domingo, 14 de febrero de 2010

TODOS LOS MIEDOS

Vivimos días llenos de voces inciertas. Ceniceros cansados
De colillas, arañas de primitivas paredes.
En todos los lugares de mi país amanecen noches tortuosas.
Ilustración: Marc Chagall







TODOS LOS MIEDOS







…no puedo escribir tu nombre sin morirme.
Aunque aprendí de niño,
no me salen derechos los renglones;
a cada sílaba tropiezo con cadáveres,…
MANUEL SCORZA







Vivimos días llenos de voces inciertas. Ceniceros cansados
De colillas, arañas de primitivas paredes.
En todos los lugares de mi país amanecen noches tortuosas.
Turbias serpientes del crimen se gozan en el crimen;
Nos quedamos sin ojos en el caballito de madera del arcano,
—mordemos a cada rato el cielo falso de la nostalgia;
Todos los miedos convergen en el suelo, en la sombra del tatuaje
Y el atraco. En la sonrisa apenas cultivada.
Venimos de un dolor y vamos a otro. Todos los miedos
Y todos los dolores juntos: —la textura quemada de las horas,
Las páginas callejeras del horizonte, el aire roto de los gestos,
La mortaja que sustituye las cortinas,
La puerta vulnerada por el hábito de la ráfaga. Somos ese juego
Inútil de la costumbre. El minuto de cantaros quebrados.
La arena o el humo punzante de los espejos quebrados.
La suciedad en las manos se ha vuelto un escaparate necesario:
—¿Quién es cómplice de esta erosión del pulso?
¿Quién consume el pulso de las conciencias atribuladas?
¿Quién duerme en los párpados caídos del adobe, en el caos duro
De la obsesión recurrente, en los garabatos de las alambradas?
—[Amanecemos en los extraños amarillos del eco, en las hamacas
Del trance, en los grilletes de los lavatorios,
Sin un futuro donde podamos aliviar el abandono.
A ratos debiéramos pensar en la intimidad en horas diurnas,
En las tardes, cuando todavía no son necesarias las sábanas,
En las noches hay murciélagos de animados cuchillos. Existe toda
Una fauna depredadora, filas de zancudos aglomerados en el dintel.
La ternura no es necesaria en esta sequedad;
Sólo necesitamos un pedazo de dril para consumar la ceremonia.
Lo demás, sabemos ya que es incierto. Por ejemplo, los chiribiscos
Frenéticos de la pestilencia, las obleas de sal en el rostro.
Debajo de las sábanas tratamos de disimular todo este mal… ]
El miedo se ha vuelto un nudo en la sangre. Las agudas rodillas
De los fósforos de pronto como un toldo barato.
En los cuentos de hadas quedó toda felicidad posible.
Sustituimos el rocío de la trementina por las sortijas del hollín.
Así caminamos a merced del agua llovida de los tragantes.
Además de tener las piedras rotas de las enredaderas.
La solemnidad sorda de la vigilia. El zumbido cercenado de las hojas.
Los pedazos de río sin dulzainas. Los pétalos como reses moribundas.
—Y no es que exagere este crujido del miedo. No es que exagere
Esta huella de confusión, es que ya son muchas las noches
Con puñales, el comedor inactivo, los zapatos con suciedades
Estáticas, la escarcha aullando en el quicio de la puerta.
—Quizá con todo esto, no lleguemos a bisabuelos de la lluvia.
Quizá sólo seamos indiferencia del minuto en el actual concierto
De inodoros. [Quizá nada sea igual ya, a tu piel de rocío, a la vainilla
De tus pezones]. A las verjas donde se abren álbumes de mariposas,
Pero debemos seguir, pese al tatuado desvelo en la piel del tiempo.
Barataria, 11.II.2010

2 comentarios:

Perfecto dijo...

Tremendo panorama nos pintas. Un poema desgarrado, en que al final se asoma la determinación de la continuidad pese a todo.

Un abrazo.

André Cruchaga dijo...

Gracias, amigo y poeta Perfecto:
El poema nunca es inofensivo a la realidad y ésta, siendo lo que es, desata todos los temores, los miedos.

Me alegra tu visita por estos parajes a menudo de incierto galope.

André Cruchaga