lunes, 13 de junio de 2016

TRASUNTO DEL FRÍO

Imagen cogida de albada2.com





TRASUNTO DEL FRÍO




Pálida la embriaguez de aquellos brazos oscuros de la intemperie, frío el cálido césped de lo inexorable, mórbido el riel roto de los trenes en plena marcha.
Debajo de la tormenta las axilas escapadas de las aguas.
En toda la redondez de los cansancios brama el feroz ojo de la oscuridad.
Uno acaba siendo la rama desgreñada del viento, o la orilla del jadeo, siempre
el jirón del sesgo, o la esquirla hacia el ojo de la herrumbre.
A veces sólo se es dueño del sustantivo que lo nombra a uno, de las caídas
y de los bocetos de la muerte, de las asfixias que ahogan los dientes, 
de los truenos del moho que la soledad cárdena guarda en el pecho.
No es posible fiarse del destello de los acasos, sin inquirir en la boca que abre
sus aperos: uno vive o se disuelve en la claridad o la sombra.
Uno, por cierto, es humano aguacero hecho de tiempo y viento y de carpas
y de silencios. Aquí o allá la flecha del reloj nos abrasa con potente rabia,
hasta hacernos sangrar de noches y olvidos.
Uno es dócil a la palabra que asoma su alma y la revela en la conciencia.
En el trasunto del frío, ─supongo─, también existen abismos de anticipadas
sombras, ─hoy lo advierto cuando los zapatos miran con cautela
todas las noches amarradas al aliento.
(El pabilo en las sienes une la luz mientras asciendo al delirio que me crea.
Quizá todo sea fúnebre, el río de lava blanca, la súbita flor que me embriaga,
desde la infancia ya ida, hasta la ciega materia de la flama.
Quizá solo al final podamos gozar la libertad aun entre legiones de miedos.)
Barataria, 30.IV.2016