sábado, 15 de mayo de 2021

DÍAS PERENNES DEL DESPOJO

 

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DÍAS PERENNES DEL DESPOJO

 

 

Por qué los pájaros en el ventanal de la cópula, humeando en el cierzo

que cae fangoso del paraíso. Por qué mis manos se desploman

en tu sexo, entre veloces e incandescentes palabras, entre hilos de polen

y calles roídas por las brasas de fonógrafos perdidos en el viento.

Por qué los pasos perdidos en el torrente amarillo de la hojarasca,

del hollín alrededor del frío de las mañanas,

de los días perennes del despojo con su orgásmica risa de plegaria.

de todas estas dolencias que nos deja un orgasmo de funerales.

Siempre te recuerdo vestida de alegría en medio de la fauna de mi sed.

Siempre tu voz tendida como lluvia en el tejado, ebria de piel y azúcar.

Suena el recuerdo como los sedimentos del país, los reveses del porvenir

y los deseos precipitados en la fosa última del féretro.

A veces la noche es solo un paraíso desdibujado, un paraguas

inapelable, una niebla de cadáveres en el desván donde cae la ropa

y se consuma la negación de la luz en su agónica cantera.

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Del libro: ‘Fuego de llaves invisibles’, 2021

©André Cruchaga


martes, 11 de mayo de 2021

DUELE EL DECESO DE LA DEMOCRACIA

 

Imagen FB de Pere Bessó




DUELE EL DECESO DE LA DEMOCRACIA

 

 

Ni mi vida es completa ni mi muerte ha fracasado completamente.

Físicamente no existo, por mi carne destrozada, incompleta,

que ya no alcanza a nutrir mi pensamiento.

Antonin Artaud

 

 

Ahora se consagra la noche y cubre los atrios más oscuros del país.

Alguien quiere lavar la ropa con el agua servida de las alcantarillas.

Empapado de tierra quiero respirar sin el goteo perenne del miedo,

resistirme a los tantos disfraces que desangran mis vísceras,

He perdido la noción del bien y solo veo la máscara de carcajadas

del mal y quizás el punto final de la piedad.

Aquí todo instante es sombra: hay horas vencidas y despiadados cuervos

junto al turbio silencio de una soledad disecada en el dolor.

Todo aquí es abismo. El ahogo de un país asfixiado hacia dentro.

La desnudez del amor danza sobre el asfalto y las axilas.

El ojo se pierde en los acantilados y nos mutila el desamparo del llanto.

Dentro de poco, entre lo real y lo ilusorio, seremos imagen ecuestre

transitando la brisa plisada de la opacidad.

Ante la libertad todo es un cadáver desconocido y duele el deceso

de la democracia y su espectro de ceniza. Duele el filo de esta hora.

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Del libro: ‘Fuego de llaves invisibles’, 2021

©André Cruchaga


viernes, 7 de mayo de 2021

SENSACIÓN DE ORFANDAD

 

©Obra pictórica de Alexey Rychkov



SENSACIÓN DE ORFANDAD

 

  

Un extenso suelo de agujeros inunda la garganta de estos días de ronca confusión. De rodillas uno arrastra las cornisas del poniente, los mares de hojas derretidas en el aliento, el carrusel de polvo de la rosa blanca sobre lo innumerable del viento. Cada palabra de tus ojos tuerce mi alma, cada polea de tus párpados, remueve los pedazos de calles en mi pecho. En alguna parte, errantes como la noche, los brazos llueven en su cansancio; forcejean los oídos en un muelle de raíces oscuras. Desde el pecho hablan los candiles apagados, espesa la niebla, rota toda el alba y su fuego.

 

Del libro: Fuego de llaves invisibles, 2021

©André Cruchaga


miércoles, 5 de mayo de 2021

LA ESPINA Y SU INFINITUD

 

Imagen FB de Pere Bessó



LA ESPINA Y SU INFINITUD

 

 

aún queda mucho tiempo por delante:

entre dos luces pueden verse aún

jirones de las sombras que llevamos.

Carlos Pujol

 

 

Nada es nuevo en esta polución de huesos sobre la hoja que desciende

del recuerdo, ni viejo el árbol desnudo del invierno

en su espeso sendero de tierra, estanque donde leemos espejismos.

En medio del agua de río, procuramos limpiar el muro de piedra

que respiramos en un firmamento de noche-día, paraíso y muerte.

En la tumba de nubes de la tormenta, saqueamos el nicho de la sombra

de la morfología tantas veces presente de la duda.

Nunca dije que fuera fácil cruzar el bosque de fuego y a su vez callar

la tormenta posterior a las asimetrías de la expiración.

En todo hay un juego perverso en un desierto de criptas circulares,

una cueva que nos pierde, un infierno obsesivo de asedios.

En la luz de la undécima hora necesitamos reinventar los precipicios,

o, al menos, obligarnos a dar testimonio del destiempo que sabe

a atrocidad, arrecia la bruma y nos acribilla, mordisquea el forcejeo.

Ya desde la entraña, la espina empieza con su infinitud.

Ya desde la cadena, uno solo percibe los excesos del delirio.

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Del libro: ‘Fuego de llaves invisibles’, 2021

©André Cruchaga


sábado, 1 de mayo de 2021

NADA PUEDE RESTITUIRME EL BRILLO

 

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NADA PUEDE RESTITUIRME EL BRILLO

 

 

El que entrevé el enigma del nihilismo,

también podría entrever una estrella fugaz y asentir.

Kostas Axelos

 

 

No hay tal paraíso ni cielo en esta acumulación de fantasías fugaces.

Es irónico transitar sobre pupilas de espejos aletargados,

quedar inmune ante los ojeras de los relojes, sin desafiar la inútil

gloria de este mundo: hay altares de hierro sin estupor alguno.

En el fósforo del día se pudre el pecho de los cadáveres y es triste

la carraspera de desnudez de los lenguajes derramados en el asfalto.

En el círculo de la liberación la lejanía es la única cobija de la noche,

la forma en que nada es, o solo el miedo.

Uno tiene derecho a desilusionarse y cavilar en lo ascensores.

Ningún incendio es tan cierto como el dolor corroído de la orfandad,

ni la desesperación tan cerca del metal de la locura, tan de piel

la tragedia del infierno y los ángeles con danza y sus propios ataúdes.

Si algo es verdad, entonces, soy un payaso y santo remedio.

Pero tengo unos ojos que se cansan de andar entre escombros.

Unas rodillas indefensas ante el trueno, un jadeo de arenas y alas seniles

como migajas de una bandera rasgada por el golpe de polvo del poder.

En realidad, nada puede restituirme el brillo de tanta estatua insomne.

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Del libro: ‘Fuego de llaves invisibles’, 2021

©André Cruchaga


miércoles, 28 de abril de 2021

CRECIERON Y MURIERON LOS JARDINES

 

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CRECIERON Y MURIERON LOS JARDINES

  

 

Esos ojos de frío no me mojan la espera de tu llama,

de las escamas pálidas de ansia.

Vicente Aleixandre

 

 

 Siempre buscamos el escondrijo de la leña quemada del andrajo

en el nudo del ansia de los días que parecen interminables ánforas.

Nada es igual a los ojos decapitados del ahora.

Te esperé por años en este territorio: crecieron y murieron los jardines,

otros jamás volvieron a este sordo silencio de miserias para enjugar

sus lágrimas: hasta el rumor de la compasión hiere al alma.

Sí, el ojo se perdió en la sedosa desnudez, cálida, de la adolescencia.

Aquel nido ahora es ruina frente a mis ojos cansados.

Nunca volviste o te hiciste invisible en el plato vacío de la puerta

amortajada: desde la cobija de olvido, solo puedo asir el frío

con sus dedos de alfileres mutilados, con su desagüe de antorcha

gastada, con su murmullo de estanque contenido en las vísceras.

Nunca volviste, es cierto. La espera se fue convirtiendo en un aguijón

indescifrable, en una hoguera de sinuosos espejismos.

Junto al grito, creció la duda con su pálida geografía, la vigilia,

y más, las distancias en el país que nos duele amorosamente.

 

Del libro: Fuego de llaves invisibles, 2021

©André Cruchaga

 


domingo, 25 de abril de 2021

A MERCED DE CAMINOS DE HUMO

 

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A MERCED DE CAMINOS DE HUMO

 

  

A lo largo de los caminos de la noche avanza la cohorte

de aquellos que tienen países y como último recurso

los abandonan dejando atrás sus rostros.

Sylvie Fabre G.

 

  

Estamos a merced de los caminos empinados del humo, ya sin país, solo mirando pasar los sueños, hundidos en calles desabrigadas, suspendidos de un hervor inmóvil e insomne. A ratos únicamente nos salva el umbral de los recuerdos, aunque persista el pupitre de la bruma y el olor a trompo desdibujado por ráfagas de hojarasca. Aquellos sin orfandad no conviven con la noche, ni conocen el adobe amortajado de la esperanza, ni el bullicio del hambre que corroe despiadadamente los zapatos. Negros relámpagos se avecinan; y no son precisamente pájaros, sino la calavera de la rosa en el cuero de la ruina de los candelabros.

 

Del libro: Fuego de llaves invisibles, 2021

©André Cruchaga


miércoles, 21 de abril de 2021

TODO TIENE FECHA DE CADUCIDAD

 

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TODO TIENE FECHA DE CADUCIDAD

 

 

 

 

Olvidaran  mis pupilas la risa.

Olvidaran  mis labios el beso.

Ahmed Arif

 

 

En el vértigo embalsamado de la fosa, la vieja costumbre de adorar la prisión de azúcar de tu pecho y mentirle a los ojos el hervor de la miseria: todo tiene fecha de caducidad, la pared de adobe del silencio y este duelo de sangrar todos los días en una fotografía. Este sueño despiadado se hunde en la niebla de un amor ennegrecido: sobre la piel hay miedos y cementerios y un fuego de piedra inusitado en las entrañas y una rima de huellas sin sonido. Es como si el mar se hubiese convertido en una larga fatiga, en un césped ciego y despiadado. De este descenso a ciegas, solo la herida rota de los pálpitos y el polvo en los ojos a modo de remanso.

 

Del libro: Fuego de llaves invisibles, 2021

©André Cruchaga

 


jueves, 15 de abril de 2021

UNA FOTOGRAFÍA FRENTE AL MUNDO

 

©Obra pictórica de Richard Diebenkorn



UNA FOTOGRAFÍA FRENTE AL MUNDO

 

 

En el salmo del viento, la analogía de lápidas que el viento muerde

con calendarios excavados en el sueño: en el interior de las luciérnagas,

una mínima luz para leer los espejismos y el eco que dejan los pasos,

las ausencias que extrañan los pies, la mutación de torbellinos.

Uno mira en la luz los pájaros muertos del sueño, las espinas sordas

del país y la biblia en la hipocresía de las manos.

Se violentan de luto, las sombras de tumbas del gusano que juega

a destino en un territorio dulcemente decapitado por la farsa.

Uno respira, enriquecidas las mismas patrañas, las mismas ataduras.

En lo profundo de la fatiga la humedad de sangre del horizonte,

y ese lento cuchillo del grito y el odio, desnudo y enfermizo.

Nada nos ampara de la miseria, ni del engaño en los ojos, ni del áspero

purgatorio del hampa, ni de los anhelos amortajados.

El país se ha convertido en un amoroso duelo, en una bella fotografía

de surfistas, rodeado de despiadados silencios y prohibidas gargantas.

Frente al mundo, los no alineados, somos simplemente mercenarios.

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Del libro: Fuego de llaves invisibles, 2021

©André Cruchaga


domingo, 11 de abril de 2021

RASTROS DEL ABSURDO

 

Imagen FB de Pere Bessó



RASTROS DEL ABSURDO

 

 

Dadme la certeza de raíces en horizonte quieto

Un descubrimiento que no huya a cada paso

O dadme un bello naufragio verde

Vicente Huidobro

 

 

En la congoja del reloj, la piel ciega de las mareas, beberte adentro,

callada en el arco de ola del vientre, deseada miel cerca de mi boca.

Que no huya tu piel encendida, aunque la luz se vaya.

Que no huya el cielo amoroso del ansia y su cosecha de arcoíris

y su poyetón sagrado en mi boca y sus ingles de arcilla perfumada.

Que no expire tu desnudez, ni tus caderas de fuego en mis manos,

ni los poros sacudidos del alma, ávidos de profundos sonidos.

No quiero horizontes agazapados, sino la savia frutal entre mis manos,

la respiración en las rodillas que deja la tormenta,

de los tifones de luciérnagas que anclan destrenzando las alas.

Precipítame como si todo el río se desbordara, como si todo el azul

fuese navío de algas e islas encobijadas, titilantes de flamas.

Vénceme hasta que ya no se produzcan los ruidos del suspiro

y el vértigo no se dilate en la almohada, sino en la semilla pura.

De las lámparas aladas del aliento, queda el pulso hilvanado

en la garganta, quizás ese horizonte de los delirios del absurdo.

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Del libro: ‘Fuego de llaves invisibles’, 2021

©André Cruchaga

 


viernes, 9 de abril de 2021

TODA LA FUGA VOLCADA EN EL PECHO

 

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TODA LA FUGA VOLCADA EN EL PECHO

 

 

Como si revivieras tus fugas entre la bruma matinal al encuentro de la rebelión tan querida, que supo socorrerte y alzarte mejor que cualquier ternura.

René Char

 

 

Sobre la tierra volcada en el pecho, resucitamos los horizontes

de la infancia, y palpamos el rocío de las viejas epístolas del viento.

Hasta aquí, todo es remoto, casi como una fuga salida de la niebla.

Alguna vez las máscaras dejarán de ser objetos recurrentes de barbarie,

o solo una mueca de los autorreflejos,

o rebelión contra la ternura en días de vileza y paisajes ciegos.

o quizás otros ojos de cipreses en el frío de la desnudez de bocas

amargas al pie de lavanderías de súplicas y selvas.

Después de todo, suponen un muro necesario de reproches, fusión

de heridas para ocultar cierta sucesión de temores o la ternura

que a menudo resulta intocable: en un territorio de danzas macabras,

cada quien le danza al destino con húmedos delirios de fiebre.

Ante la página quemada de la sonrisa, la rebelión de sed recorre

la sangre como todos los meses escritos en la memoria del universo.

Hecha la huida, nos queda el recuerdo, o la lluvia remota del olvido.

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Del libro: Fuego de llaves invisibles, 2021

©André Cruchaga


lunes, 5 de abril de 2021

INCLEMENCIAS

 

Imagen Fb de Pere Bessó




INCLEMENCIAS

 

 

Sólo los pájaros

en el cielo sienten

que una montaña, una ramita se inclina

Mukkader Yaycioglu

 

 

Me duele la palabra pájaro, esa mitología de brasa en el trino.

Me duele la palabra cielo alrededor de tantas ansiedades y espejos.

Me duele el tiempo desde esta tierra que camino todos los días.

A veces solo tengo la sensación del color oscuro en los ojos,

la isla del náufrago y sus jardines artificiales, quizás Ítaca, o Calipso,

o Barataria, el reino de los sueños desmentidos,

esta paciente herida de los ecos de las palabras, las mismas palabras

que rompen el azúcar con su ahora confeso aferradas a mortajas.

Todo se deja sentir en este regazo de piedra: en la piel, las llagas

de los espejismos de la alegría, la irrealidad y sus pesquisas.

Una montaña de balbuceos da la sensación de turbios agüeros.

Supongo que sobre la mesa, el tiempo desnuda sus acertijos de pus.

Desde el barro de sangre de la noche, se sienten los mordiscos

del despojo y el desastre que dejan las inclemencias infatigables

del absurdo: hay pájaros que nunca anochecen en invierno,

ni se acurrucan, benévolos, para ver pasar las tempestades de la vida.

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Del libro: ‘Fuego de llaves invisibles’, 2021

©André Cruchaga


sábado, 3 de abril de 2021

SIEMPRE HAY ZONAS APAGADAS

Imagen FB de Pere Bessó



SIEMPRE HAY ZONAS APAGADAS

 

 

Hay zonas apagadas en el trajín de los zapatos, zonas de horas

silenciosas, en las que el país y el polvo se juntan, el paisaje de tumbas

de todos los silencios que ahora arden con cierto frenesí.

En un estanque de nicotina, trepan puntas de humo hasta el vértigo.

Uno se afana por encontrar azúcar en la hojarasca y lluvias claras

que sin ser vertederos, lleven barquitos de profunda infancia.

Hay sed en la piel que tocan mis oídos, quizás nostalgia a la hora

de atardecer, quizás lentos grises que desordenan la cara.

En el bocado de incertidumbre, crecen los recuerdos y las ventiscas,

y ruego porque no se haga piedra el pañuelo que llevo a los ojos.

Paso mis manos sobre el resplandor del agua, —mis manos, digo—,

pero es en realidad, mi sombra que reverbera en su fuga diaria.

A contracorriente, el rebaño del paisaje molido de los páramos.

Amo el eco que se arrincona en la almohada, casi como una tormenta.

Esas geometrías que a medianoche de vuelven témpanos.

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Del libro: ‘Fuego de llaves invisibles’, 2021

©André Cruchaga



 

jueves, 1 de abril de 2021

PICOTEO DE ABSOLUTOS DESTRUIDOS

 

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PICOTEO DE ABSOLUTOS DESTRUIDOS

 

 

Veremos que somos nada salvo el reflejo de nuestra mirada

Fadwa Souleimane

 

 

Somos nada en medio del arco iris que se difumina en el sendero:

tan pronto oscurece, la luz pierde su fisonomía, aunque arda

en el pétalo invisible del aliento. O en aquella desnudez tocable

del olor, o en aquel árbol de tibieza del pájaro en su nido.

En cada hora que transcurre, los múltiples nombres del silencio

que se agolpan en los dientes de leche de los sueños consumidos.

Después nos viene la página inversa de las crines de las calles,

los ojos con cierta timidez de crimen,

las sonrisas derrotadas de los horizontes ciegos de las luciérnagas,

la ciudad o el país que uno quiere envuelto en la arqueología

de la escarcha de las estatuas fustigadas por el vendaval del vértigo.

A la sombra de los sueños, prefiero arrojar la boca a las enaguas

bailables del ojo en medio de las entrepiernas de la gota en el vaso

de la historia de aguas de los peces con su trifulca de espinas leídas.

Al oído de la oscuridad que escupe la memoria,

el picoteo de los absolutos destruidos, la vuelta a los reflejos

del vacío, a la nada radiante en su estado de evaporación.

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Del libro: ‘Fuego de llaves invisibles’, 2021

©André Cruchaga


lunes, 29 de marzo de 2021

NADA DEJA DE SER EXTRAÑO Y PRECARIO

 

©Obra pictórica de Viktoria Kalaichi



NADA DEJA DE SER EXTRAÑO Y PRECARIO

 

 

Al fin y al cabo, todos

los hilos de la vida

se tejen tan precarios, tan teñidos de tedio.

Aurora Luque

 

 

Tan de tedio el guacal sin asas del fondo del infinito y su horrible sonido de huesos y su nube de almíbar rezagada en el entrepiso del fruto maldiciente. Nada deja de ser extraño y precario: el hilo de los presagios es una ciudad de nostalgias, una estatua con sus encajes desvalidos, una extraña cópula al punto de voltear los ojos a las páginas ahorcadas del alma. Adoro las aguas que golpean, agolpadas, la boca fulminante de los viejos amores, el marisco de fuego en la obsidiana tocada por lo dedos del sabor fugaz del desbordamiento. Después de todo, me detengo en las órbitas del ruido de una sonrisa desencadenada de pez de sol en la transparencia de las ingles.

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Del libro: Fuego de llaves invisibles, 2021

©André Cruchaga