viernes, 7 de mayo de 2021

SENSACIÓN DE ORFANDAD

 

©Obra pictórica de Alexey Rychkov



SENSACIÓN DE ORFANDAD

 

  

Un extenso suelo de agujeros inunda la garganta de estos días de ronca confusión. De rodillas uno arrastra las cornisas del poniente, los mares de hojas derretidas en el aliento, el carrusel de polvo de la rosa blanca sobre lo innumerable del viento. Cada palabra de tus ojos tuerce mi alma, cada polea de tus párpados, remueve los pedazos de calles en mi pecho. En alguna parte, errantes como la noche, los brazos llueven en su cansancio; forcejean los oídos en un muelle de raíces oscuras. Desde el pecho hablan los candiles apagados, espesa la niebla, rota toda el alba y su fuego.

 

Del libro: Fuego de llaves invisibles, 2021

©André Cruchaga


miércoles, 5 de mayo de 2021

LA ESPINA Y SU INFINITUD

 

Imagen FB de Pere Bessó



LA ESPINA Y SU INFINITUD

 

 

aún queda mucho tiempo por delante:

entre dos luces pueden verse aún

jirones de las sombras que llevamos.

Carlos Pujol

 

 

Nada es nuevo en esta polución de huesos sobre la hoja que desciende

del recuerdo, ni viejo el árbol desnudo del invierno

en su espeso sendero de tierra, estanque donde leemos espejismos.

En medio del agua de río, procuramos limpiar el muro de piedra

que respiramos en un firmamento de noche-día, paraíso y muerte.

En la tumba de nubes de la tormenta, saqueamos el nicho de la sombra

de la morfología tantas veces presente de la duda.

Nunca dije que fuera fácil cruzar el bosque de fuego y a su vez callar

la tormenta posterior a las asimetrías de la expiración.

En todo hay un juego perverso en un desierto de criptas circulares,

una cueva que nos pierde, un infierno obsesivo de asedios.

En la luz de la undécima hora necesitamos reinventar los precipicios,

o, al menos, obligarnos a dar testimonio del destiempo que sabe

a atrocidad, arrecia la bruma y nos acribilla, mordisquea el forcejeo.

Ya desde la entraña, la espina empieza con su infinitud.

Ya desde la cadena, uno solo percibe los excesos del delirio.

.

Del libro: ‘Fuego de llaves invisibles’, 2021

©André Cruchaga


sábado, 1 de mayo de 2021

NADA PUEDE RESTITUIRME EL BRILLO

 

Imagen Pinterest




NADA PUEDE RESTITUIRME EL BRILLO

 

 

El que entrevé el enigma del nihilismo,

también podría entrever una estrella fugaz y asentir.

Kostas Axelos

 

 

No hay tal paraíso ni cielo en esta acumulación de fantasías fugaces.

Es irónico transitar sobre pupilas de espejos aletargados,

quedar inmune ante los ojeras de los relojes, sin desafiar la inútil

gloria de este mundo: hay altares de hierro sin estupor alguno.

En el fósforo del día se pudre el pecho de los cadáveres y es triste

la carraspera de desnudez de los lenguajes derramados en el asfalto.

En el círculo de la liberación la lejanía es la única cobija de la noche,

la forma en que nada es, o solo el miedo.

Uno tiene derecho a desilusionarse y cavilar en lo ascensores.

Ningún incendio es tan cierto como el dolor corroído de la orfandad,

ni la desesperación tan cerca del metal de la locura, tan de piel

la tragedia del infierno y los ángeles con danza y sus propios ataúdes.

Si algo es verdad, entonces, soy un payaso y santo remedio.

Pero tengo unos ojos que se cansan de andar entre escombros.

Unas rodillas indefensas ante el trueno, un jadeo de arenas y alas seniles

como migajas de una bandera rasgada por el golpe de polvo del poder.

En realidad, nada puede restituirme el brillo de tanta estatua insomne.

.

Del libro: ‘Fuego de llaves invisibles’, 2021

©André Cruchaga


miércoles, 28 de abril de 2021

CRECIERON Y MURIERON LOS JARDINES

 

Imagen Pinterest



CRECIERON Y MURIERON LOS JARDINES

  

 

Esos ojos de frío no me mojan la espera de tu llama,

de las escamas pálidas de ansia.

Vicente Aleixandre

 

 

 Siempre buscamos el escondrijo de la leña quemada del andrajo

en el nudo del ansia de los días que parecen interminables ánforas.

Nada es igual a los ojos decapitados del ahora.

Te esperé por años en este territorio: crecieron y murieron los jardines,

otros jamás volvieron a este sordo silencio de miserias para enjugar

sus lágrimas: hasta el rumor de la compasión hiere al alma.

Sí, el ojo se perdió en la sedosa desnudez, cálida, de la adolescencia.

Aquel nido ahora es ruina frente a mis ojos cansados.

Nunca volviste o te hiciste invisible en el plato vacío de la puerta

amortajada: desde la cobija de olvido, solo puedo asir el frío

con sus dedos de alfileres mutilados, con su desagüe de antorcha

gastada, con su murmullo de estanque contenido en las vísceras.

Nunca volviste, es cierto. La espera se fue convirtiendo en un aguijón

indescifrable, en una hoguera de sinuosos espejismos.

Junto al grito, creció la duda con su pálida geografía, la vigilia,

y más, las distancias en el país que nos duele amorosamente.

 

Del libro: Fuego de llaves invisibles, 2021

©André Cruchaga

 


domingo, 25 de abril de 2021

A MERCED DE CAMINOS DE HUMO

 

Imagen Pinterest



A MERCED DE CAMINOS DE HUMO

 

  

A lo largo de los caminos de la noche avanza la cohorte

de aquellos que tienen países y como último recurso

los abandonan dejando atrás sus rostros.

Sylvie Fabre G.

 

  

Estamos a merced de los caminos empinados del humo, ya sin país, solo mirando pasar los sueños, hundidos en calles desabrigadas, suspendidos de un hervor inmóvil e insomne. A ratos únicamente nos salva el umbral de los recuerdos, aunque persista el pupitre de la bruma y el olor a trompo desdibujado por ráfagas de hojarasca. Aquellos sin orfandad no conviven con la noche, ni conocen el adobe amortajado de la esperanza, ni el bullicio del hambre que corroe despiadadamente los zapatos. Negros relámpagos se avecinan; y no son precisamente pájaros, sino la calavera de la rosa en el cuero de la ruina de los candelabros.

 

Del libro: Fuego de llaves invisibles, 2021

©André Cruchaga