a través de la única rendija de la ventana:
vos, proverbial, en algún paisaje mágico  a la orilla del rosal boca arriba
de los puertos, o en el único lugar posible:
mi caverna cuyas paredes saqué del desuso. (En mis ojos, todavía la avidez
del Stanislaus National Forest y su vendimia para la perennidad.)
—Luego sobre las palabras, la flama verde arqueada en los pensamientos.
Maduran los ciervos en el horario de mis poros.
Cada palabra en el rostro hace el recuento de muchos nombres:
todo nos desnuda y así, innumerables, nos recobramos sanos de pájaros
y de asfixia. Dejamos fuera de nuestros brazos, la melancolía y el abandono.
(La ternura es como el olor a albahaca en la infinita piedad del cierzo.)
Barataria, 05.IX.2014

miércoles, 3 de septiembre de 2014

SÚBITA EPÍSTOLA

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SÚBITA EPÍSTOLA




No embalsama la tormenta fecunda de conjuros. (La melancolía siempre
resulta una suerte de dardo, vasta huella con formas insondables.)
Hoy los días nos hablan de dispersas mesas e invisibles lenguajes: nos pasan
la factura de la noche, la lluvia y los relámpagos, las sombras incendian
nuestra anemia, allá en esos ecos de perros entre ramas y muñones,
sobre el enorme musgo que acumulan los tejados.
—Sobre el poniente, anochecen todas las direcciones. Hay cementerios
redondos y legión de funerales que arriendan la conciencia.
Sí, entre tu sombra y la mía, mitades de puertas y ventanas y dedos que señalan
el futuro y pozos con sonidos secos.
Sueño todavía en las palabras y en la almohada de millones de esquinas.
Sueño en el deshielo de la saliva, sin el altar de la retórica.
Sueño, mientras sacudo el polvo de mis sienes, en un solo aleteo (después
de todo, jamás sabré en qué espacio estamos y con qué zapatos caminan nuestros pies.)
Lo mío es mera especulación…
Barataria, 02.IX.2014

lunes, 1 de septiembre de 2014

PARAÍSOS

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PARAÍSOS




La única existencia posible es soñar con el Paraíso.  Ante el medioluto cotidiano
de las semillas, el suicido como el grito amarillo del jengibre.
(Siempre llueve en la turbulencia del vómito. ¿Hay que aprender de memoria
la paciencia? ¿Respiramos en la ganancia de las idolatrías? Dentro de la grúa
de los tropezones, la sospecha de la complicidad, la sal centrífuga
de los vástagos, el suspiro en el grito de jeringas, la otra mejilla sin pañuelo.)
—En el callejón de estos minutos edificados es obvia la extravagancia
de la maledicencia; zumba la liebre de los abanicos, el absoluto nos señala
con su dedo índice la armazón fúnebre de las noticias.
—Por cierto, nada tenemos. Si acaso el desdén mojándonos los calcañales.
Después los impasibles juramentos en el lecho de muerte.
Después la sombra ecuménica de la almohada y las cucharas.
Después los cargos de conciencia a contratiempo, lo innombrable que resulta
el espejo a la hora de la muerte.
¿Es imposible la vida cuando husmea el estrago de los sueños? (Haré la siesta
cínicamente, por si acaso, abusando de lo dispuesto por el cielo.)
Barataria, 31.VIII.2014