jueves, 23 de mayo de 2024

CASA DONDE ANIDA EL PONIENTE

 

©Pintura -Oswaldo Guayasamín


CASA DONDE ANIDA EL PONIENTE

 

Hice sin saberlo mi propia casa, mi casa donde no hay dilemas

irreparables ni tristezas rotundas: el poema que cada día abre

la ventana y, entre las aldabas del aliento, hace resaltar el tiempo.

Cuanto se abre la vena del conjuro, el destello cotidiano

de las mochetas, la viga colmada de arcanos.

—Siempre tuve la suerte de leer entre las sombras, aquellas paredes

de monólogos fugitivos,

los días derribados por la noche, el vasto pájaro

de la razón con sus versos.

 

Alrededor de mí, los centímetros salpicados de madera y rocío,

la desnudez llovida de la eterna campana del césped.

(La casa mía en medio del caserío, hecha de adobe y habitada

por la melancolía y yerbas prendidas en los zapatos,

siempre en mis ojos como la imagen de un perro herido).

 

Igual que la respiración de la brasa, las corrientes del viento

en las sienes, el aleteo siempre tibio de lo inédito.

Cerradas las puertas es otro universo el que nos mira y retrata.

Recurrente la oscuridad, los periplos borrosos del país que tenemos,

Los topónimos eufemísticos de la inseguridad y manipulación.

 

Nunca muere la audacia si el aliento florece en el rocío;

nunca el poema deja de ser ascua, cuando éste es casa de vida

y alumbramientos.

 

 

Del libro: «Final de espantapájaros», 2013

©Pintura -Oswaldo Guayasamín

©André Cruchaga


jueves, 16 de mayo de 2024

HUELLAS DEL RASTROJO

 

©Pintura -Oswaldo Guayasamín


HUELLAS DEL RASTROJO

 

El horizonte a punto de ser mar. Sólo mar en la flor del aliento.

Al límite el ápice de la espuma sobre la piedra huye el infinito:

solo es cuestión de tiempo para que la duda se disuelva,

para que la sombra abra su cuaderno sordo de rastrojos perdurables.

Cada golpe ha endurecido los rieles de los trenes, arden

las concavidades de la neblina tras el barceo absurdo del desgarro.

 

(A veces solo recuperamos pedazos de historia, un hueso, una mano,

entrañas despedazadas, cráneos vaciados de memoria, negaciones

y soledades, destinos que se perpetúan en lo subterráneo).

 

¿Hasta cuándo se hace visible la desnudez de la sospecha?

Innumerables voces suenan a tragedia en este universo paralelo.

—Siempre la terca manía de caminar sobre pantanos,

casi al borde de las bocanas del infierno, entre alas de avejentados

crepúsculos, entre ruidos errantes y vespertinos.

En los cuerpos clausurados, sólo la huella de los rastrojos, el cielo

descalzo de las aguas y el luto como pálida campana sujeta a la piel

de las calles, calles, calles donde uno huele la tristeza.

 

En el tiempo venidero estaremos atados a otro lenguaje siniestro,

caerán persianas y baldosas para instaurar un nuevo pódium,

el país estará bajo las botas, cara sobre pared, masticando hambre.

 

Del libro: «Final de espantapájaros», 2013

©Pintura -Oswaldo Guayasamín

©André Cruchaga


jueves, 9 de mayo de 2024

THE STUMBLE OF THE LAMB

 

© Painting - Oswaldo Guayasamin


THE STUMBLE OF THE LAMB

 

 

Between the fog and the sidewalks, stumbling on fasting, angel's arcan

and their battle, esoteric basins of sacrifice. The purple breath

of dreams, some oblivion that passes scratching the wind.

When walking, however, the white rose of dew, touches the border

from my pupils, without tissues the carpentry presented.

But yea, martyrdom, death, though it be not upon mount Zion,

but in a small country that gets muddy when it goes to the slaughterhouse.

Each one, in his own way, reinvents the impatience of distress,

round evocation of longings, the moth in the eyewalls of a mutilated innocence 

and those vigils of clumsy pages horribly whipping

inexorable way sadness.

At the feet of Christ descends the despair of last night.

 

—Even in the sweat there is dignity when one stands upright:

life is only a second of wind or light.

 

On the shore of the forging of my memories, the petrified lamb

on the ember of sacrifice, the clichés black of time,

the calendar with its junk film, museums

for nostalgia, and taciturnal and stoic collectors fixation.

Nevertheless, let the seahorse of the present go away

of the broken moan of the scapulars:

it's better this way, to a perpetuity of deadly fears and darkness.

 

From the book: Scarecrow End, 2013

© Painting - Oswaldo Guayasamin

© André Cruchaga


miércoles, 1 de mayo de 2024

ENRAMADA INDISOLUBLE

 

©Pintura -Oswaldo Guayasamín


ENRAMADA INDISOLUBLE

 

Cegado el polen, el aire, la luz, disueltas las palabras, ahogadas

las esquinas del vértigo, volvemos a la irrealidad del horizonte:

el cobertizo y la chamiza acumulan sombras petrificadas,

los troncos de nuestra materia enmohecida, los días idénticos

a los azacuanes o zopilotes, los días con un crucifijo en el corazón.

¿Podemos, acaso, anunciar el desfallecimiento, el humo amargo

de la memoria, todas las noches juntas que ardieron en el desierto?

—Debajo de mis venas sostengo la pústula nocturna que mordió

el aliento, la piedra que deshizo mis zapatos, las ramas entrelazadas

con una trompeta de batallas fenecidas.

 

Cuando el día es lo suficiente claro, no se necesita de árboles

dispersos ni de candiles para que acompañen la soledad.

En los días venideros descubriremos el Ave Fénix con cuerpo

y rostro sin las cenizas de la noche.

 

Hablo con mi sombra, —claro— indisoluble en el follaje.

Mi sombra epicentro de olivos de antepasados,

desbordamientos como ceniza de tormentas acumuladas abriendo

la boca, hermosas muchachas de ensoñación, desesperada mi égloga

anciana, plumas de pájaros en las horas del día, luego la lengua

de mi prehistoria, fija, perenne, perdurable,

soportando todas las devastaciones, soportando al cuerpo que anida

aves de rapiña, dientes de humo, movedizos sonidos que hacen

del tiempo una desnudez insoportable, descendida a un campo

de fantasmas colosales, la pobreza.

 

 

Del libro: «Final de espantapájaros», 2013

©Pintura -Oswaldo Guayasamín

©André Cruchaga