martes, 27 de julio de 2021

ANTÍPODAS DEL ESPEJO O LA SUBLIMACIÓN DE LA PALABRA

 




ANTÍPODAS DEL ESPEJO O LA SUBLIMACIÓN DE LA PALABRA

  

José Siles

  

 

El poeta salvadoreño André Cruchaga (Nueva Concepción, Chalatenango, 1957) vuelve a la carga con una nueva obra: Antípodas del espejo, cuya lectura o simple observación revela tres cualidades que suelen caracterizar sus trabajos: la intensidad , la calidad creativa y la extensión (154 poemas) donde predomina la   poesía libre y emancipada de ortopedias reduccionistas combinada con una prosa poética que se vertebra mediante metáforas, simbologías y, sobre todo,  sinestesias que denotan la pasión del autor por la mirada sintética.

André Cruchaga se inició en la poseía allá durante la última década del siglo XX y lo hizo compatibilizando la dedicación a la poesía con su actividad como docente y gestor educativo. Su amplia obra ha sido traducida a varios idiomas llegando a obtener un importante reconocimiento internacional: “Alegoría de la palabra” (1992), “Visión de la muerte” (1994), “Enigma del tiempo” (1996), “Roja Vigilia” (1997), “Rumor de pájaros” (2002),” Oscuridad sin fecha” (2006), “Pie en tierra” (2007), “Caminos cerrados” (2009), “Viajar de la Ceniza” (2010), “Cielorraso” (2017), “Vacío Habitado” (2020), etc.

En alguna otra exégesis sobre su obra poética he llegado a afirmar que André se incorporó al universo poético ante la necesidad de dar rienda suelta a su humanismo sensorial…, una faceta que explica en gran medida la insaciable transversalidad sensitiva de sus poemas. Asimismo, sostenía intentando explicar la afirmación anterior que, tal vez, todo ese universo poético esté relacionado con su infatigable actividad creativa y con la repercusión internacional que han tenido sus poemas que han atravesado fronteras geográficas, lingüísticas y culturales. Sin duda, una muestra de esta proyección internacional la constituyen la aparición de “Memoria de Marylhurst” en Estados Unidos, “Caminos cerrados” en Méjico y “Poeta en Barataria” en Cuba.

Este singular autor, sin duda difícil de clasificar (más adelante profundizaremos sobre esta característica de Cruchaga) es capaz de aplicar a sus poemarios un universo estético absolutamente particular confiriendo a su obra el delicado arte de la sublimación poética. Cruchaga acomete la sublimación de la trascendencia o de la cotidianeidad mediante la adaptación expresionista de una poética donde predomina la distensión perceptiva (sinestésica) (Lyotard, 1999), para alcanzar lo informe mediante la pulverización de las fronteras entre los sentidos, tal como se aprecia en “Soledad” cuando el espejo es oscurecido por los gritos y la penumbra mecida como una tierna criatura en los brazos del poeta:  “(…) Y tanto grito que oscurece los espejos. Y tanta penumbra en los brazos, cerraduras ateridas, y tantas hipotéticas cenas en medio del estiércol(,,,)” (Cruchaga, 2021, 25).

Sí, Cruchaga es el poeta de la sublimación porque es un especialista en el arte de transformar la realidad descolocando los sentidos para nutrirlos con un universo perceptivo cuyo orden es tan original como desconcertante…, en todo caso, la realidad filtrada por la luz ultravioleta del poeta salvadoreño, tal como sostiene en “Nausícaa”, se transforma en un cosmos ordenado por normas invertidas proyectadas desde “la cosmogonía de los vitrales” : En la pulcritud absuelta de las aguas, no hay crematorios ni puñales, sino la absoluta lumbre del rapto, jamás la depredación sino la cosmogonía de los vitrales  (Cruchaga, 75).

            Tal como señalan diversos autores (Siles & Solano, 2016), lo sublime, como sentimiento, expresión e interpretación, es un fenómeno complejo, ya que en su naturaleza se entrelazan sentimientos aparentemente contrarios: dolor /amor/desamparo / éxtasis ante la grandeza de la naturaleza o el universo/inseguridad y certidumbre de lo efímero de la existencia, etc. Cruchaga aborda la sublimidad permitiendo o incluso provocando la revolución de lo perceptivo para exhibir la imperecedera intensidad de los sentimientos, como en “Hécuba”, donde las madres, transidas por contrarios universales, el dolor y el amor que se entreveran en sus existencias ante la pérdida de sus hijos, se transforman en usufructuarias del sentimiento expelido por la Piedad de Miguel Ángel:  “(…)No hay más metamorfosis que los pueblos destruidos y las madres de mayo que sin retroceder caminan en el desierto. En el mar, las aguas fúnebres y la victoria ciega del desquicio. Sacrificada la progenie, la demencia de los candelabros sobre la tumba de Aquiles(…)”. (Cruchaga, 2021, 76).

El recurso a lo sublime es una característica que vamos a encontrar en diversos poemas, como el caso de “Delirio de Contrarios”, donde se hace poesía reflexionando  sobre la dimensión dialéctica de la existencia. Dialéctica como motor existencial donde la contradicción anuda el pensamiento precipitando acciones que serán repudiadas por el mismo pensamiento que las acunó provocando una conducta presa de sentimientos inversos, antitéticos, irreconciliables en el mundo simplificado del ser humano. Así, somos capaces de lo peor y lo mejor y nos descubrimos en contradicciones tan inasumibles como difíciles de sintetizar: matar al que amas fundamentando la acción vil en la pureza del amor; de esa forma obra el Otelo de Shakespeare cuando sus manos aprietan hasta la asfixia el delicado cuello de Desdémona. Drama clásico del renacimiento inglés que ilustra la universalidad binaria del amor-odio; es decir la vigencia de esta y otras contradicciones en el ser humano. Algunos poemas filtrados en prosa poéticade este gran poemario perfilan la paradoja, pero algunos como “Contrasentido” lo hacen de forma explícita:

“(…) Frente a mí, el imperativo de las rotaciones y los predicadores de turno disolviendo el humo. Siempre están ahí las paradojas: la breña en medio de los jardines, el crimen y los basureros a la luz del día, el azúcar en la avidez del amargor (…) (Cruchaga, 2021, 71).

En Antípodas del Espejo se muestra una amplia y variada estela de descarnadas reflexiones, falsas certidumbres, paraísos impostados y evidencias de la contradictoria naturaleza del ser humano;  un animal, a fin de cuentas,  que es potencialmente asesino, víctima y cualquier otra condición que se pueda asumir en el complejo espejo de la existencia.  En esta misma línea reflexiva y autocrítica, Zurita retrata nuestra especie obteniendo una fotografía en la que predominan los claroscuros: “somos una raza de asesinos condenados a construir el paraíso”  y, de paso, asigna a la poesía una función de catarsis que, empero, no llega a salvífica (Zurita, 2019). Desde esa perspectiva de desesperanza abierta a la concienciación de una realidad alejada de lo paradisiaco, Cruchaga llega a afirmar en “Detrás de esta Puerta “: “El Paraíso es irrespirable en la finitud de lo extraño. Las palabras nos escinden con sus ilimitados relativos. Acaso porque nuestro cuerpo sólo juega al desvarío y, a ese idioma de inequidades donde sólo tiene cabida la perenne herradura del páramo” (Cruchaga, 2021, 65). También en “Circo” el poeta salvadoreño  desvela la certidumbre de lo inseguro como privilegio constante e insidioso de una existencia perturbada que jamás encontrará un rumbo definitivo: 

“(…) Frotas las plegarias con remotas cabelleras de ceniza. Entre tanta oscuridad y envenenado el aliento, el insomnio revela circos decapitados y paraísos exorcizados por el moho(…)” (Cruchaga, 2021, 132).

Pero además de la condición dialéctica de la realidad, Cruchaga explora los límites de la consistencia describiendo la espesura de los sentimientos; así, en “Coágulo” nos encontramos con una interpretación radical de la densidad existencial:  “(…) No sé en qué orfandad del agua cabe la ceniza, ni en qué ciego esclarece un cayado, ni qué lluvia nos regresa la blancura. En el coágulo de polvo de las ojeras, los ecos del hacha sobre la madera, y este deseo de gritar certezas” (Cruchaga, 2021, 21).

En los intersticios de esta prosa poética navega la inagotable y cada vez más lenta predestinación del líquido hacia las cotas más altas de densidad, donde al final aguarda un universo espeso tiranizado por el imperio de la consistencia y el sosiego. Cuando los críticos andan huérfanos de equiparaciones mediante las que acometer el análisis comparativo entre patrones estéticos más o menos concomitantes, suelen amparar su orfandad referencial en los ismos o tendencias más o menos cercanas a los tópicos… o, al menos, sustancian sus comparaciones mediante recursos con los que están familiarizados: arrimar el ascua a su sardina o dejar suelta y sin control la fiera de la subjetividad hermenéutica (aunque esto implique cierto artificio en la construcción del análisis poético).  En el caso de la poesía de Cruchaga, no debe extrañarnos que los exégetas encuentren encontremos ciertas dificultades a la hora de proceder a su encuadramiento o integración en un grupo poético más o menos afín. Aunque posteriormente aludiremos a algunas de las tendencias que son identificables en este poeta, es ahora el momento de sostener con cierta contundencia un aspecto esencial en este poeta salvadoreño: su originalidad. Porque en Cruchaga se constata una atmósfera imposible de virginidad estética cuya particularidad emerge de la misma concupiscencia sensitiva con la que dota su obra.

En este sentido, aunque la expresión “poeta incomparable” proferida a bocajarro y entre signos de admiración signifique algo realmente elogioso para el autor; lo cierto es que este acumulo de originalidad conlleva riesgos tan lamentables, tal como se señalaba anteriormente,  como la incomodidad experimentada por los críticos cuando leen obras que no son capaces de clasificar. Sostiene Bértolo que “lo peor que le puede pasar a un escritor (aparte de morir de éxito) es no poder ser comparado fácilmente” (Bértolo, 2000, 72). Esta circunstancia nos lleva a plantear una cuestión esencial: ¿Qué sucede con los poemarios que no resultan fácilmente etiquetables o que no responden a las tendencias del momento porque no siguen los estereotipos temáticos o estilísticos dictados por el canon en boga?

Responder a esta cuestión supone un ejercicio de funambulismo, pero hay que asumir riesgos en la vida y plantear con cierta energía argumental aquello, sobre lo que honestamente se piensa de un poeta y su obra. En el caso de la obra de Cruchaga, a pesar de su originalidad y dificultades de etiquetación en el universo poético, resulta obvio que la singularidad y la calidad de sus poemas están marcando una tendencia propia (aunque lógicamente se puedan identificar influencias sobre las que hablaremos después) que yo denominaría seminal, dado que ya constituye un núcleo poético referencial para otros muchos poetas que, influidos por su obra,  van a transmitir en sus poemarios la genética literaria Cruchaguiana.

Por supuesto, incluso incurriendo en una forma de innovación casi plenaria, en todo autor es posible rastrear las influencias de otros poetas y otros movimientos: modernismo, surrealismo, creacionismo, ultraísmo, etc. Otra cuestión es si la identificación de estos antecedentes es más o menos forzada y, a veces, hasta fortuita. Para evitar estos “accidentes” es recomendable y se diría que imperativo, leer con detenimiento y profundidad la obra sometida a la observación, análisis e interpretación del hermeneuta de turno.

Tal como señalábamos cuando tuvimos ocasión de analizar uno de los poemarios que han precedido al actual, Cruchaga admira y ha leído a muchos poetas y seguramente tendrá influencias de muchos de ellos, pero es difícil que se reflejen en su poesía de forma indiscutible. Vicente Huidobro es uno de los poetas cuya influencia sí se puede atisbar nítidamente en el trabajo de Cruchaga. Huidobro asimilaba la acción poética a la necesidad de entretenimiento de los dioses, una necesidad divina, lúdica, de la que brotaba la libertad creativa…pues ni el juego ni las divinidades son dados a la autoimposición de límites, cargas ni castigos. Esta potestad divina asimilada por Huidobro como creacionismo, le permitía escribir poemas como “Ella” en cuyos versos, como en una barrena que atraviesa las paredes de habitaciones donde todo es “Vacío habitado”, pero también “Antípodas del Espejo” …, se aprecia el potencial sintetizador de la sinestesia: “Tenía una boca de acero/Y una bandera mortal dibujada entre los labios/ Reía como el mar que siente carbones en su vientre/Como el mar cuando la luna se mira ahogarse/Como el mar que ha mordido todas las playas” (Vicente Huidobro, 2020/ Siles, 2019).

Hemos afirmado que, entre otros enfoques y recursos, Cruchaga adopta la perspectiva sinestésica asociándola con la metáfora para deslindar el mundo perceptivo de los límites que organizan el universo de lo aparente y superarlo atravesando la epidermis del fenómeno percibido. En ese aspecto la poesía y la prosa poética de Cruchaga adquiere una visión fractal de la realidad (Martínez Simón, 2018)  que incluso transforma su poesía en una herramienta extremadamente útil  para captar las esencias del mundo cuántico (Durán, 2017)

La sinestesia como recurso poético hunde sus raíces en la Biblia y en la poesía clásica se encuentran antecedentes de este enfoque poético: Cantar de los Cantares (oleum efusum nomen tuum), Homero (voces color lirio), Platón (oscuro oír), Virgilio, los barrocos españoles, el simbolismo francés decimonónico los románticos ingleses y alemanes, los modernistas, especialmente Rubén Darío y Juan Ramón (Schrader, 1975; Ynduráin, 1969; Cordoba, et al, 2012). Pero la amplitud del enfoque sinestésico desborda los límites de los ismos y las generaciones. Así podemos ver como Vicente Alexandre, representante de la generación del 27, integra en su universo poético la visión “fundidora” de los sentidos tanto a través de la mística de San Juan de la Cruz y Fray Luis de León como en los románticos decimonónicos ingleses. En definitiva, como Cruchaga, se trata de un poeta afincado en la necesidad de fusionarse con el cosmos (Siles, 2019).

            Así, en “Vacío Infatigable”, prosa poética introducida con una aseveración de Huidobro: “Solo como una nota que florece en las alturas del vacío”[1], la normalidad está colmada de juegos oscuros, la nieve está afectada por una desazón entumecida (de nuevo las espesuras, las densidades y la coagulación helada del agua) y los últimos estertores pueblan Coralville:

“No sé cuántos vacíos hay en los ecos, ni qué porfía premonitoria tiene el paisaje mojado de tu cuerpo: deambulo en esos juegos oscuros que tiene la normalidad, en las ebrias alturas de las hondonadas. En Coralville, respiran los últimos estertores, la desazón entumecida de la nieve junto a la voz enredada en los huesos. En la destilería de Cedar Ridge siempre hay vino blanco para derramarlo en la cripta que produce el vértigo" (Cruchaga 2021, 97)

Por todo esto y mucho más presente en su dilatada obra, André Cruchaga es un poeta tan intenso como extenso (minero que excava la superficie buscando la profundidad y trascendencia del verbo y prolífico observador de un universo donde todo está relacionado…aunque habite en las antípodas). En definitiva nos encontramos ante  un hermeneuta lírico cuyo calado existencial e insondable estética   facilitan  tanto la desazón como un sosiego sin límites … allá donde la tempestad  se coagula. 

Desde luego, Cruchaga puede llegar a provocar cierto vértigo en los lectores desprevenidos que llegan a la lectura de sus poemarios, de su prosa poética, de sus reflexiones tan fulminantes y flamantes como el rayo azul que pulveriza la oscuridad de la noche; desde territorios literarios más acomodados, desde las antípodas de la poesía creacionista donde, por el contrario,  habitan de forma más o menos armónica: la sublimación de la trascendencia y lo cotidiano, la dialéctica existencial envuelta amorosamente en la contradicción y la consistencia estética, y todo ello envuelto en el denominador común de un enfoque sinestésico.  Sin duda “Antípodas del Espejo” es una obra que no va a dejar indiferente a nadie y que constituye un original y bello ejercicio de sublimación de la existencia. 

 

Alicante, España

Marzo de 2021

 

 

Bibliografía

Bértolo, C. (2000). Mario Lacruz. El escritor que no encaja. Leer,  16(117), 72-73.

Cervantes, J. (2013). El absurdo creador (por Michel Houellebecq en ‘El mundo como supermercado’). Recuperado dehttps://amanecemetropolis.net/el-absurdo-creador-por-michel-houellebecq-en-el-mundo-como-supermercado/

Cohen, J. (1973). Estructura del lenguaje poético. Madrid: Gredos.

Córdoba, M.J. (et. al.) (2012).Sinestesia. Los fundamentos teóricos, artísticos y científicos. Granada:Ediciones Fundación Internacional Artecittà.

Cruchaga, A. (2020) Vacío habitado. El Salvador: Teseo.

Durán, A.J. (2017) Poesía del mundo cuántico (Emily Dickinson). Píldoras. Recuperado dehttps://institucional.us.es/blogimus/2017/04/poesia-del-mundo-cuantico/

Heidegger, M. (2008) Meditación. Madrid: Biblos.

Huidobro, V. (2019). Poesía de Vicente Huidobro. https://www.poemasde.net/poesia/vicente-huidobro

López Martínez, M. I. (1991).Sinestesias en la poesía de Vicente Aleixandre. Anuario de Estudios Filológicos, 14, 283-299

Lyotard, J.F. (1999). Lo inhumano: charlas sobre el tiempo. Buenos Aires: Manantial

Martínez Simón, J.R. (2018). El realismo fractal de la palabra. Recuperado de http://www.latintadelpoema.com/proverso/2018/01/15/realismo-fractal-la-palabra/

Schrader, L. (1975). Sensación y sinestesia. Madrid: Gredos.

Siles, J. & Solano, C. (2016). Sublimity and beauty: A view from nursing aesthetics. Nursing Ethics, 23(2), 154–166.

Siles, J. (2017). Cielorraso, la poesía sinestésica de André Cruchaga. Cultura de los Cuidados, 21(48), 245-246.Recuperado dehttp://dx.doi.org/10.14198/cuid.2017.48.27

Siles, J. (2019). Reseña de “Vacío habitado de André Cruchaga o la poesía como búsqueda de un lenguaje aprehensor del sentido/ sin sentido de la existencia”. Cultura de los Cuidados (Edición digital), 23(55). Recuperado de http://dx.doi.org/10.14198/cuid.2018.54.27

Siles, J., & Solano, C. (2007). El origen fenomenológico del “cuidado” y la importancia del concepto de tiempo(…). Cultura de los cuidados. 11(21)19-27

Ynduraín, F. (1969). Sinestesia en la poesía de Juan Ramón. Madrid: Gredos.

Zurita, R. (2019). La demencial apuesta de la poesía. La Razón. Recuperado de https://www.razon.com.mx/el-cultural/la-demencial-apuesta-de-la-poesia/



[1] Cruchaga vuelve a emplear un verso de Vicente Huidobro para dar entrada a su poemario “Eternidad de la Voz” Esa voz en que cae la eternidad (Vicente Huidobro en Cruchaga, 2021, 108).


jueves, 15 de julio de 2021

TRAVESÍA ARREBATADA

 

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TRAVESÍA ARREBATADA

 

 

Con mis pasos ansiosos de caminos,

devano el ovillo de la distancia.

Mihaï Beniuc

 

 

Desde lejos el jardín gris y desabrido de las distancias: la lluvia que moja las mortajas de las nubes, el miedo audible de la penumbra a una edad, en realidad, en que ya nada importa. Atrás, el pozo quebradizo de las semanas y el evangelio de penuria de mis sentidos. Uno de a poco se olvida de los ventanales y dimite a la usura de los imposibles, a los rescoldos que reclaman los incendios. En las diversas travesías, barcos de un infierno arrebatado, se tornan esa extraña piedra pómez en la decrepitud del brocal de los sueños. Seguro que en el mojón de laberintos de la memoria, el ala se vuelve impasible en su propia oquedad.

 

De Camino disperso, 2021

©André Cruchaga


miércoles, 14 de julio de 2021

AL CABO, EL POEMA

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AL CABO, EL POEMA

 

A Pere Bessó

  

YA no atrapes el día –no se deja,

no es tan fácil ser dueño del presente,

persistir en la dicha o detenerla…

Aurora Luque

 

 

El poema, al cabo es un suicidio contra el silencio. Yo muerdo el regazo de la noche con palabras, el carpe diem de las hemerotecas de la hojarasca, la ficción que se antepone al abismo de las semanas, a esta hora resuelta de los límites del confín. Hay un deseo de mar, de senderos encendidos como himnos de espuma y sal, como páginas líquidas sobre la arena, mitologías desordenadas aprendidas en las mareas, del horizonte que me recuerda el ulterior tiempo del desgarro. Solo puedo validar este momento y sus impurezas.

 

De Camino disperso, 2021

©André Cruchaga

 


 

jueves, 8 de julio de 2021

DANZA DE LOS SUEÑOS

 

© Fotografía de Adrian Hylka


DANZA DE LOS SUEÑOS

 

 

Y de pronto, en el centro de esta danza macabra

brinca hacia el cielo rojo, loco, un gran esqueleto,

Arthur Rimbaud

 

 

En el remolino de danza de los sueños, la savia en cascada de los cabellos sueltos de la lejanía: hacia los jardines soterrados de la batalla, la brevedad ahora del esqueleto borroso de los relojes. A veces brama el acallamiento de la sarna en un escapulario de orfandades, o musita la entraña en su delirante purgatorio.

 

De Camino disperso, 2021

©André Cruchaga



viernes, 2 de julio de 2021

SOMBRAS DEL ALFABETO

 

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SOMBRAS DEL ALFABETO

 

  

Casi nadie ahora

junta pecios para después leerlos.

Miguel Veyrat

 

  

Ahora es flauta el eco de las sombras del alfabeto, ojo rojizo el pájaro

colgado de la ventana de las perfectas desavenencias,

del reloj desocupado en las páginas negras del aliento de fantasmas,

del corazón arrancado a las baldosas macilentas del tráfago.

En las uñas la tenacidad del muñón de las sombras y su desnudez

perpetua, el arroyo tullido de los incendios, amoratado de tardes.

Enmohecidos ángeles custodian los jardines empolvados de hoy;

en la desazón que produce el sollozo, los viejos mástiles de la parodia

y un cuentagotas de trancas al pie de la tormenta.

Al parecer alguien consagra los abismos, el vacío que nos deja

la sed inmolada  en un territorio que espera de rodillas su felicidad.

Ante el grito, los ojos que ya no miran las demasías de este tiempo,

ni la vida que se borra como esos desvaríos deformados en un burdel.

Ahora sumamos todas las desgracias de la historia y ese terrible

desencuentro de dos cuerpos que perdieron su brújula en la mesa.

Como en el invierno, pasada la tormenta recogemos los tiliches.

 

Del libro: Fuego de llaves invisibles, 2021

©André Cruchaga

 


viernes, 25 de junio de 2021

ANILLOS DEL HUMO

 

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ANILLOS DEL HUMO

 

 

Ante las sombras encaramadas en las sienes, el matorral y los sótanos

negros del humo, los élitros gastados en la lengua de polvo

de los sombreros colgados de los armarios como pacíficos guijarros.

Con frecuencia uno se reduce a lápida mortuoria, a ese mudo hueco

que dejan los gritos a flor de piel, a esa oscuridad que hurga

en el poyetón de los ojos de un país con muchas cicatrices.

Nos sacuden las fisuras que producen los martillos en las paredes.

El país ha aprendido a hacerle costuras a las sombras, a morder

la corteza del óxido, y a asomarse entre huesos a las quemaduras.

Uno va indagando entre las tantas arqueologías de las telarañas.

En el humo encorvado de lo improbable, las austeras inclinaciones

de la descomposición, la danza de la ventisca,

y los pequeños caminos que levanta el follaje de cipreses.

Sobre el pavimento las grietas mudas de los ojos.

Oigo el fuego y enmudezco de ojos: la calle nos consume con su deriva;

después, ni siquiera he podido recuperar todos los cadáveres,

las nostalgias, ni una sola piel de todas las que poblaron mi tugurio.

Uno es, después de todo, las tantas formas en que se enrolla el hilo

del tiempo, el anillo de humo enrollado en las pupilas

como lo haría el búho con la niebla difusa de las anguilas.

En suma, se vacían aquí todos los murmullos. Tal vez mañana sea

diferente la geografía y, la conciencia, tenga los contrapesos necesarios.

El hastío nos ata al punto de llevarnos al límite de lo más diminuto.

 

Del libro: Fuego de llaves invisibles, 2021

©André Cruchaga


jueves, 17 de junio de 2021

FRENTE A LA ÚLCERA DE LA BESTIALIDAD

 

© Obra pictórica de Leonora Carrington



FRENTE A LA ÚLCERA DE LA BESTIALIDAD

   

siempre hay algo de intemperie en los refugios,

una fragilidad que te hará fuerte.

Ioana Gruia

 

 Hay castraciones en los pantanos de la noche y miedos sofocantes en las intemperies. Hay insectos furiosos en los albañales donde la flor del amor palidece y triunfan los caballos del grito con su rosa de esperma metálica. Todo se vuelve poroso en un país de canteras de polvo: si la guerra fue una tormenta de ceniza liberadora, ahora, se desmantela la democracia por sicópatas ulcerosos y se infla la fiesta como bestialidad de serpiente. Vivimos en un laberinto de apuntaladas flagrancias y tortuosos efluvios. Para que el dolor sea duradero, el ultraje y resquebrajamiento de la civilidad. Abrime una ventana para salvarme del tirano, o cortame de raíz, ojos y sueños.

 

Del libro: Fuego de llaves invisibles, 2021

©André Cruchaga


sábado, 12 de junio de 2021

DELETREO DE PUPILAS

 

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DELETREO DE PUPILAS

 

 

Un río de profecías muerde las ojeras de este tiempo y del viento

que se agolpa en las ventanas de ciertas noches con relámpagos

seductores, de ese aliento que ahorca la voz en dos mitades de ascuas.

En lo posible me aferro al menos peso posible, a la pluma o al vilano

que caben con disimulo en el bolsillo de cuero de la noche.

De cerca sigo la nebulosa de los días bisiestos y la rosa de furias

que se despierta junto al día mojado de tristeza.

Hay un goce de naufragios en los dientes sembrados en la cabeza

de ajo, o en la helada pared del cielo con un vidrio negro de viejo

aserradero donde uno rasga lentamente el cuerpo del crepúsculo,

donde bóvedas de lágrimas y hastíos parecen una tormenta de hormigas.

Nunca se extingue el dolor en un corazón de perenne ceniza,

ni la losa del abandono en el ave Fénix del cuerpo cubierto de óxido.

A la postre, uno encuentra la propia voz en un infinito de ruda desnudez.

Así me imagino hoy, el deletreo de las pupilas en la gota

de melancolía que se vierte en todo vuelo. En el aire roto del sueño.

 

Del libro: Fuego de llaves invisibles, 2021

©André Cruchaga


miércoles, 2 de junio de 2021

EL REINO DE ESTE MUNDO

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EL REINO DE ESTE MUNDO

   

Si pudieran oírme como hilo de luz,

si del fondo del tiempo me trajeran,

y mis memorias,

y las de quienes conmigo miraron el horror

de haber nacido, para morir

ni siquiera enteros.

Ana Luisa Amaral

  

Si acaso pervive el sueño ciego, es la luz que se queda en la piedra

de la vigilia, la gesticulación inaudita del tiempo, los objetos

que las aguas del rìo arrastran con esa velocidad parsimoniosa

de la artritis. Nada cuadra en esta razón de la locura. Nada es real

en la lógica de las ventanas: siempre hay calles nutridas de sombras.

En el humo de la respiración de los jardines contaminados,

los pájaros, densos, putrefactos,  picotean las zonas impuras

de la mesa: adentro, en el pecho, el corazón del país está vacío.

Veo las fotografías del tamaño del océano, de la piel de sombra

del martirio y su alba fría de risa ahogada en la turbiedad de periódicos.

Hoy es como la paciencia derruida de la casa.

Parto siempre con mis hastíos y sombras hacia un pedazo del paraíso.

—Por si acaso, le escribo cartas a la eternidad y a ese costal de ojeras

que se han ido acumulando como otro diluvio absoluto.

De mi, el espejo del reino de este mundo y su cárdena óptica.

En el lavatorio del patio trasero,  la perplejidad desafiante del vacío.

Y el humo que ha extendido sus raíces de metal irredento.

 

Del libro: Fuego de llaves invisibles, 2021

©André Cruchaga




 

domingo, 30 de mayo de 2021

EN MEDIO DE RIGUROSOS AMANECERES

 

© Obra pictórica de Krista Harris.



EN MEDIO DE RIGUROSOS AMANECERES

  

 

Dime tú qué ha pasado, por qué esta vaguedad de lluvia seca

hincando la piel, revelando viejos espasmos.

Alberto Marrero

 

  

Todo resulta patético cuando el aliento ha sido cubierto por bejucos de desabrida piel. Nunca supe entender la aureola alrededor de tu sonrisa en rugosos amaneceres, en centellas desafiantes más allá de los acantilados de frivolidad de este tiempo. El presagio se convirtió en juez sádico en donde la desnudez fue bestial río. Dónde quedó el paraguas para cubrirnos de la intemperie, sino en el hueco que hizo la brasa, en el prolongado funeral de las palabras. Ahora solo quiero quitarme la costra de perro acurrucado ladrando a la vigilia. Alguien murió frente a los desencuentros con la tumba anticipada de la risa. Después de todo me queda esa lágrima íngrima de las epifanías secas.

 

Del libro: Fuego de llaves invisibles, 2021

©André Cruchaga


sábado, 22 de mayo de 2021

DA IGUAL LA FLAMA O EL ESCALPELO

©Obra pictórica de  Franz Kline


DA IGUAL LA FLAMA O EL ESCALPELO

 

 

Da igual el filo de la flama o del escalpelo en el abismo remoto de los espejeos frente al ojo espeso de las ventanas que se desvelan en la sangre de la noche. La soga del frío es como la tormenta del insomnio en un ascua de dientes inmóviles a la hora de escarbar en los pies del subsuelo la felicidad borrada en una bruma de guijarros. Siempre estamos a merced de los harapos de los fantasmas que en forma áspera aparecen en medio del sueño. Los relámpagos de la memoria hienden la escarcha del desván del charco de soledad ardido en los ojos. Nada muere, aunque después de todo sea demencia quemar en la almohada la rosa blanca de la ebriedad primera del alba.

 

Del libro: Fuego de llaves invisibles, 2021

©André Cruchaga




 

sábado, 15 de mayo de 2021

DÍAS PERENNES DEL DESPOJO

 

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DÍAS PERENNES DEL DESPOJO

 

 

Por qué los pájaros en el ventanal de la cópula, humeando en el cierzo

que cae fangoso del paraíso. Por qué mis manos se desploman

en tu sexo, entre veloces e incandescentes palabras, entre hilos de polen

y calles roídas por las brasas de fonógrafos perdidos en el viento.

Por qué los pasos perdidos en el torrente amarillo de la hojarasca,

del hollín alrededor del frío de las mañanas,

de los días perennes del despojo con su orgásmica risa de plegaria.

de todas estas dolencias que nos deja un orgasmo de funerales.

Siempre te recuerdo vestida de alegría en medio de la fauna de mi sed.

Siempre tu voz tendida como lluvia en el tejado, ebria de piel y azúcar.

Suena el recuerdo como los sedimentos del país, los reveses del porvenir

y los deseos precipitados en la fosa última del féretro.

A veces la noche es solo un paraíso desdibujado, un paraguas

inapelable, una niebla de cadáveres en el desván donde cae la ropa

y se consuma la negación de la luz en su agónica cantera.

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Del libro: ‘Fuego de llaves invisibles’, 2021

©André Cruchaga


martes, 11 de mayo de 2021

DUELE EL DECESO DE LA DEMOCRACIA

 

Imagen FB de Pere Bessó




DUELE EL DECESO DE LA DEMOCRACIA

 

 

Ni mi vida es completa ni mi muerte ha fracasado completamente.

Físicamente no existo, por mi carne destrozada, incompleta,

que ya no alcanza a nutrir mi pensamiento.

Antonin Artaud

 

 

Ahora se consagra la noche y cubre los atrios más oscuros del país.

Alguien quiere lavar la ropa con el agua servida de las alcantarillas.

Empapado de tierra quiero respirar sin el goteo perenne del miedo,

resistirme a los tantos disfraces que desangran mis vísceras,

He perdido la noción del bien y solo veo la máscara de carcajadas

del mal y quizás el punto final de la piedad.

Aquí todo instante es sombra: hay horas vencidas y despiadados cuervos

junto al turbio silencio de una soledad disecada en el dolor.

Todo aquí es abismo. El ahogo de un país asfixiado hacia dentro.

La desnudez del amor danza sobre el asfalto y las axilas.

El ojo se pierde en los acantilados y nos mutila el desamparo del llanto.

Dentro de poco, entre lo real y lo ilusorio, seremos imagen ecuestre

transitando la brisa plisada de la opacidad.

Ante la libertad todo es un cadáver desconocido y duele el deceso

de la democracia y su espectro de ceniza. Duele el filo de esta hora.

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Del libro: ‘Fuego de llaves invisibles’, 2021

©André Cruchaga


viernes, 7 de mayo de 2021

SENSACIÓN DE ORFANDAD

 

©Obra pictórica de Alexey Rychkov



SENSACIÓN DE ORFANDAD

 

  

Un extenso suelo de agujeros inunda la garganta de estos días de ronca confusión. De rodillas uno arrastra las cornisas del poniente, los mares de hojas derretidas en el aliento, el carrusel de polvo de la rosa blanca sobre lo innumerable del viento. Cada palabra de tus ojos tuerce mi alma, cada polea de tus párpados, remueve los pedazos de calles en mi pecho. En alguna parte, errantes como la noche, los brazos llueven en su cansancio; forcejean los oídos en un muelle de raíces oscuras. Desde el pecho hablan los candiles apagados, espesa la niebla, rota toda el alba y su fuego.

 

Del libro: Fuego de llaves invisibles, 2021

©André Cruchaga


miércoles, 5 de mayo de 2021

LA ESPINA Y SU INFINITUD

 

Imagen FB de Pere Bessó



LA ESPINA Y SU INFINITUD

 

 

aún queda mucho tiempo por delante:

entre dos luces pueden verse aún

jirones de las sombras que llevamos.

Carlos Pujol

 

 

Nada es nuevo en esta polución de huesos sobre la hoja que desciende

del recuerdo, ni viejo el árbol desnudo del invierno

en su espeso sendero de tierra, estanque donde leemos espejismos.

En medio del agua de río, procuramos limpiar el muro de piedra

que respiramos en un firmamento de noche-día, paraíso y muerte.

En la tumba de nubes de la tormenta, saqueamos el nicho de la sombra

de la morfología tantas veces presente de la duda.

Nunca dije que fuera fácil cruzar el bosque de fuego y a su vez callar

la tormenta posterior a las asimetrías de la expiración.

En todo hay un juego perverso en un desierto de criptas circulares,

una cueva que nos pierde, un infierno obsesivo de asedios.

En la luz de la undécima hora necesitamos reinventar los precipicios,

o, al menos, obligarnos a dar testimonio del destiempo que sabe

a atrocidad, arrecia la bruma y nos acribilla, mordisquea el forcejeo.

Ya desde la entraña, la espina empieza con su infinitud.

Ya desde la cadena, uno solo percibe los excesos del delirio.

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Del libro: ‘Fuego de llaves invisibles’, 2021

©André Cruchaga