lunes, 7 de junio de 2010

LUZ EN LA SOMBRA DE LAS HOJAS

Sobre la hoja, la luz de la sombra, el césped líquido de los pétalos,
El brío apretado de los ojos, el rostro rasgado por el pájaro
Del tiempo que cubre con su sangre honda los sudarios.
El árbol de la luz suena como un acantilado, —túnel de peces
Frenéticos sobre la canoa poniente de los muelles.
Pintura del maestro Francis Picabia








LUZ EN LA SOMBRA DE LAS HOJAS








…mi ser esencial juega
con los aires de un tiempo imposible.
MARY LOW








Sobre la hoja, la luz de la sombra, el césped líquido de los pétalos,
El brío apretado de los ojos, el rostro rasgado por el pájaro
Del tiempo que cubre con su sangre honda los sudarios.
El árbol de la luz suena como un acantilado, —túnel de peces
Frenéticos sobre la canoa poniente de los muelles.
La sombra del lecho, honda, junto al pie de los recuerdos.
Entre tanta arena movediza, la sed acrecienta la duda de la tierra,
Ese otro mundo arcaico de la noche con sus labios esparcidos de relojes.
Es así el mundo que supura en la llaga.
La coz lagrimal de la pupila.
El relámpago espigado sobre la piedra. El sonido frío en los oídos.
Llevo sordo el paladar de mi boca hacia el agua cerrada en la palma
De las manos, hacia el cartón entumecido de las calles,
Boca donde llueve la crin de la tormenta y la luna artificial de la espuma.
Veo venir caballos enfebrecidos.
Ando la noche en el espejo del ala. En el ardor ávido del hermetismo.
La sombra me acerca a la luz de la oscuridad.
Las sienes arden en el caracol de las hojas cuando caen sobre la rama
De los poros, copas en las hormigas del cuerpo. Palabras sin vientre
Que la lágrima hace rodar en el pecho.
La luz guarda las letras redondas de la memoria. Las guarda
En la respiración del ropero, en la alacena de las ventanas, en la almohada
Del mar que conforta mis hombros.
—¿Quién vendrá después sumando noches a los sombreros, negros toros
Al filo del viento, bultos donde cae el aliento, el andrajo lineal
De las botellas. —Lágrima sin fin del pájaro oscuro rondando la sed
De los paraguas?
De pronto los sueños son como un mecate de grillos y la luz una campana
De melancolías donde la dulzura ha desvanecido sus colores.
Cuando el día calla, la noche se pone sus guantes. Hundo mis dedos
En las sombrillas del humo, en todos los respiraderos de la cruz. Aquí
Mismo donde la yema de los dedos se abre
Y la humedad rompe el abanico de la desnudez. Aquí donde el grito
Espina la boca y el pecho curva los barcos.
Al pie de mi propia sombra, el bostezo gris de los atrios, la hora
De los ojos en el musgo, la lluvia recién suelta de las mortajas.
—Candelabros de dudoso deletreo lamen la acera donde la noche aprieta
El fósforo de las luciérnagas. Sombras siguen hoy, mañana, con avidez
Resuelta, los zapatos de este largo viaje.
Barataria, 29.V.2010

2 comentarios:

Perfecto dijo...

En verdad, cada vez que leo un poema tuyo, es como desayunar una variada panera llena de variadas confituras. Se mezclan toda variedad de frutas, de colores, de sabores. Y al final queda uno extasiado ante el resultado de una paleta que ha ido escogiendo los colores para enseñarnos un mundo tan cambiante y tan sutil, donde solo unos ojos expertos pueden atesorar todos sus matices.
Encantado con este poema, te dejo este comentario.

Un abrazo.

André Cruchaga dijo...

Gracias amigo poeta PERFECTO, por tu generosa impresión. Y tienes razón: hay en el poema todos esos matices redescubiertos y reescritos desde el camino de los ríos ineriores. Porque qué del poeta que no hace poesía de ese trajinar por la luz y la sombra.

Un abrazo, amigo,

André Cruchaga