lunes, 1 de marzo de 2010

BARULLO DE LA PESTE

Ahí donde cae la lluvia son difusos los trenes. Danzan los títeres
Yuxtapuestos en los caracoles devorados por la sal.
El nuevo orden extiende su pegamento hasta las rodillas.
Ilustración: Gustave Courbet









BARULLO DE LA PESTE







Amé la verdad que yace al fondo,
casi un sueño olvidado, que el dolorrevela amiga.
UMBERTO SABA

Tierra ajena y más nuestra, allende, en lo lejano.
JOSÉ ÁNGEL VALENTE







Ahí donde cae la lluvia son difusos los trenes. Danzan los títeres
Yuxtapuestos en los caracoles devorados por la sal.
El nuevo orden extiende su pegamento hasta las rodillas.
Alguien quiere asear su conciencia mandando a escribir libros.
Y pasar de la pocilga al plato fuerte de las digresiones filosóficas.
Pero las palabras hay que tocarlas y llevarlas al hombro;
Inmortalizarlas en los pétalos, vaciarlas, hornearlas,
Meterlas en los charcos de las luciérnagas,
Atraparlas en el relámpago de la lengua,
Vencerlas, dejarlas caer, adherirlas a la piel.
Hay verdades infalibles como la incandescencia de un pubis.
Ni las pequeñas ni grandes verdades caben en política.
Y cuando surgen sólo tienen vida en el bosteza de la almohada,
En el trago trasnochado de vodka,
No en la ventana donde los espías hacen su proeza. No en la sala
De conferencias, donde previamente uno se lava con lavanda.
Y se cierran los candados de los microchips.
Cada cenáculo tiene su taller secreto de cuervos,
Rituales de incienso sin reconciliación, licuados de genuflexión.
Vivimos un tiempo de crujidos torvos.
Dobleces de pañuelos que lindan en el disparate.
Largos cuentagotas de cruces. Clavos sedientos de herrumbre.
Vivimos trasnochados en el filo escarpado de las ideas.
Vivimos la intolerancia de quien nos estorba. Del alfabeto desahuciado
De las viandas, de las antenas que dejaron sus pasamontañas,
En el zig-zag de los delirios y los zapatos calcinados.
[Y no te das cuenta de este ahogo funeral. Vos que deshuesas
Mis pupilas con tu desnudez. Que me hacés rascar la cuenca
De mis ojos. Que me hacinas en la giba de los puntos suspensivos.
Vos a aquí conmigo en este edén de migajas convertido en el centelleo
De las canonizaciones, en el poema fugaz de las libélulas.
Vos conmigo, —convertidos ambos—, en buhoneros de trenes,
Escalera del fermento].
En los toboganes sufrimos ese vértigo empedernido del cuerpo.
—¿Dónde está el alba sin bastones? ¿Dónde la respiración
Con paracaídas? ¿Dónde el bolsillo sin deudas, la rotación de la Promesa?
—En política nunca se dicen las verdades. Nunca
La ráfaga en medio del polen del azúcar. Nunca el agua azucarada
En el vinagre, nunca los amantes sin meditar los olvidos,
La pócima del jadeo en la memoria, la invisibilidad del azogue
En los poros, los crisantemos a quemarropa de Pegaso.
Uno aprende, de todas maneras, a vivir entre los muñones inciertos
De la felicidad. De otra manera, sólo la noche es cierta en los bolsillos.
En el sudario de las huestes, usamos escapularios y, de paso,
Nos convertimos en espantapájaros.
Todos debemos aplaudir al unísono los cangrejos de la Vía Láctea.
Y encender hisopos agazapándonos en la breña,
O en ese arco iris degollado, mendrugo de luz en cal viva…
Barataria, 20.II.2010

2 comentarios:

Marian Raméntol Serratosa dijo...

Soy yo la que caigo rendida, André, unes la palabra y el concepto con un pie en el surrealismo y otro en la cotidianidad de esos ojos que saben mirar más allá.

Un abrazo
Marian

André Cruchaga dijo...

Gracias, Marián, por hacer una parada en ese trayecto infinito de tu palabra. Sí, tienes razón: surrealismo, caos, exisyencialismo: los condimentos míos del poema que se deja hacer. Así se dan las cosas desde mi humilde punto de vista. El poeta, sin duda, se vuelve un hacer en el periplo de redescubrir la palabra o, la realidad en las manos dle poeta.

Un abrazo y mi devoción por tu poesía.

André Cruchaga