viernes, 13 de febrero de 2015

IMÁGENES ESCULPIDAS

Imagen cogida de la red




IMÁGENES ESCULPIDAS




En el ojo arrancado a la piedra, el árbol disecado de los ijares en medio
de una  luna de espejos memoriosos. En los muslos amarillos del reflejo,
esta suerte de lenguaje madurado; en lo baldío de la ventana, el motín de hojas
como cuerpos precipitados en la tinta.
En las inclemencias desangradas, la elegía levísima de tus pies.
(Ángeles y pájaros alumbran la sal redonda de las fotografías: siempre es extraña
 la boca del Paraíso y lo irrefutable del náufrago que se abre igual
que el junco de la tarde.)
Las imágenes esculpidas en la memoria son calles con forma de ausencia.
Nunca hay un nombre para los diversos fragmentos del pretérito.
El aire en el abismo del paladar subvierte la cal del calendario: la angustia
siempre tiene balcones de pésame; todo el telar de las catacumbas embiste
el subsuelo de la saliva. En mis alas, encallan sin más los pantanos.
Aspiro el edén del pubis en mi aliento. (Las manos siempre avanzan
en el despeñadero; en la yema de los dedos, el delirio de la ciudad y su historia.)
Ante el epitafio, el ombligo vaciado del jadeo.
Barataria, 25.I.2015

miércoles, 11 de febrero de 2015

MURMULLO DE LA MESA

Imagen cogida de la red




MURMULLO DE LA MESA




Sobre la mesa, la boca ciega del hambre. Y el callado mantel que no existe.
En la cuenca de los ojos, las semanas abolladas de golpes: cada plato es paisaje
de lejanías, hemisferio subterráneo en la garganta.
Frente a los papeles sucios de los periódicos, la presencia de huesos
y su eternidad, el ala rota y la entraña con fatiga. De la pared el collar de polvo
y escombros, los retretes inmaculados de la bruma.
Sólo así, son ciertos los caballos de la opacidad, el zopilote de la sombra.
Anochecen los nombres en el taburete de la penumbra: en el umbral, el ojo
del agobio de las persianas,
la voz petrificada en el surco del hollín o el tizne.
Escucho el desatino de las monedas sobre la joroba cercana de un antro.
Brama la lluvia del harapo en un mundo sordo y retórico.
Vestidos de cansancio, rasgamos las paredes de lo burdo (siempre está más cerca 
la podredumbre a los brazos. Cada día fertilizamos defunciones.)
¿Bajo qué luz restallaremos la alegría? El ijillo da sus aletazos…
Barataria, 24.I.2015

lunes, 9 de febrero de 2015

BOSTEZO DE LA NOCHE

Imagen cogida del FB de Pere Bessó




BOSTEZO DE LA NOCHE




Pienso en el capullo de la intimidad, en esa otra cara sepulcral del buen samaritano. 
Uno nunca termina de morir en el suelo de esta patria imposible.
(El problema es la artritis con esa dosis de eternidad.)
Después de la apoplejía de los jardines, solo nos han quedado los chiriviscos
del sueño, ese otro zodíaco de smog.
Las telarañas tienden a reencarnar el alfabeto: siempre hay discípulos
para este pulso ciego. Siempre hay quien vacíe catacumbas y se muerda
las ingles de manera vergonzante. La eternidad es apenas bostezo de la noche,
de ahí la herrumbre en los sentidos.
En el árbol del alma, —me dices—, caben todos los escepticismos.
Entonces, —pienso—, habré de vivir perennemente el infierno y su fiebre
de tormenta apocalíptica.
Antes ciertas indolencias, el yagual retorcido de la saliva, el desmayo irreparable 
y el despojo, la zarza inmutable en las ventanas.
No son efímeras estas sombras que aletean en el aliento como aves agoreras.
De este tiempo, únicamente heredamos huesos y lápidas y salmuera.
Barataria, 22.I.2015

domingo, 8 de febrero de 2015

COFRE IMPOSIBLE

Imagen cogida de la red




COFRE IMPOSIBLE




El sueño muerde los frascos genitales de la mañana: es exhausto el cofre
imposible de estos días con su tráfico desahuciado.
Todas las agujas como un semáforo blanco de cadáveres. Los buzos ciegos
de los cangrejos del pensamiento.
Cada vez los largos focos seminales de las constelaciones, las prestidigitaciones
en la línea telefónica del sacacorchos. Cada quien lee entre líneas los trajes
de la música ahumada de las aceras, la brizna pútrida del ala.
En el múltiple pétalo de la rosa abierta, el vivero del aliento y sus discordias.
A menudo la noche es solo eso en los objetos del sueño.
Trota el caballo de los mástiles, el paraguas y sus pájaros negros,
la incertidumbre en los flecos de los párpados, el final al borde del césped.
En medio de los tantos agobios de la hoja, el ciprés abierto de la fosa.
Por si acaso, siempre dejo que las criptas goteen la colmena adentro
de los desasosiegos. (No siempre cuando amanece las antorchas del día
están encendidas. Ni la palabra acumulada es alimento.)
Ante los sedimentos del terror, los espejos íntimos de la salmuera.
Barataria, 19.I.2015

sábado, 7 de febrero de 2015

EPÍLOGO PARA UNA ESCENA CUALQUIERA

Imagen cogida de la red




EPÍLOGO PARA UNA ESCENA CUALQUIERA




En el agujero de la puerta, una carcajada de alfileres, cierra la puerta del sinfín.
Nunca supe si en los anillos del evangelio existe la misericordia, o al menos
el lenguaje de la duda, el gran boquete del verano que hacen las palabras,
las excusas ante la intimidad de los abismos.
De las premoniciones me queda la piel gastada del asfalto.
Cada barco encalla en las ruinas de la memoria como un estigma.
En la esquina del antro, el diálogo y su aire ahumado de cuerpos.
Desde la alcantarilla degluto los caballos de las sombras, —mi vuelo sublevado.
En los trenes pulverizados de la sal, el fatídico chorro de salmuera.
Ante los ojos arrastrados de los peces, el pantano y su siesta acuática.
Para huir de tantas bocas dentro de mi boca,
el crimen perfecto de la obscenidad y el sordo metal del aullido.
La única catarsis posible, es el final espeluznante de ciertas gargantas
en el apocalipsis del páramo. Toda edad tiene su inocencia y ambigüedades.
“Soy lo que digo”, —Heidegger
Barataria, 17.I.2015