viernes, 10 de junio de 2016

TIERRA

Imagen cogida de caelestiis.wordpress.com





TIERRA




Ahogada en mi geografía, el pan nocturno de la carne y su rigor de sombra.
Incesantes los dientes de las palabras y su sola señal de fríos habitados.
Cabalgan, abruptos, los hombros de la noche hasta estallar en miradas muertas 
y silencios infinitos y  lenguajes inmóviles.
(Uno presiente la tormenta, fiera y desencadenada, interior, ansiada de islas y edades postreras. Los buitres amurallan esta condición de inclemencia.
Los ojos escapan absolutos con todas las dudas que me deja el pájaro en vuelo.
La sed en mi boca seca, las puertas en la claridad de lo inhóspito.
Por si acaso, me sublevo como lo hacen los guijarros debajo de los durmientes.
Hay que estar muerto para soportar la vida: la luz es fiera en el dictado
de la página, fiera y necesaria como la vida.
Desde mi infancia cualquier combate fue lícito: solo así tienen sentido
las proclamas y las diversas resurrecciones, la claridad incorporada al cuerpo.
Pero la tierra absoluta de lo profundo, reunida en definitiva en mis manos.
Y sin embargo, tengo alas eternamente perecederas.
En el orden del mundo, roídos féretros y ciegos lodazales en los ojos.
Uno se queda ligado a ciertas historias como fiel degolladura.
Mientras la boca mastica imposibles, el rostro refleja el puño de golpes que recibe, 
desde el silencio tirado a la calle.) Es la tierra, me digo. La cavidad húmeda.
Avanzo firme para cumplir el mandato del bajomundo, dudar de las pocas monedas 
en mi bolsillo, horadar el ansia del harapo hasta alcanzar el gesto
de la arcilla en esta tierra desmenuzada en gritos.
Barataria, 27.IV.2016