lunes, 8 de abril de 2024

DESNUDEZ DEL HOMBRE CENTINELA

 

©Pintura -Oswaldo Guayasamín


DESNUDEZ DEL HOMBRE CENTINELA

 

Escrito está en el poema, el infinito de los poros, el universo corporal

de las palabras: allá donde amanece el mar con sus fuegos líquidos.

(En medio de los días derramados, las ínsulas disueltas del vigía

en la habitación del vacío.)

Quizás los vértigos en exceso de alfabeto, quizás la piedra fría

de la muerte abrazando anticipadamente, los últimos trapos rotos

que el lenguaje muerde en su exorcismo.

—Por si acaso, me quedo ciego frente al conocimiento de los pinos.

Ciego de divagar en pastizales húmedos, erizo de rimas inútiles,

Al borde de la cerradura el hombre, los cronómetros de ceniza,

el deletreo de la mirada hacia esquinas de crines donde se enreda

el absoluto, el violín del ciego talado de su esperanza, un día

y otro día, la desnudez que arde de olvidos.

Un día y otro día mirar pájaros en verjas con candados oxidados,

un día y otro día el hombre ahí, centinela de sus propios demonios,

marcado por un tiempo que le gime en los hombros,

devorado por el alambre de sus propias ansias.

Un día y otro día bodega de horror penitente el hombre se entrega

a su propia herida y muere como rata sobre las aceras.

 

Del libro: «Final de espantapájaros», 2013

©Pintura -Oswaldo Guayasamín

©André Cruchaga


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