martes, 1 de abril de 2025

ÁRBOL DE LA DEMENCIA

 

André Cruchaga


ÁRBOL DE LA DEMENCIA

 

 

Al lado de la noche nos persiguen las sombras, la escarcha fugaz

del tiempo, hosco y perenne en el pecho, la tierra donde cabalga

el viento sobre el pinar, nos turban y amedrentan los sueños,

los nombres que borra el silencio, muda historia perdida en la sed,

pedregal y abrojo, la casa de adobe con sus murmullos de teja

llovida, lluvia entre ramajes que se abre en el cuerpo, mientras

caminamos solitarios y descorre la duda sus fragancias.

Tras la oruga disuelta en los ojos, todo el rebaño nocturno del aire.

Lluvia frenética en crisantemos de ceniza sostenida en agujeros

de plástico, el pueblo entre grietas, apedreado en su designio

de jaula, jaula perpetua disfrazada de país.

(Allí, entrelazados los dientes del matapalo, el subibaja del ojo

como guante entre la goma que hace gemir a la madera).

Rotos los zapatos, se ahoga el césped en los pies, viene el desvelo:

todos los cementerios acechan cargados de pájaros muertos,

¿quién mastica las raíces del crepúsculo y clama al Papa y a Dios

y quita de sus costillas los gusanos, la gota de multitud machacada

en las costillas? —Por cierto, que ahora cultivamos heridas,

y hacemos con la ruda invocaciones frenéticas, hasta el punto

de quedarnos desnudos en el llanto, obedientemente inconsolables.

Por si fuera poco, unas cuantas monedas no lavan al cordero.

 

 

Del libro: «Sintaxis de la fuga», Barataria, 2014

©André Cruchaga

Imagen André Cruchaga.