martes, 17 de noviembre de 2009

El animal que soy

Vivo el día con el animal que soy. Vivo debajo de las curvas
De las sábanas, en la greña del zodíaco, con la certeza
De alimentar las palabras y no los cuervos que ellas esconden









El animal que soy





La locura del día se desliza del cerebelo
al cogote donde ha formado un charco….
JOSEPH BRODSKY

…me quito un viejo abrigo, la esperanza,
y me adentro por los caminos de mis ojos,…
SALVADOR ESPRIU

No creo que mañana obtenga la respuesta.
Mientras tanto,ya me he acercado al animal dormido,…
CARLOS MARZAL





Vivo el día con el animal que soy. Vivo debajo de las curvas
De las sábanas, en la greña del zodíaco, con la certeza
De alimentar las palabras y no los cuervos que ellas esconden.
Nunca es fácil salvarse uno cuando los vientos son contrarios,
Cuando el incienso no alcanza a cubrir toda la noche.
La saliva zumba en la fiebre de la prisa. —Tonos de tortura
En el tejado de los nubarrones, póstumas tabernas en el anca
De los espejos, jardines en el cielo falso de los papaturros.
Los días son como las sillas bebiendo el sol en los traspatios.
La lengua de los cipreses lame el murmullo del viento.
La bestia que soy sangra en los jardines del ceño: en la hojarasca,
Densa, hay demasiados despojos, hostiles cuencas,
Ojeras de piel sin días, almanaques de necrópolis, pájaros
Que declinan a las ramas, nichos desvencijados por los nidos
De un tiempo que no alcanza los buenos augurios.
A menudo en el cuerpo no caben tantos portales de jeringas.
Tampoco es posible lamer toda la piedra pómez de los retratos.
Tampoco quitar las jaulas sin ahogar el destino en los baños
Públicos, sin los estornudos de una ciudad caótica.
Un día seguramente nos protegeremos de los ventanales
Sin pájaros, de los candiles tiznados por tanta incongruencia,
De ese momento donde los poros se vuelven incontables
De esas abreviaturas que parecen termitas en los adoquines.
A diario las fotografías en las calles se tornan una especie
De varietés, —un centro de exclamación sin muchas palabras.
Toda la noche se convierte en el Nahual salvaje de mis sueños:
Noche de la materia, reino de latidos rutilantes.
En los ojos pútridos del desvarío, se hunden las almohadas
Del fuego, las bellas artes de las nubes, los cascos del trueno.
Sobre los tantos dioses que han lamido el crepúsculo,
Me quedo con los establos ciegos de las turbaciones.
—Me quedo con el trastorno de los naipes, con la difícil palabra
De los ojos, con esta calle donde los dardos parecen alelíes.
Después de todo ya estoy acostumbrado a los recuerdos.
A esos juegos de la sinrazón de las palabras, a la contrición
De los aplausos, mejor dicho, a la ración de yaguales en las sienes.
Así que, siendo ancestral esta herida, sólo me queda conjurarla
Junto al hartazgo del viento o del tedio.
Sólo me queda, seguir siendo, este animal que soy…
Barataria, 14.XI.2009

1 comentario:

Perfecto dijo...

Recien llegado a este Blog, este poema me deja estupefacto, por su abundancia, por la poliedrica imagen de tu imaginación y sensibilidad.
Una gran poema.

Volveré

Un abrazo.