viernes, 22 de octubre de 2021

TAL VEZ SOLO SEA EL INVIERNO

 

Imagen Pinterest



TAL VEZ SOLO SEA EL INVIERNO

 

 

 

 

Añoro una voz para decir el árbol

Que ronda mis sueños, el nombre de una mujer

Que semeja el descenso de las mareas,

Y el diálogo interrumpido que sostengo

Con el ángel.

María Clemencia Sánchez

 

 

 

 

Tal vez solo sea la partida o el resto de un adiós, el brazo caído

en el árbol del olvido, el despojo de una sonrisa compartida.

Nada nuevo hay en las bocas que callaron en la intemperie,

súbita la esperma en un ataúd de viudez, un muro de piedra feroz,

amenazante entre errantes fangos de cielo sin velámenes.

En el extremo desenrollado del graznido, el tótem de cobijas

sin huéspedes, o el sentido insomne de la última caricia.

Desde luego hay tantas cosas que añoro: el ovillo del paraíso

y ese despeñadero alrededor de tus ijares

y esas aguas hasta el cuello, noctámbulas, colgando del alero.

Hay mareas en tierra, ancha y desnuda, como roca de sed,

y una sombra ciega que nos llama en sucesivo desconcierto.

En el camino del sueño, la palabra tren en tu boca, a veces la lluvia

en tu pecho como una puerta de par en par.

A veces escucho tu voz sobre el agua a voluntad del corazón.

 

De Camino disperso, 2021

©André Cruchaga



sábado, 16 de octubre de 2021

PARAÍSO SIN PÁJAROS

 

Imagen Pinterest



PARAÍSO SIN PÁJAROS

 

  

Paso mi mano fría por la cama

Está vacía, vacía como mi pecho

Como lo que me restó de alma

Via Plaza

 

  

Entre sumas y restas, una jaula frenética, las venas rotas entre los dientes, la ventana del pecho entre sombras, el camino de la herida sin bizna ni fragancia: la herida es náufrago y deriva  en un suspiro sin ropa, helada la sed en los féretros del ojo, hundida la esperanza y sus tripulantes. Hay un grito ebrio en el desierto de la cama, una almohada sorda, fugitiva como el mal agüero de la niebla en los ojos. Ya es remota una fogata de orgasmos en un imaginario de cascajos, o una sonrisa inocente entre montañas de cráneos vacíos. Siempre vivir en un país como el nuestro tiene sus riesgos: nunca falta la pócima de sal en un pocillo de barro gastado por uñas y gritos. Jamás este paraíso tuvo pájaros alrededor de los brazos, pero sí, moscas y sabores agrios.

 

De Camino disperso, 2021

©André Cruchaga


viernes, 1 de octubre de 2021

INTERLUDIO DE LA NOCHE

 

© Obra pictórica Joan Mitchell


INTERLUDIO DE LA NOCHE

 

  

Esta vez adivinarás cuál de nuestras palabras se formó

en un país sin nombre,

cuál de ellas creció y se hizo tan fuerte que tuvimos

por fuerza el silencio.

Melinna Guerrero

 

 

En el interludio de la noche, ninguna voz reclamó por el cuerpo vencido de las palabras, ni por esa boca de silencio próxima a la soledad. Al revés de la desnudez, los goznes de una edad que se niega al tiempo. Es difícil hablar frente a un país despiadado y más cuando nuestros anhelos son solo recuerdos. Tu nombre se confunde con el dolor y más cuando se hacinan los temores, las dudas, la lluvia. Cuando callan las palabras, emerge alrededor una lejanía de sombras interminables. Nunca sabremos consagrar la ternura entre la fiereza del polvo y las calles. Silente la tibieza de tus brazos, aquí y ahora entre confusas vigilias.

 

De Camino disperso, 2021

©André Cruchaga

© Obra pictórica Joan Mitchell


jueves, 23 de septiembre de 2021

YA HE CALLADO MUCHO TIEMPO

 

© Obra pictórica Gerhard Richter


YA  HE CALLADO MUCHO TIEMPO

 

  

Cuánto tiempo he callado, cuánto tiempo he perdido,

cuánto tiempo he soñado mirando con los ojos

arrasados de lágrimas, como ahora,

Antonio Colinas

 

 

Es casi religión este silencio de muralla,

este silencio obediente al deshojamiento de los ojos,

fiel a una dura imposición en los párpados,

áspero tiempo cuando ríes a la distancia:

solo hay recuerdos en el camino de la memoria,

trenes que se cansan en la piel,

memoria de rostros que aprenden de la lluvia soñada del sollozo;

nací callando entre sombras hermanadas de amuletos;

callé también en el extravío que me prodigaron las palabras,

en el tronco inerme del árbol plantado

en el traspatio del cuerpo de la sequía.

Como en el camino borrado por el viento, me queda,

apenas, el desamparo y la lápida mortuoria

y aletargada de aquellos ojos primogénitos de la ternura.

 

De Camino disperso, 2021

©André Cruchaga



lunes, 20 de septiembre de 2021

INFANCIA EXTRAVIADA

 

© Obra pictórica Joan Mitchell



INFANCIA EXTRAVIADA

 

  

En el éxtasis matutino

Canta con una rama encendida en cada mano

Predice las hermosas catástrofes

Soñadas en tu infancia

Rosamel del Valle

 

 

Esa infancia tiene el rostro tapado, sombras en los ojos, pecho y costillas y respiración, desnudos en la resbaladiza redondez del camino. Hay un canto hueco en la garganta, un espejo de peces fijos en la espalda, o la simple aridez del sueño hasta que el éxtasis se torna ceniza, frenética lluvia en el pocillo de los poros. Nada es posible desde entonces: caduca el poniente y los crepúsculos; nada queda del candil doméstico, ni siquiera aquella lealtad suscrita en el surco mojado del delirio. Todo estaba destinado para los adioses, sin día, sin caminos, sin semanas.

 

De Camino disperso, 2021

©André Cruchaga


domingo, 5 de septiembre de 2021

ANFITEATRO DEL SUICIDA

Imagen Pinterest



ANFITEATRO DEL SUICIDA

 

 

Las sábanas de los suicidas están siempre limpias.

Se duchan antes del acto.

Carlos Martínez Rivas

 

 

Algo de fugacidad hay en el filo de las mudanzas, en la cobija furtiva que arropa los cadáveres, en esa suerte de escapulario que cuelga de los taxidermistas de la noche: en la indumentaria del suicida hay momentos para jugar con el tiempo póstumo, tomarse los altares como un anfiteatro, desvivirse en la pócima de los ungüentos, sin humedecer en la impunidad de estos días, tan bucólica, —por cierto—, como el destino de la orfandad. Nadie cuestiona los latidos del poniente, ni siquiera el candelabro que amanece en medio del silencio de las palabras. Por si acaso, el día está cerrado como la herida ciega en las grafías de una parábola.

.

De ‘Camino disperso’, 2021

©André Cruchaga


 

jueves, 2 de septiembre de 2021

ETERNITAT DE PEDRA │ ETERNIDAD DE PIEDRA

 

© Obra pictórica de  Franz Klines


ETERNITAT DE PEDRA

 

 

Nuestras latitudes se cruzan en la misma estrella,

y miramos el mismo cielo en la eternidad,

sin embargo, no podemos vernos el uno al otro.

Fazil Hüsnü Daglarca

 

 

Des d’aquesta frontera d’ombra del karma, la distància seca dels ulls com aquesta eternitat que adula el desig. Sempre ens evadeix la llanterna oscil•lant de la súplica, o l’ocàs amb les seues inflexions genuflexes, o el buit d’ofrena de lascívia amb la seua crueltat de mitjanit. Ens fartem d’aquesta eternitat de pedra al centre dels talons, o de la falsa llengua de la tendresa: vivim, però, enmig del terror de canelobres de fúries celestials. Res no hi ha a la porta de ferro del cel, ni tan sols èxtasi en el tuf de la còpula incinerada al primer bull del cucleig. Només hi ha ofecs comuns en l’estrèpit de sang dels amants.

.

. Poema d’ANDRÉ CRUCHAGA traduït en català per PERE BESSÓ

.

 

ETERNIDAD DE PIEDRA

 

 

Nuestras latitudes se cruzan en la misma estrella,

y miramos el mismo cielo en la eternidad,

sin embargo, no podemos vernos el uno al otro.

Fazil Hüsnü Daglarca

 

 

Desde esa frontera de sombra del karma, la distancia seca de los ojos como esa eternidad que adula el deseo. Siempre nos evade la linterna oscilante de la súplica, o el ocaso con sus inflexiones genuflexas, o el vacío de ofrenda de lascivia con su crueldad de medianoche. Nos hartamos de esa eternidad de piedra en el centro de los calcañales, o de la falsa lengua de la ternura: vivimos, sin embargo, en medio del terror de candelabros de furias celestiales. No hay nada en la puerta de hierro del cielo, ni siquiera éxtasis en el tufo de la cópula incinerada en el primer hervor del graznido. Solo hay ahogos comunes en el estrépito de sangre de los amantes.

.

De ‘Camino disperso’, 2021

©André Cruchaga


miércoles, 1 de septiembre de 2021

SUERTE DE DESPLOME

 

Imagen de la red



SUERTE DE DESPLOME

 

 

Los ojos de los cadáveres

Miraban petrificados y tristes.

Behcet Necatigi

 

 

Siempre fue así frente al lienzo del paisaje tenue: ráfagas de un cementerio petrificado, como rostros esculpidos con niebla y tile. Todo cambió a insomnio desde entonces, a un diluvio de sed sobre la tierra. (Ambos con el rictus de la muerte en la boca, ese diluvio que destroza alas y raíces. Ese infierno sin reemplazo como una pocilga destinada al polvo.) Hasta ahora no han tenido los ojos otro desenlace, sino esta suerte de desplome definitivo. En el pecho solo un cementerio de aguacero, un ruego de herejías en la brasa del aliento que repite fonógrafos petrificados, o una cópula ahogada en el corazón de la ausencia.

.

De ‘Camino disperso’, 2021

©André Cruchaga


domingo, 22 de agosto de 2021

TIERRA ESTRUJADA

 

© Obra pictórica de Willem de Kooning 


TIERRA ESTRUJADA

  

Antes, antes de la amargura,

antes de que sorbiéramos

un caudaloso cáliz de indigencias boreales,

antes de que amarraran los perfumes,

que en su reverso el sol guardase el hambre,

¡qué alegres caminábamos!

 Elvio Romero

 

Siempre fueron diferentes los ojos frente al afán del ala de los días no vencidos en el tórax. Pero ahora, en la noche, aquella claridad risueña es solo un coágulo que nos habla en voz baja, una boca suprimida en todo los que vive. Una lengua de polvo viste los párpados, un espejo ciego nos desvive, agua lenta que orilla el tiempo. Ahora somos tierra estrujada de hojas secas donde no llega el aire. De aquel cuerpo, las sombras que avanzan a lo postrero, a la sombra llenándose del alma nuestra. En tus ojos veo todavía aquel bosque que llevaba tu risa y la luz como una lluvia ensimismada de peces en la intimidad de tus muslos.

 

De Camino disperso, 2021

©André Cruchaga


viernes, 20 de agosto de 2021

PERPETUIDAD FUGITIVA

 



PERPETUIDAD FUGITIVA

 

 

Sobre la desnudez joven de tu cuerpo,

dos cisnes erectos

quedan cavilando en blancos embelesos,

Judith Teixeira

 

 

Dulce música esa perpetuidad fugitiva del embeleso del horizonte eclipsado en las manos y su resplandor amontonado en el ojo que funde peces y mar. Nada más estremecedor que estar en el litoral y al mismo tiempo en la tierra donde se funde el restallido de los brazos con la llamarada de hambre del oleaje. Esa luz de la desnudez envuelve al infinito del bebedero que se arquea en el aliento: la turbulencia resbala en la piel con ese algo de humedad movediza, al tiempo que se descarrilan los cabellos en la arquitectura de alas del sudor. Sobre el camino dilatado, la sombra de sal ocupa el linaje de la memoria de lo escarpado. Detrás de los cuerpos, el telón del bosque y aquella mezcla de color y tiempo del descenso.

.

De ‘Camino disperso’, 2021

©André Cruchaga


lunes, 2 de agosto de 2021

MIENTRAS VA ATARDECIENDO

 

© Obra pictórica de Willem de Kooning


MIENTRAS VA ATARDECIENDO

  

 

Y mientras se ilumina mi cabeza

ruego por el que he sido en la tristeza

José Hierro

 

 

Voy, por cierto, con la llaga incorporada a mi aliento, envuelto en un apego de niebla, cerradas las puertas de mi casa, entre piedra y maleza, las sombras del suspiro, el ala sobre la tierra, yerma y yerta, frente a la gota de sed fenecida de las cucharas amarillas de la última desnudez. Vuelvo a los caballos de palo que nadie vio cabalgar en los latidos de la lluvia; hay un agua de sangre acuñada en el pecho, un espejo de llanto en la orfandad viva de mis ojos. Mientras va atardeciendo, solo ruego por una sonrisa que me haga descansar en medio de un bosque pronunciado en secreto.

 

De Camino disperso, 2021

©André Cruchaga



martes, 27 de julio de 2021

ANTÍPODAS DEL ESPEJO O LA SUBLIMACIÓN DE LA PALABRA

 




ANTÍPODAS DEL ESPEJO O LA SUBLIMACIÓN DE LA PALABRA

  

José Siles

  

 

El poeta salvadoreño André Cruchaga (Nueva Concepción, Chalatenango, 1957) vuelve a la carga con una nueva obra: Antípodas del espejo, cuya lectura o simple observación revela tres cualidades que suelen caracterizar sus trabajos: la intensidad , la calidad creativa y la extensión (154 poemas) donde predomina la   poesía libre y emancipada de ortopedias reduccionistas combinada con una prosa poética que se vertebra mediante metáforas, simbologías y, sobre todo,  sinestesias que denotan la pasión del autor por la mirada sintética.

André Cruchaga se inició en la poseía allá durante la última década del siglo XX y lo hizo compatibilizando la dedicación a la poesía con su actividad como docente y gestor educativo. Su amplia obra ha sido traducida a varios idiomas llegando a obtener un importante reconocimiento internacional: “Alegoría de la palabra” (1992), “Visión de la muerte” (1994), “Enigma del tiempo” (1996), “Roja Vigilia” (1997), “Rumor de pájaros” (2002),” Oscuridad sin fecha” (2006), “Pie en tierra” (2007), “Caminos cerrados” (2009), “Viajar de la Ceniza” (2010), “Cielorraso” (2017), “Vacío Habitado” (2020), etc.

En alguna otra exégesis sobre su obra poética he llegado a afirmar que André se incorporó al universo poético ante la necesidad de dar rienda suelta a su humanismo sensorial…, una faceta que explica en gran medida la insaciable transversalidad sensitiva de sus poemas. Asimismo, sostenía intentando explicar la afirmación anterior que, tal vez, todo ese universo poético esté relacionado con su infatigable actividad creativa y con la repercusión internacional que han tenido sus poemas que han atravesado fronteras geográficas, lingüísticas y culturales. Sin duda, una muestra de esta proyección internacional la constituyen la aparición de “Memoria de Marylhurst” en Estados Unidos, “Caminos cerrados” en Méjico y “Poeta en Barataria” en Cuba.

Este singular autor, sin duda difícil de clasificar (más adelante profundizaremos sobre esta característica de Cruchaga) es capaz de aplicar a sus poemarios un universo estético absolutamente particular confiriendo a su obra el delicado arte de la sublimación poética. Cruchaga acomete la sublimación de la trascendencia o de la cotidianeidad mediante la adaptación expresionista de una poética donde predomina la distensión perceptiva (sinestésica) (Lyotard, 1999), para alcanzar lo informe mediante la pulverización de las fronteras entre los sentidos, tal como se aprecia en “Soledad” cuando el espejo es oscurecido por los gritos y la penumbra mecida como una tierna criatura en los brazos del poeta:  “(…) Y tanto grito que oscurece los espejos. Y tanta penumbra en los brazos, cerraduras ateridas, y tantas hipotéticas cenas en medio del estiércol(,,,)” (Cruchaga, 2021, 25).

Sí, Cruchaga es el poeta de la sublimación porque es un especialista en el arte de transformar la realidad descolocando los sentidos para nutrirlos con un universo perceptivo cuyo orden es tan original como desconcertante…, en todo caso, la realidad filtrada por la luz ultravioleta del poeta salvadoreño, tal como sostiene en “Nausícaa”, se transforma en un cosmos ordenado por normas invertidas proyectadas desde “la cosmogonía de los vitrales” : En la pulcritud absuelta de las aguas, no hay crematorios ni puñales, sino la absoluta lumbre del rapto, jamás la depredación sino la cosmogonía de los vitrales  (Cruchaga, 75).

            Tal como señalan diversos autores (Siles & Solano, 2016), lo sublime, como sentimiento, expresión e interpretación, es un fenómeno complejo, ya que en su naturaleza se entrelazan sentimientos aparentemente contrarios: dolor /amor/desamparo / éxtasis ante la grandeza de la naturaleza o el universo/inseguridad y certidumbre de lo efímero de la existencia, etc. Cruchaga aborda la sublimidad permitiendo o incluso provocando la revolución de lo perceptivo para exhibir la imperecedera intensidad de los sentimientos, como en “Hécuba”, donde las madres, transidas por contrarios universales, el dolor y el amor que se entreveran en sus existencias ante la pérdida de sus hijos, se transforman en usufructuarias del sentimiento expelido por la Piedad de Miguel Ángel:  “(…)No hay más metamorfosis que los pueblos destruidos y las madres de mayo que sin retroceder caminan en el desierto. En el mar, las aguas fúnebres y la victoria ciega del desquicio. Sacrificada la progenie, la demencia de los candelabros sobre la tumba de Aquiles(…)”. (Cruchaga, 2021, 76).

El recurso a lo sublime es una característica que vamos a encontrar en diversos poemas, como el caso de “Delirio de Contrarios”, donde se hace poesía reflexionando  sobre la dimensión dialéctica de la existencia. Dialéctica como motor existencial donde la contradicción anuda el pensamiento precipitando acciones que serán repudiadas por el mismo pensamiento que las acunó provocando una conducta presa de sentimientos inversos, antitéticos, irreconciliables en el mundo simplificado del ser humano. Así, somos capaces de lo peor y lo mejor y nos descubrimos en contradicciones tan inasumibles como difíciles de sintetizar: matar al que amas fundamentando la acción vil en la pureza del amor; de esa forma obra el Otelo de Shakespeare cuando sus manos aprietan hasta la asfixia el delicado cuello de Desdémona. Drama clásico del renacimiento inglés que ilustra la universalidad binaria del amor-odio; es decir la vigencia de esta y otras contradicciones en el ser humano. Algunos poemas filtrados en prosa poéticade este gran poemario perfilan la paradoja, pero algunos como “Contrasentido” lo hacen de forma explícita:

“(…) Frente a mí, el imperativo de las rotaciones y los predicadores de turno disolviendo el humo. Siempre están ahí las paradojas: la breña en medio de los jardines, el crimen y los basureros a la luz del día, el azúcar en la avidez del amargor (…) (Cruchaga, 2021, 71).

En Antípodas del Espejo se muestra una amplia y variada estela de descarnadas reflexiones, falsas certidumbres, paraísos impostados y evidencias de la contradictoria naturaleza del ser humano;  un animal, a fin de cuentas,  que es potencialmente asesino, víctima y cualquier otra condición que se pueda asumir en el complejo espejo de la existencia.  En esta misma línea reflexiva y autocrítica, Zurita retrata nuestra especie obteniendo una fotografía en la que predominan los claroscuros: “somos una raza de asesinos condenados a construir el paraíso”  y, de paso, asigna a la poesía una función de catarsis que, empero, no llega a salvífica (Zurita, 2019). Desde esa perspectiva de desesperanza abierta a la concienciación de una realidad alejada de lo paradisiaco, Cruchaga llega a afirmar en “Detrás de esta Puerta “: “El Paraíso es irrespirable en la finitud de lo extraño. Las palabras nos escinden con sus ilimitados relativos. Acaso porque nuestro cuerpo sólo juega al desvarío y, a ese idioma de inequidades donde sólo tiene cabida la perenne herradura del páramo” (Cruchaga, 2021, 65). También en “Circo” el poeta salvadoreño  desvela la certidumbre de lo inseguro como privilegio constante e insidioso de una existencia perturbada que jamás encontrará un rumbo definitivo: 

“(…) Frotas las plegarias con remotas cabelleras de ceniza. Entre tanta oscuridad y envenenado el aliento, el insomnio revela circos decapitados y paraísos exorcizados por el moho(…)” (Cruchaga, 2021, 132).

Pero además de la condición dialéctica de la realidad, Cruchaga explora los límites de la consistencia describiendo la espesura de los sentimientos; así, en “Coágulo” nos encontramos con una interpretación radical de la densidad existencial:  “(…) No sé en qué orfandad del agua cabe la ceniza, ni en qué ciego esclarece un cayado, ni qué lluvia nos regresa la blancura. En el coágulo de polvo de las ojeras, los ecos del hacha sobre la madera, y este deseo de gritar certezas” (Cruchaga, 2021, 21).

En los intersticios de esta prosa poética navega la inagotable y cada vez más lenta predestinación del líquido hacia las cotas más altas de densidad, donde al final aguarda un universo espeso tiranizado por el imperio de la consistencia y el sosiego. Cuando los críticos andan huérfanos de equiparaciones mediante las que acometer el análisis comparativo entre patrones estéticos más o menos concomitantes, suelen amparar su orfandad referencial en los ismos o tendencias más o menos cercanas a los tópicos… o, al menos, sustancian sus comparaciones mediante recursos con los que están familiarizados: arrimar el ascua a su sardina o dejar suelta y sin control la fiera de la subjetividad hermenéutica (aunque esto implique cierto artificio en la construcción del análisis poético).  En el caso de la poesía de Cruchaga, no debe extrañarnos que los exégetas encuentren encontremos ciertas dificultades a la hora de proceder a su encuadramiento o integración en un grupo poético más o menos afín. Aunque posteriormente aludiremos a algunas de las tendencias que son identificables en este poeta, es ahora el momento de sostener con cierta contundencia un aspecto esencial en este poeta salvadoreño: su originalidad. Porque en Cruchaga se constata una atmósfera imposible de virginidad estética cuya particularidad emerge de la misma concupiscencia sensitiva con la que dota su obra.

En este sentido, aunque la expresión “poeta incomparable” proferida a bocajarro y entre signos de admiración signifique algo realmente elogioso para el autor; lo cierto es que este acumulo de originalidad conlleva riesgos tan lamentables, tal como se señalaba anteriormente,  como la incomodidad experimentada por los críticos cuando leen obras que no son capaces de clasificar. Sostiene Bértolo que “lo peor que le puede pasar a un escritor (aparte de morir de éxito) es no poder ser comparado fácilmente” (Bértolo, 2000, 72). Esta circunstancia nos lleva a plantear una cuestión esencial: ¿Qué sucede con los poemarios que no resultan fácilmente etiquetables o que no responden a las tendencias del momento porque no siguen los estereotipos temáticos o estilísticos dictados por el canon en boga?

Responder a esta cuestión supone un ejercicio de funambulismo, pero hay que asumir riesgos en la vida y plantear con cierta energía argumental aquello, sobre lo que honestamente se piensa de un poeta y su obra. En el caso de la obra de Cruchaga, a pesar de su originalidad y dificultades de etiquetación en el universo poético, resulta obvio que la singularidad y la calidad de sus poemas están marcando una tendencia propia (aunque lógicamente se puedan identificar influencias sobre las que hablaremos después) que yo denominaría seminal, dado que ya constituye un núcleo poético referencial para otros muchos poetas que, influidos por su obra,  van a transmitir en sus poemarios la genética literaria Cruchaguiana.

Por supuesto, incluso incurriendo en una forma de innovación casi plenaria, en todo autor es posible rastrear las influencias de otros poetas y otros movimientos: modernismo, surrealismo, creacionismo, ultraísmo, etc. Otra cuestión es si la identificación de estos antecedentes es más o menos forzada y, a veces, hasta fortuita. Para evitar estos “accidentes” es recomendable y se diría que imperativo, leer con detenimiento y profundidad la obra sometida a la observación, análisis e interpretación del hermeneuta de turno.

Tal como señalábamos cuando tuvimos ocasión de analizar uno de los poemarios que han precedido al actual, Cruchaga admira y ha leído a muchos poetas y seguramente tendrá influencias de muchos de ellos, pero es difícil que se reflejen en su poesía de forma indiscutible. Vicente Huidobro es uno de los poetas cuya influencia sí se puede atisbar nítidamente en el trabajo de Cruchaga. Huidobro asimilaba la acción poética a la necesidad de entretenimiento de los dioses, una necesidad divina, lúdica, de la que brotaba la libertad creativa…pues ni el juego ni las divinidades son dados a la autoimposición de límites, cargas ni castigos. Esta potestad divina asimilada por Huidobro como creacionismo, le permitía escribir poemas como “Ella” en cuyos versos, como en una barrena que atraviesa las paredes de habitaciones donde todo es “Vacío habitado”, pero también “Antípodas del Espejo” …, se aprecia el potencial sintetizador de la sinestesia: “Tenía una boca de acero/Y una bandera mortal dibujada entre los labios/ Reía como el mar que siente carbones en su vientre/Como el mar cuando la luna se mira ahogarse/Como el mar que ha mordido todas las playas” (Vicente Huidobro, 2020/ Siles, 2019).

Hemos afirmado que, entre otros enfoques y recursos, Cruchaga adopta la perspectiva sinestésica asociándola con la metáfora para deslindar el mundo perceptivo de los límites que organizan el universo de lo aparente y superarlo atravesando la epidermis del fenómeno percibido. En ese aspecto la poesía y la prosa poética de Cruchaga adquiere una visión fractal de la realidad (Martínez Simón, 2018)  que incluso transforma su poesía en una herramienta extremadamente útil  para captar las esencias del mundo cuántico (Durán, 2017)

La sinestesia como recurso poético hunde sus raíces en la Biblia y en la poesía clásica se encuentran antecedentes de este enfoque poético: Cantar de los Cantares (oleum efusum nomen tuum), Homero (voces color lirio), Platón (oscuro oír), Virgilio, los barrocos españoles, el simbolismo francés decimonónico los románticos ingleses y alemanes, los modernistas, especialmente Rubén Darío y Juan Ramón (Schrader, 1975; Ynduráin, 1969; Cordoba, et al, 2012). Pero la amplitud del enfoque sinestésico desborda los límites de los ismos y las generaciones. Así podemos ver como Vicente Alexandre, representante de la generación del 27, integra en su universo poético la visión “fundidora” de los sentidos tanto a través de la mística de San Juan de la Cruz y Fray Luis de León como en los románticos decimonónicos ingleses. En definitiva, como Cruchaga, se trata de un poeta afincado en la necesidad de fusionarse con el cosmos (Siles, 2019).

            Así, en “Vacío Infatigable”, prosa poética introducida con una aseveración de Huidobro: “Solo como una nota que florece en las alturas del vacío”[1], la normalidad está colmada de juegos oscuros, la nieve está afectada por una desazón entumecida (de nuevo las espesuras, las densidades y la coagulación helada del agua) y los últimos estertores pueblan Coralville:

“No sé cuántos vacíos hay en los ecos, ni qué porfía premonitoria tiene el paisaje mojado de tu cuerpo: deambulo en esos juegos oscuros que tiene la normalidad, en las ebrias alturas de las hondonadas. En Coralville, respiran los últimos estertores, la desazón entumecida de la nieve junto a la voz enredada en los huesos. En la destilería de Cedar Ridge siempre hay vino blanco para derramarlo en la cripta que produce el vértigo" (Cruchaga 2021, 97)

Por todo esto y mucho más presente en su dilatada obra, André Cruchaga es un poeta tan intenso como extenso (minero que excava la superficie buscando la profundidad y trascendencia del verbo y prolífico observador de un universo donde todo está relacionado…aunque habite en las antípodas). En definitiva nos encontramos ante  un hermeneuta lírico cuyo calado existencial e insondable estética   facilitan  tanto la desazón como un sosiego sin límites … allá donde la tempestad  se coagula. 

Desde luego, Cruchaga puede llegar a provocar cierto vértigo en los lectores desprevenidos que llegan a la lectura de sus poemarios, de su prosa poética, de sus reflexiones tan fulminantes y flamantes como el rayo azul que pulveriza la oscuridad de la noche; desde territorios literarios más acomodados, desde las antípodas de la poesía creacionista donde, por el contrario,  habitan de forma más o menos armónica: la sublimación de la trascendencia y lo cotidiano, la dialéctica existencial envuelta amorosamente en la contradicción y la consistencia estética, y todo ello envuelto en el denominador común de un enfoque sinestésico.  Sin duda “Antípodas del Espejo” es una obra que no va a dejar indiferente a nadie y que constituye un original y bello ejercicio de sublimación de la existencia. 

 

Alicante, España

Marzo de 2021

 

 

Bibliografía

Bértolo, C. (2000). Mario Lacruz. El escritor que no encaja. Leer,  16(117), 72-73.

Cervantes, J. (2013). El absurdo creador (por Michel Houellebecq en ‘El mundo como supermercado’). Recuperado dehttps://amanecemetropolis.net/el-absurdo-creador-por-michel-houellebecq-en-el-mundo-como-supermercado/

Cohen, J. (1973). Estructura del lenguaje poético. Madrid: Gredos.

Córdoba, M.J. (et. al.) (2012).Sinestesia. Los fundamentos teóricos, artísticos y científicos. Granada:Ediciones Fundación Internacional Artecittà.

Cruchaga, A. (2020) Vacío habitado. El Salvador: Teseo.

Durán, A.J. (2017) Poesía del mundo cuántico (Emily Dickinson). Píldoras. Recuperado dehttps://institucional.us.es/blogimus/2017/04/poesia-del-mundo-cuantico/

Heidegger, M. (2008) Meditación. Madrid: Biblos.

Huidobro, V. (2019). Poesía de Vicente Huidobro. https://www.poemasde.net/poesia/vicente-huidobro

López Martínez, M. I. (1991).Sinestesias en la poesía de Vicente Aleixandre. Anuario de Estudios Filológicos, 14, 283-299

Lyotard, J.F. (1999). Lo inhumano: charlas sobre el tiempo. Buenos Aires: Manantial

Martínez Simón, J.R. (2018). El realismo fractal de la palabra. Recuperado de http://www.latintadelpoema.com/proverso/2018/01/15/realismo-fractal-la-palabra/

Schrader, L. (1975). Sensación y sinestesia. Madrid: Gredos.

Siles, J. & Solano, C. (2016). Sublimity and beauty: A view from nursing aesthetics. Nursing Ethics, 23(2), 154–166.

Siles, J. (2017). Cielorraso, la poesía sinestésica de André Cruchaga. Cultura de los Cuidados, 21(48), 245-246.Recuperado dehttp://dx.doi.org/10.14198/cuid.2017.48.27

Siles, J. (2019). Reseña de “Vacío habitado de André Cruchaga o la poesía como búsqueda de un lenguaje aprehensor del sentido/ sin sentido de la existencia”. Cultura de los Cuidados (Edición digital), 23(55). Recuperado de http://dx.doi.org/10.14198/cuid.2018.54.27

Siles, J., & Solano, C. (2007). El origen fenomenológico del “cuidado” y la importancia del concepto de tiempo(…). Cultura de los cuidados. 11(21)19-27

Ynduraín, F. (1969). Sinestesia en la poesía de Juan Ramón. Madrid: Gredos.

Zurita, R. (2019). La demencial apuesta de la poesía. La Razón. Recuperado de https://www.razon.com.mx/el-cultural/la-demencial-apuesta-de-la-poesia/



[1] Cruchaga vuelve a emplear un verso de Vicente Huidobro para dar entrada a su poemario “Eternidad de la Voz” Esa voz en que cae la eternidad (Vicente Huidobro en Cruchaga, 2021, 108).


jueves, 15 de julio de 2021

TRAVESÍA ARREBATADA

 

Imagen Pinterest



TRAVESÍA ARREBATADA

 

 

Con mis pasos ansiosos de caminos,

devano el ovillo de la distancia.

Mihaï Beniuc

 

 

Desde lejos el jardín gris y desabrido de las distancias: la lluvia que moja las mortajas de las nubes, el miedo audible de la penumbra a una edad, en realidad, en que ya nada importa. Atrás, el pozo quebradizo de las semanas y el evangelio de penuria de mis sentidos. Uno de a poco se olvida de los ventanales y dimite a la usura de los imposibles, a los rescoldos que reclaman los incendios. En las diversas travesías, barcos de un infierno arrebatado, se tornan esa extraña piedra pómez en la decrepitud del brocal de los sueños. Seguro que en el mojón de laberintos de la memoria, el ala se vuelve impasible en su propia oquedad.

 

De Camino disperso, 2021

©André Cruchaga


miércoles, 14 de julio de 2021

AL CABO, EL POEMA

Imagen Pinterest


AL CABO, EL POEMA

 

A Pere Bessó

  

YA no atrapes el día –no se deja,

no es tan fácil ser dueño del presente,

persistir en la dicha o detenerla…

Aurora Luque

 

 

El poema, al cabo es un suicidio contra el silencio. Yo muerdo el regazo de la noche con palabras, el carpe diem de las hemerotecas de la hojarasca, la ficción que se antepone al abismo de las semanas, a esta hora resuelta de los límites del confín. Hay un deseo de mar, de senderos encendidos como himnos de espuma y sal, como páginas líquidas sobre la arena, mitologías desordenadas aprendidas en las mareas, del horizonte que me recuerda el ulterior tiempo del desgarro. Solo puedo validar este momento y sus impurezas.

 

De Camino disperso, 2021

©André Cruchaga

 


 

jueves, 8 de julio de 2021

DANZA DE LOS SUEÑOS

 

© Fotografía de Adrian Hylka


DANZA DE LOS SUEÑOS

 

 

Y de pronto, en el centro de esta danza macabra

brinca hacia el cielo rojo, loco, un gran esqueleto,

Arthur Rimbaud

 

 

En el remolino de danza de los sueños, la savia en cascada de los cabellos sueltos de la lejanía: hacia los jardines soterrados de la batalla, la brevedad ahora del esqueleto borroso de los relojes. A veces brama el acallamiento de la sarna en un escapulario de orfandades, o musita la entraña en su delirante purgatorio.

 

De Camino disperso, 2021

©André Cruchaga



viernes, 2 de julio de 2021

SOMBRAS DEL ALFABETO

 

Imagen Pinterest



SOMBRAS DEL ALFABETO

 

  

Casi nadie ahora

junta pecios para después leerlos.

Miguel Veyrat

 

  

Ahora es flauta el eco de las sombras del alfabeto, ojo rojizo el pájaro

colgado de la ventana de las perfectas desavenencias,

del reloj desocupado en las páginas negras del aliento de fantasmas,

del corazón arrancado a las baldosas macilentas del tráfago.

En las uñas la tenacidad del muñón de las sombras y su desnudez

perpetua, el arroyo tullido de los incendios, amoratado de tardes.

Enmohecidos ángeles custodian los jardines empolvados de hoy;

en la desazón que produce el sollozo, los viejos mástiles de la parodia

y un cuentagotas de trancas al pie de la tormenta.

Al parecer alguien consagra los abismos, el vacío que nos deja

la sed inmolada  en un territorio que espera de rodillas su felicidad.

Ante el grito, los ojos que ya no miran las demasías de este tiempo,

ni la vida que se borra como esos desvaríos deformados en un burdel.

Ahora sumamos todas las desgracias de la historia y ese terrible

desencuentro de dos cuerpos que perdieron su brújula en la mesa.

Como en el invierno, pasada la tormenta recogemos los tiliches.

 

Del libro: Fuego de llaves invisibles, 2021

©André Cruchaga