jueves, 5 de febrero de 2015

EN LA CALLE

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EN LA CALLE




Avanzan en la calle las aguas de la noche: transcurren, allí,  los panfletos
en medio de  la multitud. Cada baldosa es salpicada por frenéticos gritos.
Hacia la vena abierta, el poder de los puñales.
(Cada sombra reclama sus nostalgias, los hilos descoloridos de los nudos,
o las monedas del poder con su garganta de barbasco. Más de una calle
nos muerde con su rabia de tormenta, más de una piedra duele en el rostro.)
Nunca hay límites para el pavor que produce el río de los muertos.
Como un hueso colgado de la voz,
estos candiles que mueren al pie de las estatuas: este tiempo escarba desde
los dientes, desde las palabras que abren espejos.
Ya en todo el aliento, la sal gastada de las ojeras y el feroz rincón del futuro.
Las paredes abren extrañas tormentas de tinta: crece el sonido de la barbarie
y todas las llagas al punto de la fiebre.
Salvo un golpe de suerte, el asfalto nos torna miserables.
¿Quiénes usufructúan esta maldición? —(No vos y yo), carentes de lanzallamas 
y conspiraciones. Mientras, sigamos jugando a la Esperanza.
Yo me resisto a ser solo mueca de aullido en este mundo de noches prolongadas
Barataria, 16.I.2015

martes, 3 de febrero de 2015

PRÓLOGO AL TREN QUE ZARPA

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PRÓLOGO AL TREN QUE ZARPA




Durante el frío, las fisuras de la intemperie y los tantos durmientes como médanos del sueño. A cierta edad, se pierde la fosforescencia de los jardines: evocamos el candil de los recuerdos para darle sentido a la ternura. Junto al poyetón de los días ebrios, jamás cerró el ojo sus tentaciones; entre los episodios interiores de la infancia, el viento con su hostal de campánulas. Luego la sal desorbitada de las estaciones y el mundo a ratos desvanecido de las sábanas. En la ventana de la niñez, desnudos los colores y la luz, el tronco encendido del invierno y sus trenes de muchas estaciones. A ratos, todo vuelve  a ser y no ser: ¿Qué aromas del sueño nos dan su clamor? ¿Qué agolpamientos nos arrancan el alma? ¿Hacia qué rumbo me llevan tus alas, estos enfurecidos cadáveres de un tiempo proscrito? —He diluido tanto las horas que todo es cruento y resbaladizo: voy salpicado de mundos incesantes y a ratos me precipito en sus desconciertos.
Barataria, 14.I.2015

domingo, 1 de febrero de 2015

BRASA DEL INCENSARIO

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BRASA DEL INCENSARIO




En lo profundo del aliento, la brasa del incensario y su ofertorio metafísico.
Quemamos, allí, los enunciados de la esperanza, o el mapa del azogue.
Dilatado el eco del incienso, celebramos la ficción del calendario y cuanto hay
en el diluvio de los minutos: ¿Existen armisticios y máscaras para el hambre?
¿En qué memorándumes el humo nos sirve de camuflaje al igual que,  
las enclenques antinomias de los relojes?
—Es cierto. Habitamos rituales como en las viejas sábanas del trino. Habitamos
hervores que muerden nuestro propio boceto epopéyico.
Todo lo que nos habita son caminos de fotografías y destiempos. Es absurdo.
Y, sin embargo, no soslayamos esa colección de ventanas del pretérito;
bostezamos ante el cauterio del humillo con acopio inefable.
Urgimos de ese lenguaje sin yerros intempestivos, —vos, indemne, con ese ardor improbable de lo que se diluye.
—Yo, con los dedos en el fuego y los rasguños extendidos del ahora.
(Al final, una brasa en un pájaro en el suspiro. Un río, el humo gris del cielo.)
Barataria, 12.I.2015

viernes, 30 de enero de 2015

CUADERNO DE PIEDRA

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CUADERNO DE PIEDRA




En el cuaderno de la piedra, cava el ojo su corteza de búhos.
Goya en los toros salvajes de cazador diurno de raíces: sumidas, luz y frente
en la tierra rumorosa de las sombras.
En las regiones del entresueño, los dientes donde el cuervo ensucia las bóvedas
del día. Torpe el dolor desnudo que invade cuanto de blanco tiene la desnudez
derramada en el zumo del aliento. Debajo de los pasos, quedan los espejos
y el ojo húmedo que convoca ríos.
(Si algo es firme, la movilidad del calendario y su historia de reemplazos. Se vive
a la luz transitoria de las palabras, pero no hay garantías de infinito. Quien vive 
en la roca, los ardores afilados del combate y los nombres insepultos.)
En cada hoja escribimos los proyectiles de los pájaros.
En cada alambre desparramado de la tinta, se abre el pez del aliento
y ese braceo silábico de la sed.
En cada puerta del grito o el silencio, tantos abismos como palabras: la dureza
no nos hace un cuadro sinóptico del mundo y sus parpadeos globales.
Barataria, 12.I.2015

miércoles, 28 de enero de 2015

INSTANTE PRIMERO

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INSTANTE PRIMERO




Nunca fue el mismo sueño drenado por el insomnio: todos los miedos
acumulados en la pira de los andenes, nunca la misma acústica del campanario,
siempre la huida desde aquellos nombres rotos, las alambradas perturbadoras
de la escoria, la inocencia en duelo de mortaja.
(No hay salmo que cure la sordera del odio, ni que de súbito germine el asombro, 
ni que el territorio descoagule tanto ojo ciego.)
En el instante primero de la semilla, también el sudor y la boca del desmayo,
los violentos platos de la noche,
en infierno de la soledad como la piedra de un grito.
Tal los dos espejos de la sed: el mundo, el destino y sus contrastes.
Las obscenas palabras del hambre,
el discurso sobre el Paraíso encrespado de niebla o vacío, los teoremas al vacío.
Hecho el frío, ya no hay memoria para transitar la lejanía, ni sacapuntas
para la lucidez, ni armarios, salvo las astillas de las paradojas.
—Nosotros somos la sombra del tiempo y todas sus reincidencias (o una telenovela donde solo actúan bufones o una trampa al derecho de existir.)
En la rama primera del aliento, ya la vicisitud de los tapiales, las paranoias
que siempre engendra el raciocinio…
Barataria, 11.I.2015