domingo, 31 de julio de 2011

CONTEMPLACIÓN DE LA MANSEDUMBRE


Entre luciérnagas diurnas, la mansedumbre del peltre en el trajín
de los libros; es habitual mover las cortinas y palpar los ecos
del espejo con los pétalos del azúcar: todo lo que he amado tiembla
en mis sienes, viaja como el relámpago en los andamios del alma.
Imagen tomada de Miswallpapers,net





CONTEMPLACIÓN DE LA MANSEDUMBRE





mientras mis ojos se quiebran en el viento…
FEDERICO GARCÍA LOIRCA




Entre luciérnagas diurnas, la mansedumbre del peltre en el trajín
de los libros; es habitual mover las cortinas y palpar los ecos
del espejo con los pétalos del azúcar: todo lo que he amado tiembla
en mis sienes, viaja como el relámpago en los andamios del alma.
Ascienden las gotitas de recuerdos hasta rociar las paredes
de secretos. (Contemplo serenamente el diluvio en mis manos,
los huéspedes que ya no están, el nosotros que de pronto brilla
como un símbolo, los peces sucedidos en las aguas del alma,
aquellas conversaciones boca a boca desafiando el ocote, los corredores
sin fin de la lluvia, el mar inalcanzable del ideal…)

La luz ha ido haciendo manso el calendario; antes fue violento
el parpadeo del fósforo e intransigente la llaga del aliento.
Siempre las luciérnagas relevan los lugares visibles u oscuros;
los días de vértigo, los dejo para el sonambulismo, aquieto
los calcañales del sueño, los espejos condensados del aguardiente,
los días de escarcha que cuentan las aceras,
aquel susurro que mordió mi esperanza en la alta noche del sueño.
Cuando pasa la turbulencia, siempre vienen días de calma:
durante el día se ha perdido el aullido del suplicio; la historia
reacomoda sus almohadas,
el destino siempre es anónimo antes del presagio,
el tren que palpita en las vísceras se hace evidente: el milagro
del pájaro tiembla en la ventana, las mayúsculas que conozco en el aleteo.

Claro que la contemplación no es una cosa inerte. No. No lo es:
he tenido que tragar saliva sobre la roca, beber la intemperie
en guacales de morro, reír en el suspiro anónimo,
trasegar ciertos claroscuros en el poema, en el alfabeto,
en el día de guardar sin pensar en las estribaciones ni acantilados;
antes tuve que meterme en el cajón de la neblina para sobrevivir,
palidecer sin seguro de vida en todas las batallas: hoy llueve
y se transfiguran las palabras:
así comprendo que las tormentas pasan; es un poco, —pienso—,
el ejercicio de los manantiales, la ciencia del pecho que hace posible
diversos momentos, el aliento, por supuesto, que nunca se traduce
en víctimas, sino en un pozo de peces y recuerdos.

Ahora comprendo el faro de cierzo apostado en las mañanas,
la luz desde la altura, sin quebrase en el follaje;
la certidumbre que he erigido en la línea recta de los rieles,
el dolor derribado de la pestilencia, el martillo y los clavos de la noche.
Contemplo, sí, el aroma de mi propio traje cansado,
así contesto al desvelo, así contesto a mi sombra antes de cruzar
de nuevo las mismas calles, las calles de siempre:
las calles que anegaron de lluvia mis hombros y mis sienes…

Barataria, julio de 2011

sábado, 30 de julio de 2011

CERTEZAS DEL ABISMO


Simplemente anochece en el cedazo del aroma: cada ceniza
de mi propio estupor es certeza; cada llama que salpica es perenne
hundimiento, la respiración porosa del hambre que baja al aliento,
el fondo hacia donde muerde la ignominia, el eco del pantano
que se ha vuelto éxtasis de descalzas almohadas.
Lower Proxy Falls Three Sisters Wilderness Willamette National Forest Oregon
Imagen tomada de miswallpapers.net





CERTEZAS DEL ABISMO




—Es que currucado no me puedo dormir luego.
—Esdtirate, pué…
—No puedo tata, mucho yelo…
—¡A la puerca, con vos! Cuchuyate contra yo, pué…
SALARRUÉ, [SEMOS MALOS]




Simplemente anochece en el cedazo del aroma: cada ceniza
de mi propio estupor es certeza; cada llama que salpica es perenne
hundimiento, la respiración porosa del hambre que baja al aliento,
el fondo hacia donde muerde la ignominia, el eco del pantano
que se ha vuelto éxtasis de descalzas almohadas.
El frío aprieta como un muro condensado en los poros, como el filo
que ha copado la embriaguez en secuencia de pétalos aviesos.
De calle en calle nos perdemos en la boca de los periódicos sucios
del día; Los pies no soportan los andenes del grito, el ruido
de los grifos, la escoba acechante del suicida, ni las heces oscuras
del suplicio, ni las preguntas escritas en agendas oscuras:

(extraño los lugares seguros para dormir desnudo,
jugar a los ojos cerrados de las buenas noches, morder sin presencia
de tumbas, el ombligo sepultado debajo de las sábanas, queme recorran
el litoral del péndulo de los días felices del calendario, de la Osa Mayor
del incendio, metidos en el surco del invierno.)
Ahora no hay ya titubeos frente a la certeza: la noche empuja sus tiestos
atravesando el estanque de los espejos, el ojo que siempre mordió
las paredes del desatino
como un oficio perenne de vigilia. También el instinto que siempre
ha trabajado en lo inhóspito, olfateando el hilo de la saliva.
—Vos lo sabés cuando hay tantos agravios colgados del alero,
cuando no hay oración, sino grito que desclave el ojo del cuchillo
extraviado en las multitudes cercanas al nombre, fuegos que quizá
después gotean en la lengua como un viejo chorro de alcantaría.

Por supuesto asusta tanta morgue improvisada;
esta locura sudando en el estiércol, con los ojos salidos de miseria
e ironía, apretada la niebla hasta el punto máximo de la inclemencia,
desecho cualquier fondo blanco para un réquiem sublime.
¿De qué semillas nuevas, entonces, se nutrirá el respiro, el aliento
drenado de la toalla del calendario,
las nuevas efemérides de la madera, la razón de la luz,
el continuo peregrinar de las abejas en colmenas sajadas por la caries
sórdida, feroz cristalería de la ceniza?

Hemos llegado a un punto donde también los poros hablan,
donde la tortura se ve a flor de piel en los espejos,
los niños hundidos en juguetes inútiles, con guillotinas de irrestañable
doctrina, con visibles cántaros de terror.
Sin embargo, sed y lluvia siguen su propia batalla de estruendos:
hoy, debo confesarlo, son mayores las certezas;
polvo seremos en la saliva del aullido, noche cuando el misal
lo trague por completo el sepulcro…

Barataria, julio de 2011

viernes, 29 de julio de 2011

INCLEMENCIA


La dureza de las calles nos acecha, el gemido a la hora de cruzar
las esquinas, El Salvador entre los escombros y la sombra
de miedo, entre saliva y escupida, tumbas vivientes
que caminan como el aforismo que seduce multitudes.
Hallett Peak and Flattop Mountain Colorado
Imagen tomada de miswallpapers.net





INCLEMENCIA




y en mis cenizas mismas ardo helado,
envidiando la dicha de estos ríos.
FRANCISCO DE QUEVEDO




La dureza de las calles nos acecha, el gemido a la hora de cruzar
las esquinas, El Salvador entre los escombros y la sombra
de miedo, entre saliva y escupida, tumbas vivientes
que caminan como el aforismo que seduce multitudes.
(Lo cierto es que nadie sale ileso y absuelto de este algoritmo traumático
del caos y la muerte; nadie deja de ser su propia agonía prostituida,
aunque existan monumentos a la heroicidad y haya gente implorando
en la alcoba de los cirios.)
Nos ha tocado besar túnicas sin ningún recato: besar santos, bramar
sobre la lápida anónima, calmar la sed entre extraños ríos y fuegos,
aullar en las puertas desvencijadas del asedio.

Siento el hedor del falo de los cadáveres, el tropezón en ayunas
de sexos escarbados, gritándole al perro póstumo que husmea
en medio de la carroña: no hay días diferentes a una habitación quemada,
ni mendrugos que cuelguen de las paredes,
salvo el grafiti grotesco del viento, y la letra maltrecha del absurdo.
Cada día que pasa, la caries se vuelve invencible;
duelen los dioses de puntillas con sus escapularios, las ramas
de la noche en plena aurora, las aguas estancadas donde se bañan
las tortugas, el cadáver humano atizado por los moscardones;
alguien cocina estos fuegos desde su boca: gime el pecho, atrozmente
sin tortillas, los ojos vaciados sobre el hocico de la breña.

No sé de quién es este libreto de la barbarie: esta inclemencia
que lame los ijares, el espejo astillado del semen, la abadía desposada
por el cieno, el lirio roto del trueno
en el pleno espejo de la sábana. Todos los días el barranco
y los pelos de punta, las manos en el País de la ceniza, los ciegos
en las esquinas solitarias del crepúsculo, cuerpos entrando a los colmillos
de la noche, al granero macabro de la orina.

(Estamos solos, vos y yo, en este silencio cosido con cruces de vértigo;
solos, dentro del este vaso de extraña salmuera;
no podemos confiar ni siquiera en nuestros propios recuerdos,
ni en la mojarra ofrecida en los muelles,
ni en la hostia que tropieza con nuestra propia sombra.
Consumada está la saliva de quienes nos robaron los sueños, la gangrena
de los juguetes, la piscucha del pájaro en el campo abierto del horizonte.)
Ahora para jugar, tenemos que olvidarnos de los muertos,
saltar sobre la “peregrina” de los cadáveres, desamarrar la línea
del cordel que los ata,
volver a aprender las vocales de las huellas digitales.

Barataria, julio de 2011

jueves, 28 de julio de 2011

ETERNIDAD DE LA HERIDA


Tal vez nunca pueda asir a este País que cuelga de mis costillas,
a este País de destructiva angustia, de esquirlas, batallas campales
y ecos, de rodillas la sangre en la lengua.
Uno a uno se va acabando el goteo de los cirios, la colmena
de lo oscuro como un campana sin sueño,...
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ETERNIDAD DE LA HERIDA




—¿Qué país es éste, Agripina?
Y ella volvió a alzarse de hombros.
JUAN RULFO [LUVINA]




Tal vez nunca pueda asir a este País que cuelga de mis costillas,
a este País de destructiva angustia, de esquirlas, batallas campales
y ecos, de rodillas la sangre en la lengua.
Uno a uno se va acabando el goteo de los cirios, la colmena
de lo oscuro como un campana sin sueño, como un sonido ciego,
iglesias que nos recuerdan la risa de la lluvia,
los portales tristes de las tortillas, la vieja miseria del alambrado,
el polvo sobre la breña del hambre:
en tanto, haya tantas inclemencias, no puedo pensar en el mesianismo,
sino en el ventarrón que drena las pupilas,
en la amnesia social de la saliva,
en el hollín que nos empuja con sus llaves hacia el desvelo total
del ala, llagas como féretros del trasmundo.

—¿Qué País es éste, de ciervos y lobos merodeando en la esquina
sacrílega del susurro, escupiendo sexos fatigados,
telarañas de descalzos fantasmas, miedos y vómitos y muertos?
¿De qué anzuelo colgará el próximo espejo del pájaro aterido,
los tentáculos torpes del vinagre,
cada rostro, multiplicado, sin variante de astillas y ojeras,
solo con el grito de la calle y el suicidio, con el suplicio de la cruz
a dos manos, invocando escapularios mientras las estatuas
dominan el paisaje, la exótica ceniza de la jerga?

—Adondequiera que el ojo apunte, la herida es una flota ciega
de pálpitos, camas desasidas por el poderío de la noche,
arpas de sombríos rieles, caminantes arrastrados por lo fatuo,
carpas de matizados botones,
cacerolas con décadas de disimulos, lecciones de lágrimas.

—Como dijo Roque: “la noche vuelve con sus negruras nuevas
dejando al día roto con sus lanzas de hielo.”
Así me dejás vos, País, “sobre las banderas del odio necesario”,
con esta fiebre extraña de abandono, con el trompo en medio del rastrojo,
con el desteñido arco iris de la noche,
con el despojo negro del vuelo, incesante juego de salmuera,
martillo de la ponzoña golpeando el aliento.

¿Qué país es éste, que juega de manera amenazante al vómito, al trasluz,
a los pecados capitales del barranco, a la máscara del sembradío,
al movimiento inverso del camino, al desvelo del mapache,
al oscuro grano de las puertas y el pálpito? ¿Qué País es éste?
¿Qué País es éste que te deshace en breve la garganta?
¿Qué País es éste con ese ardor de soledad, abismo de puñales?
¿Qué País es éste, donde ruge a diario el cataclismo?...

Barataria, julio de 2011

miércoles, 27 de julio de 2011

AGUACERO DE CAMPANAS


Mientras la sangre establece su esperanza, sigo en este aguacero
de campanas moribundas, lunas taladradas de lágrimas,
sollozos de muda herida. Sigo remontando la chatarra del ídolo,
las bicicletas domésticas de las sombras.
Arrecian las semanas con bodegas de hollín; la polilla está en los ojos
Imagen tomada de fondosf.blogspot.com200906blog-post.html





AGUACERO DE CAMPANAS




Acordarse de entonces,
de heridas que se saben de memoria,…
CARLOS PUJOL




Mientras la sangre establece su esperanza, sigo en este aguacero
de campanas moribundas, lunas taladradas de lágrimas,
sollozos de muda herida. Sigo remontando la chatarra del ídolo,
las bicicletas domésticas de las sombras.
Arrecian las semanas con bodegas de hollín; la polilla está en los ojos
como un cuchillo de vinagre y hojarasca, como una parte de mí
que come la tinta del cuaderno; puertas y ombligos soportan
el aguacero del vejamen, este destino de párpados mojados, dientes
de mohoso calendario: en cada noche las venas transpiran, supuran
el aliento del búho siniestro de las campanas que lloran sin ángeles,
descalzas dentro del eco del pantano,
abismos trasegados de embriaguez, metálica oquedad en la almohada.

(Donde quiera que esté, la noche anda el camino desoyéndome,
ráfagas de gotas como piojos transparentes en la yedra perteneciente
a las piedras, sobre la tierra donde hay vagos paraguas
y ningún resguardo para soportar la náusea,
el zumbido feroz de la espesura, los sonidos reventados en el tímpano,
la esquirla que de pronto es agua líquida, llave putrefacta,
sangre enmarañada, sediciosa batalla de negaciones.
A menudo es como estar en bandos contrarios: la sensación de congoja,
el sarcasmo de la lluvia sobre mi propia miseria, los brazos largos
e inclementes de las aceras. Esta salmuera sobre las raíces,
cava sobre cuna y sepultura,
vuelve oscuro el resplandor de las campanas.)

Al cabo, cuesta encontrar el equilibrio, la imagen vivible, sin túnica
ni analgésicos, sin estertores disfrazados de esquinas y golondrinas,
sin desvaríos donde confluyen laberintos.
Siempre es una batalla venir del vértigo e ir hacia él sin aspirinas;
en otra época, ya bebí el aire en frasquitos oscuros, guardados
en antiquísimos armarios, y los minutos en calaveras solemnes.
Ahora debo caminar con mi ingenuidad heredada, disímiles caminos
del agua, badajos de rancias estrofas, catálogo de ecos
en la hamaca artificial del vaivén.

Debo oler mi propia ebriedad, el perfume del duelo que habita
en mis labios, la profecía de la sal en la esterilidad del campanario,
cada sombra que crece como una sucesión de cuartos para el alquiler,
para hospedar atardecidos cansancios, caricias de extrañas alas,
almuerzos sin manos ni semanas.
Cada aguacero de campanas nombra mis propios despojos:
el techo demasiado alto sostenido de los dientes, los pantalones
sin bolsas, la carpa donde carraspea el lenguaje,
las muchas páginas desordenadas del sueño, este vuelo sin más
que la propia niebla del eco que aletea en la conciencia.

Barataria,julio de 2011

martes, 26 de julio de 2011

ALTAVOZ DE LAS RENDIJAS


Rendijas de voz al borde de la luz, cuerpos revolviendo el fósforo
de las sílabas, amaneciendo al borde las sienes, en las sienes,
 anocheciendo junto a las mochetas, entre estos brazos esenciales
de la calle, borbotones de piel mojada en la sed de los caballos
sumergidos en las aguas, relojes ahogados en las paredes súbitas...
Imagen tomada de :
Haystack Mountain, fondosf.blogspot.com200906blog-post.html





ALTAVOZ DE LAS RENDIJAS




So look at me now, I'm just making my play
Don't try to push your luck, just get out of my way…
SMALL FACES [BLACK AND BLACK]




Rendijas de voz al borde de la luz, cuerpos revolviendo el fósforo
de las sílabas, amaneciendo al borde las sienes, en las sienes,
anocheciendo junto a las mochetas, entre estos brazos esenciales
de la calle, borbotones de piel mojada en la sed de los caballos
sumergidos en las aguas, relojes ahogados en las paredes súbitas
de la ceniza, barrotes a medio fondo del graznido, incontables trenes
 olvidados en los durmientes del alambre de las semanas.
Entre una boca y otra boca, entre unos brazos y otros brazos,
entre unos ojos y otros ojos, las caras amarillas del deletreo,
el mapa derrumbado de las vacas gordas, las aguas golpeando
con la saliva de los perros, el césped de la tristeza inundado de charcos,
sueños rotos en la breña del delirio,
incontables algoritmos sin estrellas, ascensores de secos latidos,
camisas de hambrientos árboles, poyetones sordos, derretidos,
en la sábana difunta de la cama, buscando la lengua del altavoz,
el cenicero persiguiendo las colillas, molinos de bruces en los calcetines,
que el ojo deshace en su tambor de miedo.

(En el tejado deshago el musgo del calendario, el atajo de espejos
colgado de la puerta, boca ebria del pájaro hundido en la sombra
del caracol tutelar de los lóbulos; río esperando que se abra la rendija,
el papel celofán de los navíos,
el pan destruido del cierzo, la ternura del paracaídas de la hoja,
las cruces que debilitan mi saliva, la viga que llueve como el invierno
con sus poluciones de pino y trementina.
A veces resulta sordo el desayuno cuan do hay demasiada luz
entre las bragas, cuando la mucha ropa conspira en el dormitorio.)

Debo pensar en todas las fotografías que cuelgan de mi memoria,
en la debilidad de los juramentos, en el frío que gotea en la soledad,
en la herradura del lirio tragado por las luciérnagas,
En la armónica amarrada a la sed, en los toros de la tarde que arden
perseguidos por el arnés de un fuego sin nombre: de pronto tropiezo
con la hostilidad del estiércol;
siempre sucede cuando la fiebre arrecia, y en los alrededores nada
es previsible: entre las semanas, las palabras se vuelven dardos,
piezas del rompecabezas de la conciencia; a menudo toda sobremesa
carece de identidad propia: pero sigo. Es necesario seguir
aprendiendo junto al enemigo, la ciencia sempiterna del zodíaco.

Es imposible no estar insomne frente a la imagen de los símbolos;
justo a la par de los muertos,
donde la aguja de la desgracia, nos cubre a todos como sábana derretida,
como un suburbio de martillos machacados en la piedra de moler
de la respiración, centellas asonantes de esta oscura alegoría.

Barataria, julio de 2011

lunes, 25 de julio de 2011

CLARIDAD NOCTURNA DESDE EL ALBA


Igual que el tiempo, la escritura delira en el alba, delirios
balbucientes; pese a los maleficios y la mujer desnuda que atisba
mis sienes, mis pupilas, mi cuerpo, mi cuaderno de apuntes:
sueño negando la anatomía de la levedad, los metales preciosos
de la tinta; me extravío en el claroscuro de lo visible,...
Kibune Shrine Kyoto Japan
Imagen tomada de miswallpapers.net





CLARIDAD NOCTURNA DESDE EL ALBA




no confundas el sol con la silueta
pisa amplio y hazte ojos todo el cuerpo…
ALEX PAUSIDES




Igual que el tiempo, la escritura delira en el alba, delirios
balbucientes; pese a los maleficios y la mujer desnuda que atisba
mis sienes, mis pupilas, mi cuerpo, mi cuaderno de apuntes:
sueño negando la anatomía de la levedad, los metales preciosos
de la tinta; me extravío en el claroscuro de lo visible, en cada certeza
del latido plantado en los árboles. Subvierto el yute obsesivo
que acaricia los jardines del razonamiento, este ciego puñal
que ensordece las caricias a la hora de la ducha.

(A menudo el abismo es como un reptil de silenciosos apetitos,
disfraz del tiempo que respiran las puertas. Toda claridad es la noche
próxima en las ventanas, el comienzo de otros pájaros ensangrentados.
Siempre desvarío lamiendo la piedra pómez del entrecejo,
el alba inversa en el teorema de las sábanas,
el patio de la espuma del trépano de la tristeza: la claridad absorta
de la orina sobre la piedra de la noche, sombras vegetales del epitafio
que un día se perderá entre la breña,
entre los petardos de tantas profecías inocuas. )


Por lo demás, debo detenerme a pensar en las pequeñas cosas:
por ejemplo, cuántas hostias se gastan diariamente para la estética
del alma, los edificios virtuales en la inclemencia de las moscas,
todos los abismos con insuficiencia renal,
las hormigas soterradas de su propio colectivo, el patio sin perros
a punto de convertirse en el mayor cataclismo debido al vómito
de los callejones, habitados por mendigos.
Por supuesto, hay agendas mucho más sutiles: las deudas, los golpes
de Estado, la tristeza, las demandas ciudadanas, anular el cadáver
de la anorexia, fabular los sistemas jurídicos del socorro,
masticar las contradicciones domésticas en el pocillo de café puzungo,
o pedirle a la mujer que uno ama, un trocito de cariño
para la sobremesa de la salmuera.

Al otro lado, —sea la claridad nocturna o, la nocturna claridad—,
también hay platos rotos, vajillas con residuos de fritanga, desenlaces
apoteósicos que uno ni se los imagina: bichos raros, tan raros
como esos que llenan su propio alforja con el erario nacional.

Aquí, la ambigüedad es mucho más cierta y precisa que el reloj
de Londres, que las imágenes de Botero en una plaza pública;
por eso me cubro con la ropa colgada en el traspatio, por eso respiro
tabaco para propiciar mi propia muerte,
no sea que un día me agarren desprevenido y el colapso sea inminente.
No soy amigo de las simetrías, ni de las palabras hechas de gusanos;
ay, siempre pienso en la belleza detrás de las ventanas,
en los caracteres del semen como un destello de luz sobre el pubis,
en los libros de ficción, brutales, que me sacan del letargo.
Barataria, julio de 2011

viernes, 22 de julio de 2011

RENUNCIA


Hoy renuncio a todo: a lo que tenía en mis manos; a lo que vos tenías
de mí guardado en el armario de cada mañana. Porque el aliento
no puede ser luz envejecida, porque la ilusión no puede ser lamento
de todos los días, porque la vida se entrega, en cierto modo,
con ingenuidad pura, con libertad de viento y vivacidad.
Lake Lucerne Weggis Switzerland, Imagen tomada de miwallpapers.net





RENUNCIA




Hoy renuncio a todo: a lo que tenía en mis manos; a lo que vos tenías
de mí guardado en el armario de cada mañana. Porque el aliento
no puede ser luz envejecida, porque la ilusión no puede ser lamento
de todos los días, porque la vida se entrega, en cierto modo,
con ingenuidad pura, con libertad de viento y vivacidad.
Renuncio a las lavanderías oscuras del destino y al nido de ceniza,
renuncio a los balcones cerrados, sin sonrisas, a la alforja vacía,
renuncio a los tornillos que aprehendieron las sombras,
Renuncio a todo, porque ese todo es desvalida mesa sin mantel.
De pronto el calendario es bóveda donde no maduran los alelíes,
ni las ramas del cielo convierten en sombra
toda la desnudez acumulada en el día: (por cierto que la penumbra
se ha hecho presente; el mediodía, una calle donde se pierde
la mirada, cuerpos derramados en la lengua del cielo.
Entre tantas tejas y vigas, el hollín como una pupila rotando
en cada calambre de hondonadas.
Como toda luz, la luz nos viene también de nuestra propia materia:
sin adivinar el futuro, renunciamos a esta lujuria de quemados
relojes, a la lluvia que una vez giró en el tuétano del gozo;
ruidos pujantes invadieron nuestros lóbulos, ardores atravesaron
la boca hasta humedecerla de fuegos corpóreos.)
Pero es la hora en que sin ganar ni perder, renunciamos al aleteo;
es mejor así antes de que las campanas se tornen oscuras,
antes de hacer del suspiro una carpintería de lápidas,
un hilván de reproches con encajes por el temblor de la penumbra.
Renuncio, pues, a la decrepitud que se volvió polilla;
renuncio al búho colgado de la pared de la marea de la ola,
a la contemplación del vaho cuando el humo horada las pupilas,
al relieve amanecido sin crisálidas.
(Ya no son necesarias tantas explicaciones cuando la temperatura
de la tarde baja y se dispersa en la oscuridad del paisaje.)
Como no hay frutos milagrosos, prefiero partir de lo real al olvido.

Barataria, julio de 2011

jueves, 21 de julio de 2011

EL DUDOSO PORVENIR DEL SEXO PLACENTERO*


Cualquier duda sobre el futuro del sexo es metafísica.
Habría que ver si los cadáveres tendrán vida eterna o si es sólo
parte del espejismo de nuestros días. El poeta, por lo demás,
hace el sexo con las palabras, además del día a día debajo de la sábana.
Autumn Harvest-imagen tomada de miswallpapers.net





EL DUDOSO PORVENIR DEL SEXO PLACENTERO*






Cualquier duda sobre el futuro del sexo es metafísica.
Habría que ver si los cadáveres tendrán vida eterna o si es sólo
parte del espejismo de nuestros días. El poeta, por lo demás,
hace el sexo con las palabras, además del día a día debajo de la sábana.
Por mi parte, la única duda posible es si la cópula no se convertirá
en otro naufragio en la bestia póstuma del paraíso.
Uno huele las palabras con ese fluido salino salido del bosque:
(“En la turbación de poseernos, no decimos nada.
Voy despacio, para no descargar mi fuerza antes de tiempo,…
Está encima de mí, se agita en mi pecho dando golpes secos.
Los árboles se cortan de ese modo, un golpe para hender y un giro
de muñeca para soltar el hierro después del impacto… Retumba así
contra mi pecho, y yo aguanto orgulloso largo rato, tal como aguanta
un árbol que muerde ácido el hierro que lo trunca. Así caigo vencido,
y ella también cae.”)**
No hay pues, manera de saberlo cuando el escondite del futuro
es incierto, salvo por el calentamiento global del asfalto.
Además qué importa cuando los cuerpos están siempre al ras del suelo;
y el deseo es igual a un tigre hambriento.
A menos que el planeta se inunde de eunucos y lo virtual sustituya
el sentido del tiempo y la carne: la desnudez, el reloj del ansia,
el hervor crujiente de los orgasmos…
mientras eso pasa, siempre un hombre y una mujer combatirán el frío,
beberán sin absoluciones, el desfogue de la hipnosis,
y cierto ardimiento hasta tocar el filo del incendio.
Y sabiendo que este tipo de magnetismo nos roba el aliento,
pues hay que aprovechar el desvelo de la vena encarnada, aire,
que roza sangre e ijares, campana derramada en la llama del eco.
Yo prefiero dudar de la historia y su escapulario de muertes diarias,
pero no de esta puerta de ayes, ni de su fragante tortura,
ni de ese minuto de ráfagas, donde el destino aviva
el cofre del aliento, y vuelve casi perfecta cualquier quemadura.
(No quiero que después de ser antorcha, saliva clara, espuma
rediviva, sea esa llave tiznada por cuchillos, habitación del moho,
o simple mercancía de Mercado Global,
con los altos y bajos de la Bolsa, con la especulación de la asfixia.
De todas maneras, yo si creo en el estruendo de la madera,
en el subibaja del polen, en el dulzor salado de la hoguera,
con todo el sofoco de las dudas pretéritas y futuras.
El sexo será siempre esa extraña fruta con mediodías de queso
Y aristas de crujientes huesos…)

Barataria, julio de 2011

*El título me lo he encontrado en el Suplemento Babelia, cuyo autor es Javier Gomá Lanzón.
** El fragmento ha sido tomado de la novela: TRES CABALLOS de Erri Luca, editorial AKAL LITERIA.

miércoles, 20 de julio de 2011

SEPULTADA BOCA


Para el olvidó sepulté todas las bocas que me dieron calor;
aquellas bocas que levantaron fuego en mi corbata,
aquellas bocas que repitieron una y otra vez mi nombre en medio
de la noche, —bocas amarradas a mi boca, largas tormentas
del éxtasis, ventanas abiertas a mi costado.
Sol Duc Falls Trail Olympic National Park_ Washington.
Imagen tomada de miswallpapers.net




SEPULTADA BOCA




Boca que arrastra mi boca:
boca que me has arrastrado:
boca que vienes de lejos…
MIGUEL HERNÁNDEZ




Para el olvidó sepulté todas las bocas que me dieron calor;
aquellas bocas que levantaron fuego en mi corbata,
aquellas bocas que repitieron una y otra vez mi nombre en medio
de la noche, —bocas amarradas a mi boca, largas tormentas
del éxtasis, ventanas abiertas a mi costado.
Para liberar el grito, sobrepasé la orquídea de las nupcias,
rompí pacientemente los recuerdos hasta cristalizar el sudor;
vulneré la humedad de las paredes, la cúspide, la saliva en el pezón.

Bocas en mí derribadas, el himen respirado en mis manos,
bocas desveladas, licores traspasados del gozo, rojos definitivos,
bocas acostumbradas al desvarío, espectros de esperma seducido,
bocas albas, de escapulario y catecismo,
bocas suplicantes, como el ciprés herido del deseo.
Para ya desvivirme no quiero, el golpe mordiéndome en el abismo.
Para vivir sí, el colibrí de las luciérnagas, el césped salpicado
de anhelos, la estrella ensortijada del pétalo en los dientes.
Entre una y otra boca que sacudió mis sueños, me cuido de la mortaja,
del misal que los limones exprimen en las sienes;
me cuido de las costuras tensadas de las palabras, cómplices
del estigma, diestra saliva de los espectros.

De una boca a otra, hubo nardos y cirios fatigados, suaves pulsos
y desvelos atroces, enjambres de sombras sin restañar.
A la audacia infatigable, le puse ascuas desmesuradas, dedos
suntuosos y despiadados espejos.
Otras bocas sólo fueron ese grito en regiones saladas;
nadie pudo devolverme la risa, sino la lengua troquelada de la oscuridad.
(“Huyo del mal como de la muerte, del mal que nos hacen y del mal que hacemos.
Invento pensamientos, imágenes que no veo:
Ibis sobrevolando las pantanosas márgenes del Nilo.
Suscito polvaredas en mi mente vacía, pensamientos que en vano intento iluminar;
Aturdido por eso me refugio en la oscura biblioteca,
Aún sabiendo que discursos y palabras no van más allá del mundanal riachuelo.”)

De todas formas me aparto de las monotonías: de las bocas
que no son ventanas, de las sombras arañadas del espejo; me aparto,
por si acaso, de la palidez que trazan las tormentas en los grises;
de cuanto ahoga la fragancia sin entregarse.
Para el olvido, también el humo de los eclipses, la geografía del ayuno,
las distancias conspirativas del ritual en las manos del lúpulo.
Aunque en arca abierta hasta el justo peca, me olvidé de la brisa
transitiva de las cortinas; y me he quedado viviendo, muy a gusto,
en la trastienda del polvo del infinitivo, a sabiendas de que aquí fue Troya.

Barataria, julio de 2011

martes, 19 de julio de 2011

MUNDO EN LA FRAGUA DE LA RESPIRACIÓN


De pronto nos hacen falta alas para respirar este mundo:
ganamos o perdemos la batalla, la memoria que rescatamos
de la fragua entre tantos vértigos y remolinos.
El tiempo suele ser un labio agrietado en el rostro,...
Rushing waters South Georgia island,
Imagen tomada de miswallpapers.net





MUNDO EN LA FRAGUA DE LA RESPIRACIÓN




Would you dare to take a little journey
All aboard, all ashore
At your leasure take a pleasure trip
On shore, ashore
Everybody needs a pleasure trip…
MAMAS & THE PAPAS, "MIDNIGHT VOYAGE"




De pronto nos hacen falta alas para respirar este mundo:
ganamos o perdemos la batalla, la memoria que rescatamos
de la fragua entre tantos vértigos y remolinos.
El tiempo suele ser un labio agrietado en el rostro,
metamorfosis del estupor atravesando raíces,
el idioma que aspiramos en la borrasca del muro,
las estrías rotas del cristal, los tantos bautismos circulares
de la extrañeza. —Diría que este mundo transpira múltiples laberintos
y después los disemina en el aliento de las aceras,
en la procesión acústica del polvo, en el casco estigmatizado
de los credos.( Ha sido, lucha desde tiempos remotos, buscar la luz
después del remolino de las oscuridades o sin presencia
de esos torbellinos, sólo que sin presencia de esas tormentas oscuras,
sería pose y no desgarrada entraña que tras pálpitos y pálpitos,
busca el alero —aunque sea del embudo—, para salir.
Y no es precisamente sólo tarea de místicos, ni de abades,
ni monjas mojadas silenciosamente en su sexo: San Juan,
Santa Teresa y tantos otros, que ya no están en este ámbito,
sino en la laicidad; Goethe, por ejemplo, pidiendo más luz,
envuelto en el frac de Mefistófeles: demonios tenemos
y en abundancia. Pero siempre hay un resquicio;
quizá el de nosotros más atormentado que el de la gente común
y corriente. Tampoco Descartes nos ayuda en esta búsqueda
o este sacudón del alma, con sus lengüetazos de racionalidad,
ni Spinoza, ni otros... la búsqueda sigue quizá en las aguas
del sueño de Perséfone, quizá en la claridad que queda después
que los vientos han arrasado con máscaras y labios insustanciales.
Aún así, subimos y caemos, Ícaros, sobre balcones,
verjas y céspedes: vaginas que nos abren al frío,
terribles catedrales de oscuridad. Al final, el poeta siempre respira:
ordena las semillas del aire en el odre de la rama del pájaro.)

Hay una especie de víscera rota en la lengua del brebaje
de la respiración: los poderes de la hojarasca y el hollín,
asumen la vida cotidiana, las consignas, las madrigueras,
el bajo vientre del orgasmo en un tablón de nostalgias.
A casi días de convocar, de nuevo, la alegría, viene el tanto por ciento
de la náusea, el cautiverio que el cauterio del estambre
del fuego en el espejo. Desde la ceniza o el humo,
remontamos los siglos del deslumbramiento; ¿Ha sido la lucidez,
nuestra arma secreta para enfrentar los coágulos grises
de la hostia, el quizá en pedazos de los cielos?

—Debo creer que todo, a fin de cuentas, es mero espejismo;
y que los jeroglíficos en las costillas son parte de la bestia
inscrita en las paredes, en la semilla del desvarío. Puede que,
al final del túnel, exista alguna respuesta, entre las tantas
respuestas que dan los politólogos, los tratadistas del derecho,
los economistas del espantapájaros de la levedad.
Sin duda el presente de las escaleras se mide por el número
de peldaños que tiene la esperanza.
Lo demás es la teoría pura de la inmolación.

Barataria, julio de 2011

lunes, 18 de julio de 2011

ESTRUENDO DE LA MADERA EN EL ENTRECEÑO


En medio del entrecejo, las señales fatídicas del pretérito.
El relámpago ensimismado del estruendo, que se vuelve
prontuario para ciegos; en la tabla rasa del coágulo,...
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ESTRUENDO DE LA MADERA EN EL ENTRECEÑO





En medio del entrecejo, las señales fatídicas del pretérito.
El relámpago ensimismado del estruendo, que se vuelve
prontuario para ciegos; en la tabla rasa del coágulo,
el reguero de hormigas a prueba de respiración, las aguas
del invierno ardiendo en su expiación deshabitada. En la gruta
del vértigo, yo, el barro abierto a la alfarería,
entrañas salidas del espejismo del ala, la noche que juega
a su propia piel de soledades. En cada rampa de corbatas exhala
el párpado su péndulo, las ropas de la fosa sin itinerario;
por suerte, ahora tengo a la mano ciertos brebajes,
(cada insolencia se fue en bostezo; la malicia ha sido rebajada
a escoria. Me doy cuenta que una carcajada cabe en el bolsillo;
los guijarros son solubles en mi lengua.)
Por cierto que debo pensar en mi próxima caída:
el delirio tiende a dejar de ser como ciertas coronas imperiales
o retumbos de dogmas.
Soy testigo de los retratos en sepia del oprobio: cualquier duda
hay que preguntarle a la infamia,
esa otra cara de tantos infortunios, el verdadero precio
de cabalgar en medio de la polvareda. (Así he muerto, a pausas,
escarbando en la ceniza, en el lienzo de ceniza que envuelve a la madera.)

Barataria, julio de 2011

domingo, 17 de julio de 2011

EL POEMA EN LAS MANOS DEL PÁJARO


Cuando el equilibrio falta, se hace necesario platicar
con la almohada. Sé que he perdido el tiempo
abriendo las ventanas del subconsciente;
por el fruto moriré en la inmovilidad de una golondrina,...
Imagen tomada de miswalpapers.net






EL POEMA EN LAS MANOS DEL PÁJARO





Cuando el equilibrio falta, se hace necesario platicar
con la almohada. Sé que he perdido el tiempo
abriendo las ventanas del subconsciente;
por el fruto moriré en la inmovilidad de una golondrina,
—alguien dirá que es puro patetismo, pero resulta que la lámpara
del poema, ilumina las confidencias derretidas
en las lavanderías de los garajes. El fluido del poema lo recojo siempre
de las confidencias del césped, el alma de la neblina
se encarga de darle la humanidad necesaria:
el inequívoco vuelo del pétalo en el ritual del pájaro.

Saco del armario la indumentaria necesaria, la ebullición
que brota de cada boceto. (A menudo me conmueven las paradojas,
los embudos convertidos en meros artefactos,
el poema agridulce de una limonada, los catálogos
en línea de la conciencia. Siempre que la duda se vuelve mi enemiga,
pienso en los cuentos de ficción como posibles verdades,
a fin de cuentas, la lozanía y la claridad,
son aberraciones de nuestro tiempo.)

En las manos del pájaro pongo la tinta para el grafiti.
El poema es, de inmediato, la luz más cierta de una gaviota
sobrevolando muelles, astilleros donde a ratos, el nido es página,
realidad totalmente visible. He andado por laberintos
como en una procesión de féretros; también he entrado
con las manos extendidas a los atrios donde las imágenes
sacras permanecen rodeadas de candados:
(demasiado hollín, digo, para descifrar el surrealismo de las abejas.
En la temperatura del poema, las palabras habilitan chimeneas;
sangran las estribaciones de la letra cursiva cuando alguien
quiere disolver el río de la roca.)

Hemos entrado a una especie de cataclismo: primero,
nadie está libre de pecados; segundo, la saliva no deja ver
las mayúsculas, los aerobismos del tren que llevan
por todos lados rieles de aire. Me quedo después de todo,
metiendo la neblina en costales de yute,
deshaciendo el lado oscuro de la colmena del alfabeto,
la cólera de la historia que se ha vuelto fronda,
el ingenio para hacer de la vida tantas esquirlas.
De pronto el poema se abre a los eucaliptos: imagino el insomnio
producido por el odio; los aleros crispados de los párpados,
a punto de convertirse en tortura permanente.
El pájaro no sabe que los días se vuelven noches rancias,
desechos de mortajas sin auxilio, golpes bajos del aroma.

Pese a todo, dejo que maduren los alelíes en el traspatio
de la memoria; ello me quita la breña del pantano,
esa apretada salmuera de los párpados, la vena rota del destello
prematuro. (El poema, después de todo, —como dijo alguien—,
no se hace sólo de palabras, sino con hervor de musgo,
bejucos y zanates. Se hace con la sangre madura del granizo y la noche.)

Barataria, julio de 2011

sábado, 16 de julio de 2011

OLVIDO


No hay trasfondos, sino la plenitud de un mundo muerto:
pájaros que acaban en las losas de los cementerios.
Pienso en los abismos gastados del tapiz,...
Imagen tomada de Orgon.com




OLVIDO




No hay trasfondos, sino la plenitud de un mundo muerto:
pájaros que acaban en las losas de los cementerios.
Pienso en los abismos gastados del tapiz,
el tobogán invisible del aire, el presente de los ojos
y no el pretérito con su claridad debilitada.
Ahora me resulta reconfortante el olvido:
me resulta tangible el hoy aprendido, el hilo de peces de colores
contrario a los grises, a esa copia de las puertas cegadas
por la herrumbre; el ascenso es mudanza de paraguas,
inminente escalera del alborozo. —Es mejor, me digo,
vivir la inmensidad del olvido como un trozo de cuaderno
a tantos nombres próximos al desfiladero.
Y claro, nunca es fácil, cuando hay memoria de sobra;
cuando la geografía de la oscuridad toma por asalto la conciencia:
pero el minuto es incesante paciencia frente al galope:
alrededor hay falsas realidades y crecientes dolencia.
(Me ha tocado titubear sobre los tejados; pero a cambio, hoy,
la madera del olvido domina los confines.
De otro modo, no tendrían sentido las semanas,
ni cabida la ternura, ni muelles la lluvia…)

Barataria, julio de 2011

viernes, 15 de julio de 2011

AL AMANECER ME DESVELAN LAS PALABRAS


En este resquicio del rocío, el amanecer desvela las palabras:
húmedos minutos resumidos en el perdigón del tiempo.
La verdad siempre tiene esplendor de ráfaga; la fantasía,
ebrias ficciones a punto de convertirse en silogismo.
The Road Less Traveled Door County Wisconsin,
Imagen tomada de miswallpapers.net





AL AMANECER ME DESVELAN LAS PALABRAS




Birds singing in the sycamore-trees
Dream a little dream of me.
MAMAS &THE PAPAS




En este resquicio del rocío, el amanecer desvela las palabras:
húmedos minutos resumidos en el perdigón del tiempo.
La verdad siempre tiene esplendor de ráfaga; la fantasía,
ebrias ficciones a punto de convertirse en silogismo.
Las palabras siempre con la sed de pañuelos: pulsantes vahos
del doble filo del infinito; mi ardor, sin embargo tiene grietas eternas,
 fosfóricas navegaciones, diurnos encendedores,
paredes donde escribo el destino del viento.

—Sé que un día serán polvo mis palabras, criptas mortales
de mi ebriedad, cenizas como antorchas en mis sienes. Y sin embargo,
está presente la diafanidad en mis costados, la llama del latido
restañada, las puertas con sus alas de vértigo, esa migración
de mariposas de la nostalgia. Avanza en cursiva la palabra salida
de la boca, la presencia reveladora de ciertos acordeones,
aquellos salmos blancos bajo la lluvia, las imágenes verdes
de la estación con paraguas. Toda palabra es cuerpo consumado:
un hombre o una mujer son a fin de cuentas, la embarcación,
el traje del alfabeto, el resplandor de la vida humana,
la calle profética de la flama. Al amanecer todo parece diferente,
pero no lo es: vivimos décadas de confusa muerte,
pupitres de nefasta caligrafía, hambres suscitadas de lo inexplicable,
cuadernos conjurados por la escoria.

(Vivimos días de suculentos presentes, osamentas como alfombras,
ganancia de cadáveres
imposible de guardar en graneros, costumbres de iracundos horcones,
cadáveres mullidos por la intemperie de la noche.
De pronto el enigma es confuso químico,
perorata de arrepentimientos, tintero de escorpiones.
Al final nunca se llega a nada. Nos hemos ido acostumbrando
a vivir en este tránsito revuelto, invocando desde tempranas horas
las aguas purulentas que más tarde velamos.)
El horizonte y la sed están hechas de palabras, la ternura
con todas sus sombras, aquellos labios perennes en el cuaderno
del rocío, donde el ardor del tiempo funde hambres y deseos.
Con todo, siempre es posible comenzar abriendo la transparencia,
masticar el vientecillo de la profundidad,
desnudar los poros para que sobre ellos caigan las gotas de música
de los aleros. Mientras la noche avanza, me preparo para vivir el día:
siempre al amanecer suele ser mejor el aroma de las hojas,
las calles imaginarias de la marcha en medio del gentío,
aun la mentira repetida que se vuelve verdad.
Cuando la luz prometida se hace cierta, saltan las ventanas
de su carbón nocturno. Cuando el gallo, sin saberlo,
evidencia el día, las palabras se vuelven un brebaje universal,
sopla el resplandor de la madera.

Barataria, julio de 2011

jueves, 14 de julio de 2011

MANOS SOBRE LOS PLIEGUES DE LA TERNURA


En los mismos días absorbentes, la fuerza de las manos
en la erupción de la ternura: así de sencillos los semblantes
derramados del cielo, el cortejo de lo humano
en cada luna creciente de las bodegas del pecho.
Imagen tomada de Oregon.com




MANOS SOBRE LOS PLIEGUES DE LA TERNURA




En los mismos días absorbentes, la fuerza de las manos
en la erupción de la ternura: así de sencillos los semblantes
derramados del cielo, el cortejo de lo humano
en cada luna creciente de las bodegas del pecho.
Al amparo del viento, hélices del paraguas, conjunción
de altitud palpitante. Suena en medio del silencio la hoja que cae,
suena cada pliegue de latidos,
lo inaudito que resulta la armonía respirada en los muros del espíritu.
(La tormenta de palabras se vuelve insoluble en el poema;
las manos tienen memoria igual que el manuscrito
acuñado en piedra: de cada arteria migran relojes,
el alambique del pálpito en el azúcar.)
Siempre me toca buscar, la armonía entre el páramo:
los días sin destierro, la solfa de la oruga sin puntadas de sal,
sacar los amuletos de la joroba del calendario y perdurar,
si es posible, en mi propia embriaguez. Al final, son mis manos,
mi boca, la propia batalla que libro, los almácigos acostumbrados
a crecer en medio de la breña.
(Debo elevar el aliento hacia el horizonte; ante la limpidez,
el oído ebrio de ríos inasibles; los viejos fuegos del labio,
ardido fluir de lo posible.)

Barataria, julio de 2011

miércoles, 13 de julio de 2011

ESCALOFRÍO EN LA INTEMPERIE DEL RITUAL


Desde los días de la tormenta, los despojos. Ciego grano del poro
debajo de la sábana, memoria ensimismada de los viajes,
anillos en el fantasma de los rituales,
vacíos incesantes junto al escalofrío del ritual de la vigilia.
Rustic Barn Leelanau County Michigan
Imagen tomada de miswallpapers.net




ESCALOFRÍO EN LA INTEMPERIE DEL RITUAL




Desde los días de la tormenta, los despojos. Ciego grano del poro
debajo de la sábana, memoria ensimismada de los viajes,
anillos en el fantasma de los rituales,
vacíos incesantes junto al escalofrío del ritual de la vigilia.
(Hay tiempos nuestros como dramas que transcurren sin fronteras;
paisajes de ligero pelaje, paroxismos
donde la transparencia no es ninguna gracia.)
Cruje el asterisco de las manos sin alivio,
los dominios del desatino, el ardor de la canícula en medio
de lo inaudito que es esta monotonía desierta. Alrededor de mí,
juegan el gris de los relojes, tantos siglos de granito,
calles vividas en desorden; de alegría y soledad me nutren
los transeúntes que transitan el rumor del arcano.
(En la propia impureza, también los barcos visten el asedio
del tiempo y los cataclismos del prójimo.)
Por suerte, la materia es indestructible, pese a la oscuridad que emana
del susurro gótico. Pese a todo, la reinvención es permanente:
el escalofrío es otro juego menos patético que los inventarios
de los museos, que el drama de los jardines en invernaderos…

Barataria, julio de 2011

martes, 12 de julio de 2011

ESTANQUE DEL FOLLAJE VUELTO GRITO


Y aunque el grito caiga dentro de las aguas, nada se hunde,
ni siquiera las telarañas, el cortejo de diversas máscaras
en el rostro, la sangre sobre la sal de los náufragos.
Imagen tomada de miswallpapers.net





ESTANQUE DEL FOLLAJE VUELTO GRITO




Y aunque el grito caiga dentro de las aguas, nada se hunde,
ni siquiera las telarañas, el cortejo de diversas máscaras
en el rostro, la sangre sobre la sal de los náufragos.
Como cualquiera camino devorando las palabras, los caballetes,
la mesa del destino servida en cada párpado que me amanece
colgado de las puertas. No sé si siempre son así los días aciagos:
los sueños, la nostalgia se tornan espejismo;
lo hondo siempre es un golpe a la ceniza,
hambre de roer las respuestas inútiles, los años muertos
en la esfinge, la boca sombría de los abanicos, la hoguera
de la lágrima alimentada cada día por el duelo.
En el estante de las vértebras, sopla la rotación de los agobios,
el reloj inmolado en la velocidad de los cuchillos,
la sombra que zumba como un bostezo de tormenta
tras el umbral de las ventanas. Siempre hay una salida
para la eternidad: las funerarias con cirios e hijillo; los cortejos
de lágrimas, el desván donde se disfrazan los huesos.
En cada estanque, la sed entera del desgarramiento,
Y las calcomanías del relieve…

Barataria, julio de 2011

lunes, 11 de julio de 2011

PROFUNDIDAD DE LA AURORA


Hay un rumbo en el trino de la aldaba: la aurora
que desnuda se posa en la frente; la mañana eterna
en la mazorca de la luz, diáfanas aguas para este mirar sin fin.
Imagen tomada de wallpapers-gratis




PROFUNDIDAD DE LA AURORA





Hay un rumbo en el trino de la aldaba: la aurora
que desnuda se posa en la frente; la mañana eterna
en la mazorca de la luz, diáfanas aguas para este mirar sin fin.
Me regocijo en el pesebre del azúcar,
mis manos tocan la profundidad del sueño,
surge el calor desde la neblina que va desvelando lo humano.
(Hablo del lecho que dio resplandor a mi sombra,
rama crecida en campanas y caminos.)
Cuando llega, también deslumbran las palabras,
el seno redondo del alba en la boca, el ala intensa,
íntima, del deseo. Mientras rescato los plenos poderes del pájaro,
el espíritu sale del escombro:
la boca filtra desde su esencia,
la humedad unánime del aire. (La luz siempre celebra con obsesión,
los vasos inmemoriales del ahogo,
el trasiego del credo en todo lo humano.)
cuando despierto, algo me dice que la aurora ha lavado,
los petates de la noche y que, en las aguas vitales,
hay tiempos de sed la orfandad rendida, astillero del alma
en la alforja del pecho: grano del albor consumado.

Barataria, julio de 2011

domingo, 10 de julio de 2011

TEMPUS FUGIT


Deletreo trenes en la cortina del ala de la boca,
cipreses de tormenta cuelgan de la luz,
en el pecho hay rastro de violines, vilanos colgando
del balcón agotado de la metáfora.
Imagen de David Portland





TEMPUS FUGIT




Deletreo trenes en la cortina del ala de la boca,
cipreses de tormenta cuelgan de la luz,
en el pecho hay rastro de violines, vilanos colgando
del balcón agotado de la metáfora.
El tiempo ya no cabe en los ojos: los senderos del alba
son efímeros, amanece la larva plagada de hondonadas,
aquí la claridad ida de las campanas,
en el rasguño del presente confundimos el vuelo,
los días de las semana como un bostezo,
las manos que también atardecen luego en las barandas
del día: bestias, humo indescifrado,
éter impalpable en la trastienda del paraíso.
—Siglos breves quedados aquí en la ceniza, escenas
mínimas de la flama revelada, a pie juntillas
la fragancia esquiva del aliento.
Atardece en cada pupila, sangra el trino en el zumbido,
fenece el anhelo sin redención posible,
el viaje es frágil y de desengaños, ráfaga entre lava
que se pierde en el plumón de la espuma:
“soy un fue, y un será, y un es cansado.”

Barataria, julio de 2011

sábado, 9 de julio de 2011

EL CANDADO DE LA LLAMA ARDIENDO EN EL SUEÑO


Pese a la lluvia, el candado de la llama ardiendo
en el sueño; cerraduras de nostalgia en la intemperie,
vitrales sin restañar sobre el enjambre de la ceniza.
TNG Bridalveil Fall, Telluride,Colorado
Imagen tomadada de Ocio-Networks





EL CANDADO DE LA LLAMA ARDIENDO EN EL SUEÑO




Pese a la lluvia, el candado de la llama ardiendo
en el sueño; cerraduras de nostalgia en la intemperie,
vitrales sin restañar sobre el enjambre de la ceniza.
Destierro mis olvidos. El delirio es mi única arma de sobreviviente:
en el latido del pecho, los trenes del jadeo,
el cuerpo entero contemplando la polvazón de los espejos:
el medio invierno del coito, antes del arpa seminal
de las mariposas, antes del ayuno de los párpados.
En el delirio de la flama sobre el arpa,
la tormenta cayendo en el lavatorio como un caballo de ráfagas.
Me doy cuenta que en todas partes está la luz: el paraguas
sosteniendo las entrañas, la herida reclama acechanzas,
asciende la raíz de la niebla; emprende el vuelo
inmolando escaleras, candados, y hasta la propia sal
que convoca el vértigo. Dicho está que los sueños preceden
a la hoguera. Allí hay que hacer un prontuario de relámpagos.

Barataria, julio de 2011

viernes, 8 de julio de 2011

QUIERO DESENTRAÑAR LA HOGUERA DEL PÁJARO EN MIS MANOS


Quiero desentrañar la hoguera del pájaro en mis manos,
quiero saber de qué materia está hecho el misterio
y el desvelo, las esquinas tantas veces de la muerte,...
River Mount Hood National Forest Oregon
Imagen tomada de Ocio Networks






QUIERO DESENTRAÑAR LA HOGUERA DEL PÁJARO EN MIS MANOS




Quiero desentrañar la hoguera del pájaro en mis manos,
quiero saber de qué materia está hecho el misterio
y el desvelo, las esquinas tantas veces de la muerte,
el silencio profundo que encarcela el cuerpo.
Quiero cobijarme con el fuego sin quemar los poros;
sin miedo, tocar las horas del mar en el rocío.
No sé hasta dónde las palabras se dejan asir,
tangibles al destello del pájaro,
encendidas, todas, con el barro del aliento.
En el camino que abre el sendero del poema:
el poema hecho con la almohada de las horas;
debajo de la tinta, desenredo el pubis que deshojo la voz,
la lluvia irremediable de los ecos, la materia obsesa,
sin tregua en la sangre. En la otredad del poema,
las ventanas ciegas de la noche,
otra vez el delirio en su preñez de vacíos.
Al final, transcurre, la vida y el poema, la brasa del pájaro en mi pecho,
el destello de la incandescencia en el semen encendido
de la rama inasible de los sueños: de pronto el silencio,
pétalos caídos en la sábana del crepúsculo.

Barataria, julio de 2011