martes, 4 de agosto de 2015

EXASPERACIÓN

Imagen cogida de antologiasvarias.blogspot.com




EXASPERACIÓN




Muerdes el frío gangoso de los insectos, el frío que babea en la mugre.
Perece que las alcantarillas de pronto se han convertido en el paraíso del deseo.
Uno nunca sabe dónde terminan los juegos de la noche, los infiernos del día,
los sueños en cuclillas de la ceniza y los osarios.
La ira no cabe en las pepitorias de la inocencia, ni en la estridencia del alcanfor.
En la mosca oscura del enfado, el mundo gira como una pesadilla al trasluz
de cierto río de tristeza; lenta esta orilla del sollozo y su miope telaraña de sal.
A veces todo se desmiembra en la piel (no es cuestión de borrón y cuenta nueva); 
es claro que el tiempo se nos tornó herradura, y no lavandería;
Quizá la realidad tenga otra bifocalidad para leer plácidamente los periódicos.
Uno acaba pensando en una eternidad inexistente.
Para la alegría o la tristeza, o el odio, no hay alternabilidad, salvo
en las facciones cromáticas del poder: ocurre que siempre es así, más allá
de la noche y sus cuarenta sombras. Más allá de las torpezas inesperadas.
El umbral es un buen sitio para que todos los transeúntes se tiren al vacío.
En el fuego virgen de las escaleras, se derrite la sombra de las pupilas
y estas manos torpes, nada inmaculadas.
La avidez del horizonte es mi peor enemigo: muerde las palabras hasta destrozar el vigor de la tinta: abre mis heridas hasta el punto de las funerarias.
(Si algo me exaspera es el frío en la cima del azúcar de tus pezones; y el silabeo
para morder la lluvia del animal que soy: la sintaxis nace en esos lugares
de permanente suicidio. Nace, también, la metamorfosis.)
Barataria, 28.VII.2015