viernes, 13 de junio de 2014

ROSTRO ÁVIDO

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ROSTRO ÁVIDO




Entre la celosía caliente de los párpados, el tiempo y sus aceras fervientes.
En el largometraje de la esperma, el deletreo de fondo de la sábana:
crece el cuerpo explorado, y el drenaje que depreda. (El mundo aquí,
es solo el ojo abierto de la carne, el espacio donde el mapa de la ternura
hace inexcusable la sedición del mar en su intensidad.)
No existe mayor resplandor que el aliento obstinado a los poros: todo es así.
El ojo incandescente entre tus muslos, todos los absurdos irreparables
en el pulso, toda la avidez y sus posibilidades…
Barataria, 06.VI.2014

miércoles, 11 de junio de 2014

NIDO

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NIDO




Sentía una ternura que me llevaba a acariciar todas las cosas: lomos de
libros, filos de navajas, hocicos de gato, rizos de pubis, prismas de hielo,
cucarachas mohosas, lenguas de perro y pieles de marta, gusaneras y bolas
de cristal.
Agustín Espinosa




Aquel pájaro sueña en sus ciegas claridades: roto el cordón umbilical es necesario recoger las colillas lentamente para no contaminar el orden de las cosas en el epicentro de la perversión las aldabas de la resurrección el torrente esdrújulo del lecho es casi imposible no pensar en la oscura claridad de los discursos depositarios de las fantasías del mundo me gana la impaciencia de la noche con esas paredes llenas de remordimientos ¿quién me ve desde aquí cuando las esquinas atraviesan el tránsito cuando los chiriviscos son la tentación de los minutos?  ¿cuánta ternura es necesaria para pensar sin rencores la historia? ¿cuándo las hamacas de las ramas dejarán de ser sombras del vaivén?  la noche está escrita en la lengua del alfabeto no siempre desde las alturas se divisa el río de la eternidad ni es posible masticar todo este universo cansado: cada vez nos destruimos  nos anegamos de una sed distante y sin reposo nos morimos sin despertar atónitos mordemos los bejucos del entresueño hasta arder en un idioma indescifrable escrúpulos o no me lleno de remordimientos cuando pienso en la mueca de los jardines esos lugares enrarecidos por el índigo tortuoso que atrapa los huesos de mi ciudadanía la niñez fue otra cosa —suspiro— hoy que veo el almanaque Bristol a colores y hay crayolas y diccionarios a full color (detrás del tiempo siempre hay manchas irreconocibles) ya lo diría Freud en el extravío de los sueños juego con júbilo a la fugacidad enciendo el follaje de Dios y grito por los cuatro costados mi demencia petrificada allí en el ojo de los jinetes apocalípticos a veces me da por coleccionar todas las sombras grises del cielo no el azul de lejanía transfigurado en océano no las hojas amarillas que bordean mi nido no las aceras profundas de superficialidad (en medio de la lluvia también el aliento toca su propia armónica) siempre la soledad apesta a desierto vos lo sabés porque apretás los acantilados con la punta de los pies no siempre las alas se agotan en el desvelo a veces el rincón de la ternura posee su particular rebeldía me extravío cada vez en el júbilo que me provoca la infancia instintivamente me vuelco a las alas ¿sirve de algo el tiempo que ya no existe? ¿hay manuales para permanecer en la inocencia? resplandece la marea del viento entre las ramas de las sienes —vos casi reclamada por el panal del rocío: es extraño e inenarrable la densidad del vacío la puerta de la sospecha de los zapatos la jaula y sus alambres oxidados  esa otra distancia extrañamente de la clarividencia puedo ver los muñones irascibles y apartar la palidez de las espinas puedo verte tardíamente con mi candil de luz avergonzada: uno de pronto se detiene en los insomnios a nombrar todos los nombres lentos oscuros que habitan la penumbra: la brasa del miedo y su petate ardiente la niebla y su peregrinar sin brazos ni manos todo el corazón espumea en el cántaro tatuado de la edad todo cae sobre la escalera en descenso del otoño ningún juego es tan letal como el fenecimiento de la sintaxis como el poema que nos muerde desde dentro el resto lo hace el escalofrío de la tierra y la sensación de sentirse náufrago atravesando el susurro de la sed y los espejos cuando el lado claro del calendario tenga sentido la náusea dejará de ser pared con vómito ahora sobre la saliva y las larvas los tentáculos de mis huesos y la lluvia demente de las sábanas mañana en el  camino otra vez los declives innumerables del miedo haciendo su trabajo de sarna mientras vos resollás en otro follaje donde no llegan los sellos postales ni esta vieja historia de brazos ateridos
Barataria, 03.VI.2014

martes, 10 de junio de 2014

LENGUAJE

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LENGUAJE




No tenemos miedo del más allá que se agita como un mudo el más
[allá que va a saltar sobre nuestra razón
y de ese frío lúcido que vela sobre la constelación de nuestras inquietudes
más absurdo que el muerto que han enterrado con la mitad de una
[carta en el cerebro
Vicente Huidobro




Ahogada en el grano de maíz la nostalgia y la intemperie el nicho de las lámparas el ojo de agua del pájaro en la inevitable caída de los coágulos: un día no seremos los perseguidos de siempre por el hambre ni por los slogans publicitarios de la muerte ni por la espuma desenterrada de los litorales (siempre estamos en la vecindad de la tristeza la noche es redonda como una moneda en desuso) es cierto cuando me decís que transitamos diariamente entre la oferta y la demanda los saldos en rojo salvo tu ombligo y poros de primavera salvo una apostilla debajo del paraguas salvo los gánsteres que depredan y no aúllan —hablemos de la transparencia y no de los cementerios quizá de Comala buscando a nuestro padre entre el estiércol y tantas albas envejecidas hablemos del aserrín fosfórico del cierzo (los políticos los consorcios del mercantilismo los truhanes quizá nunca se ven al espejo) su imagen siempre es adversa e irreparable yerma a menudo como un promontorio de criptas desvencijadas siempre me ha gustado esa palabra vértigo: pienso que son normales los mareos en un país anormal el equilibrio siempre da la sensación de trastorno: la vida es rotatoria y mortuoria a veces salobre en la tormenta de las parábolas Edipo en la arteria de los pinos la corrupción y sus acólitos rondan los escarabajos en mi olfato las ratas los ciervos las heridas el largo trajín de las moscas sobre los andenes la zarza las alambradas del recuerdo vuelo antes de enmohecerme tras ciertas infusiones alto es el fósforo de las estrellas que se ahueca en mis manos el espantapájaros de la asfixia ahí en los préstamos hipotecarios de la esperanza —siempre me hablaste del Paraíso y la Tierra Santa del agua bendita que gotea de los ventanales de su excelencia la fealdad y todos sus juegos maquiavélicos de cierta literatura que nada tiene que ver con mi deseos: espero mientras le hago trenzas a la luz y a la fiesta de grises afilada de los sonidos que produce el insomnio ¿quién se atreve hoy en día a desechar los zumbidos del miedo? ¿quién muerde el talón de Aquiles de las limosnas? me mareo sobre la nuca de los cuchillos retorno a esta tortura de los recuerdos —a tu cuerpo y al mío— al cataclismo de las direcciones postales: siempre tengo la sensación de leer las mismas palabras aunque sean diferentes en dirección opuesta a lo consabido todas las túnicas son iguales en las morgues loco yo en medio de los zarpazos del tiempo loco entre las púas de ciertas palabras loco mirando hacia tu ventana al mar a la pasión del nacimiento al instante del sinfín de la tinta sobre la hierba inmolada de tus poros loco sobre la rama sexual de la sed loco en el silencio del estruendo de la libertad (allá en aquella sombra del aliento el tren derretido del incienso y las tantas mentiras que inundan al país: ya hemos multiplicado los panes hasta la saciedad y el hambre sigue como un remolino de salmuera) vos y yo envueltos en la máscara del lenguaje ¿dónde pasamos la tormenta? ¿en qué cántaro guardamos todo lo lúgubre las apostemas y los diviesos la sífilis el chancro de los sociópatas disonantes del arrullo la carne despedazada de los libros? ¿qué muertos recitan nuestro lenguaje? ¿qué fríos oran en los falos alrededor de la sal de mis ojos? ¿es un horror el ojo bizco sobre el poema? camino con el propio purgante de las palabras hoy mañana el rapto de lo indescifrable hondo el polvo de la luna sobre nuestros poros sepultadas las bragas del desvelo…
Barataria, 02.VI.2014

lunes, 9 de junio de 2014

ENTRESUEÑO

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ENTRESUEÑO




Casi entre la bruma la lucidez de mi conciencia: La vigilia martilla
los mástiles, y los días en trance en medio de la penumbra.
La memoria se pierde en el pantano del aletargamiento. Mengua cuando
los imaginarios también asfixian,
y la sed se torna extraña en las esquinas de la clarividencia: en la oscuridad
hay pájaros extraños, sustancias distantes y aullidos.
En ese trasiego de heridas, el candil deshecho de los arcanos y el espejo
con su cueva infinita.
En la ceniza de allí, un tragaluz soterrado gime como un mendrugo
en las manos de mi propio cautiverio…
Barataria, 30.V.2014

sábado, 7 de junio de 2014

ALLÍ LOS OJOS

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ALLÍ LOS OJOS




Allí los ojos desvanecidos en la noche, sobre el polvo de las sombras
 deshojadas. Alrededor de las ventanas del cuerpo, ¿cuántos presentes caben? 
¿Cuántas noches? Todo lo ofrezco a las calles silenciosas donde hurgo
el olvido de las imágenes que acompañan a las depredaciones.
—Quizá solo pueda saludar a los paraguas póstumos de la muerte, al petate
de la oscuridad en la clarividencia,
o al pájaro desconocido que respira en la distancia.
(Lo vívido nunca tiene ropa, si acaso la verdosa piel  del musgo o el alter ego
de la ceniza frente al espejo.)
Ante mis ojos, el estribillo del confín y sobre la orfandad, el ropero del follaje.
Allí, ebrio de paredes mis ojos nocturnos.
Allí, siempre mi pobreza y su legión de sábanas raídas.
Barataria, 28.V.2014