DÍAS
ENTRE PINOS Y LADERAS
Aquí
el latido de los días entre pinos y laderas, el oído sobre la piedra para
escuchar su crepitación. La ciudad y las culpas, distantes, esa otra historia
que no se desea contar. Duelen, sin embargo, soledad y monotonía: el zinc del
bostezo apremia junto al gris de la ternura. Nunca falta el cierzo para
embriagar mis ojos, la epidermis de las semanas y el mundo ciego que estalla en
mi tacto. Supongo que un día se agotarán las sombras, pero no las vigas para
sostener los días felices, no el manantial que me da la embriaguez, no el
colibrí verde de tus pezones que me sobrevive en el paladar. (Mi alma yace
en tus ojos; muérdeme como una noche estrellada, pon tu vientre en mi tórax,
aletea como un pez alrededor de mi boca).
Del libro:
«Penumbra de la llama»,
©André Cruchaga
Imagen tomada de
Pinterest,
Barataria.

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