lunes, 10 de agosto de 2015

PUERTA INVERTIDA

imagen cogida de la red




PUERTA INVERTIDA




En el catálogo de la abstracción, ninguna puerta se abre como es costumbre.
Sobre el pasto de las ojeras, el ojo hipoteca el revés de los sótanos.
En el ambiente inefable de las alas, las hélices de los brazos equilibran el peso.
De tanto columpio de remordimientos, el infinito o algo así en la garganta.
(Nunca he entendido las reglas de las letras de cambio, ni sus instantes
de absoluto, ni su próxima exhumación.
Desconozco los juegos superiores del zodíaco y el delirium de un puntapié.
En la atalaya de alguna piyama de sal, las fotografías de siempre colgadas
del espejo. Los jardines con moscas insolentes.)
En vano se desangran las tapicerías en el entresueño, ¿acaso las mochetas
son necesarias para sostener el dintel del jiote de las semanas?
Cantan al trasluz sobre el jarro de la concavidad, las colillas de la autosugestión.
En el umbral herético de los cadáveres, todo lo abominable del umbral.
Ninguna excentricidad es mayor a la fábula del poema.
En el puchito de saliva tortura ciegamente el futuro, la esperanza a priori
del mordisco y la adulación con su senilidad perversa, y los ecos innombrados
del balanceo del fuego en la esquina de las pepitorias.
Ante la puerta invertida del aliento, la tierra rema sin zapatos: en lo alto
de las pupilas, la siempre historia ahumada de la patria, los búhos suicidas
de ceniza, o el pájaro desinflado de los sombreros de yute.
No hay más que decir después de ver al otro lado del espejo las hipotecas.
Barataria, 03.VIII.2015