miércoles, 12 de agosto de 2015

ESTE AHÍ DE LA PALABRA

Imagen cogida de la red




ESTE AHÍ DE LA PALABRA




Siempre ese sollozo al pie de la palabra, como la niebla que oculta la luz
de los parques, o separa los moscardones quemados del aliento o de los ijares.
Mientras el páramo abre su ojo de cíclope, el zigzag ávido de las vocales.
Crujen los sueños en el lomo de lo torvo: cada quien hilvana sus propias
obsesiones, los delirios a veces irreparables como la rosa marchita
en el peñasco donde sestea la muerte.
—Sí, vos siempre indiferente. El ijillo horada olfato y garganta.
Acechando no sé qué brasas de libélulas, trenes que partieron con antorchas
de tristeza, sin más días que el infinito de la noche.
¿Es oscuro o postrero el granizo de la noche, los escombros que todavía quedan
de aquel extravío, curvado en el clamor sordo de los costados?
Existen instantes como jaulas que muerden la ternura.
En alguna tempestad de bocas vacilantes, todo el desparpajo ensombrecido
de la hondonada o los huecos o el vacío.
Uno nunca sabe si en el olfato de las palabras, el viento aúlla junto a oscuros
cadáveres, los mismos, acaso, húmedos de salmuera y tiempo.
Ladran los sepias junto a los gusanos del alfabeto como bestias de ciego
ardimiento: detrás de los pájaros, las talabarterías marchitas de nubes.
(Ya no sé quién sube a mis pesadillas, ni entra al cónclave de la orina, al sabor
que tienen las dudas o los insultos, a la uña de luz de los callejones.
No lo sé porque en la oscuridad las palabras se me hacen multitud)…
Barataria, 05.VIII.2015