jueves, 4 de noviembre de 2010

FONDO DE LA DESMESURA

La noche se ha vuelto una desmesura con su entrecejo de calendario
Suicida, —ojos desahuciados por la risa, cuerpos atrozmente
Desmoronados, perdidos en la penumbra inmóvil del recuerdo.
Siempre así, de luto los días, bestial ausencia de la risa: el hierro
Golpeando las cortinas de los ojos.
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FONDO DE LA DESMESURA




No importa si estás viva o estás muerta:
Nunca perderé tu imagen en el polvo
A que van cayendo mis pupilas,…
MANUEL DÍAZ MARTÍNEZ




La noche se ha vuelto una desmesura con su entrecejo de calendario
Suicida, —ojos desahuciados por la risa, cuerpos atrozmente
Desmoronados, perdidos en la penumbra inmóvil del recuerdo.
Siempre así, de luto los días, bestial ausencia de la risa: el hierro
Golpeando las cortinas de los ojos.
Marchitas las abejas de la luz, el andar como un tren roto mordiendo
El vacío, el desierto al cual han ascendido mis manos.
Absorbo los vagones de las sombras, las calladas baldosas de las calles,
Igual que un trapo viejo respirando en las aceras.
Nada vuelve a la campana de las consistencias, —nada es más cierto
Que esta tierra yerma: la profundidad del polvo se ha vuelto acicate,
Y muerde su avidez oscura como las tenazas de la sal
En los dedos de las manos.
Hemos caminado mordiéndonos los calcetines. El odre de la boca,
Apenas resiste la saliva fatigada. Temblamos con sabor a prófugos.
Nos mordemos en la cena criminal de las arañas.
Apretamos la sed hasta zurcir la humedad necesaria para sobrevivir.
Temblamos en el luto descarnado de las palabras: se nos han muerto
Las alas y los pies; se nos ha roto la Patria, el sigilo profético del fuego.
De pronto nos volvemos prófugos de nuestra propia sombra.
Mordemos en la cama la ceniza.
Largos insomnios desayunan con nosotros. Coléricas avispas
Muerden el orgasmo: cada cuerpo en la embarcación de los dientes,
Dispuestos a roer hasta los huesos.
La vida está llena de cuadernos, libros, zapatos de vinagre: bodegas
De ceniza, odres sin descanso, sombras sin calma, puertas colgando
De los ojos, cuchillos negros con mangos de grito,
Calendarios mordiendo los dientes de lo siniestro, ternuras amenazantes
Como la fijación del búho,
Palabras encadenadas en el rabo de los perros, azúcar dulcemente
Negro en el alcanfor de la tierra.
—Con todo, sé que nunca perderemos el amor por nuestros deudos:
Las ventanas, la lluvia, sumergidas en los párpados;
El gramo de luz en los canastos del mercado, los clavos, los agujeros
Que desbordaron nuestra desnudez,
El perro flaco de la saliva, el candelabro de los relámpagos,
El caballo de papel con el abecedario de los poros. Todo es necesario
Cuando recordamos las sábanas. Todo aquí, la mata de majonchos
Al tocarte: gruesas aguas empapadas de tiempo y desmesura.
Barataria, 04.XI.2010

2 comentarios:

Cristian Marcelo Sánchez dijo...

Estimado André: un placer leerte, como siempre tu poesía es desbordante como un alud que estalla sobre la noche, desmesurado como el grito de un cíclope.
Un abrazo frateno desde esta esquina del mundo...

André Cruchaga dijo...

Gracias, amigo poeta, por su generoso comentario. En realidad, la vida es así: desbiorda en las manos y los ojos.

Un agrazo con mis mejores parabienes,

André Cruchaga