viernes, 6 de mayo de 2022

BELLE ÉPOQUE

 

© Obra pictórica de Jackson Pollock


BELLE ÉPOQUE

 

 

…sobre los charcos dejados por la marea como trozos de un espejo roto, después, tras ellos comenzaban las luces sobre el aire pálido, temblando un poco como mariposas que revoloteasen en la distancia.

William Faulkner

 

 

Dentro de la caja del tórax el tiempo que nunca fue nuestro, aunque lo quisiéramos: entre maniquíes y pajar la fábula como astillas enloquecidas, el laberinto monzónico de las perplejidades frente a la ventana. La usura nos llueve como un escapulario en medio de las manos, todo el óxido de las abstinencias con los nombres borrados en un bocado de espinas. Somos nadie en este país asolado por la peste del odio y la mentira; perdimos la identidad en la avaricia enarbolando la desmemoria; sin panes para multiplicarlos danzamos en la embriaguez de las cloacas indefinidamente. Danzamos siendo pasto de la noche, esbeltos como un grito en los dominios del fuego, tallados como el desquicio de un espejo: la brasa borró las huellas del sueño a la velocidad en que se pierden las entrañas y cordura. Solo nos queda abrazar el imaginario de la jauría con su parloteo de taberna.

 

Del libro: “Ahora es de noche y tú no tienes nombre”, 2022.

©André Cruchaga

© Obra pictórica de Jackson Pollock


martes, 3 de mayo de 2022

TURBIEDAD DEL TIEMPO NUESTRO

 

© Obra pictórica de Jackson Pollock


TURBIEDAD DEL TIEMPO NUESTRO

 

No sé cómo llamarte con esta memoria de pespuntes al trasluz del tránsito y el olvido: las letras del alfabeto amordazadas me devuelven el moho constante de adjetivos que no le sirven ni siquiera a la noche. Tampoco me dicen mucho los días de la semana enredados en esta piel de aceras deshabitadas; para mi tristeza carente de ventanas y pájaros, un blues de John Lee Hooker, Ma Rainey o Muddy Waters. En el devenir del granizo se desvanecen nombres y caminos y el grito que a menudo delata la carne. Ante el sordo jadeo del tiempo, siempre las turbiedades del simulacro en el desgano gótico de una centella. Jamás la claridad puede leerse en el alma de un urinario ni la felicidad en el asma de un lavabo.

 

Del libro: “Ahora es de noche y tú no tienes nombre”, 2022.

©André Cruchaga

© Obra pictórica de Jackson Pollock


domingo, 24 de abril de 2022

ALGUNA VEZ, SOLO ALGUNA VEZ

 
Imagen FB de Pere Bessó


ALGUNA VEZ, SOLO ALGUNA VEZ

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Alguna vez, entre tantas mutaciones, las horas y los ahoras,

con su camuflaje ávido de extravíos y texturas en el paladar;

alguna vez, el silencio como perro amaestrado y su mística

de ojo desolado, flor oscura en el espejo de las adversidades;

alguna vez, la espera como una cama sedienta de bocanadas,

el desborde de la luz desde un árbol,

desde el carraspeo avergonzado del espejo en la penumbra;

alguna vez, la ropa tirada al suelo y sus lamentaciones de harapo,

el alma en la penumbra como residuo de tortilla,

el cuerpo envenenado y su aritmética empapada de pesadillas;

alguna vez, la angustia afilada frente a las sombras del desuso,

entre la repentina baratija de la tristeza y el pavor del espejo,

y la boca con todos los fríos que propicia la fuga, el cuchillo

de un paraíso incierto, el despertar desnudo a la orilla del sendero

de diálogos confusos y esfinges de atroz ficción;

alguna vez, solo alguna vez, la luz y el agua, las doce noches

de las raspaduras, la mesa en fuga del desmayo, la calle ávida

de irisadas vallas y pancartas, de gestos circulares de espuma.

Alguna vez, el ojo del desmayo en la cama, superado en insomnio.

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De: Como quien pide luz o pide agua, 2021-2022

©André Cruchaga


sábado, 16 de abril de 2022

©Obra pictórica de Jackson Pollock


EL RECUERDO ES UNA MANCHA EN EL CUERPO

 

 

Sobre las hojas diseminadas sobre la mesa, veo los espejismos,

las palabras que nunca dijeron tu boca, la respiración cortada

tras el disfraz, la máscara de siempre como el discurso

en un sótano, imposible de entender en la oscuridad ofrecida.

En el desorden de la noche vuelves y te sumerges en mi cuerpo.

Cavas en mi sueño silencios espesos, silencios que articulan

humedad en mis ojos y dejan una huella de sal en la boca.

No distingo tu cuerpo entre las estrías de la lluvia: el frío atraviesa

el espejeo, mientras los ojos se curvan de sospecha.

Hay zonas oscuras que se desprenden de los recuerdos.

Ahora, por cierto, entiendo la opacidad y los artificios de aquellos

días, los pedazos de paladar, el corazón desvanecido de la juventud

y las alas que fueron hipnosis y quemadura, tentativa y ahogo.

Uno capitula en la continuidad del animal sin brida que nos golpea

hasta el asco, de los perfumes íntimos que nos exorcizan.

En la oscuridad delgada de la piel y la boca, es inútil la alternancia

del tiempo en los dedos, es inútil la espera en la materia.

Es inútil el ardor cuando el óxido ha hecho su guarida siniestra.

Es inútil buscar sin saber dónde habitamos o extirpamos

las palabras que le dieron fisonomía a nuestra propia historia.

Es inútil explicarle al aliento la diferencia entre deseo y realidad.

 

De: Como quien pide luz o pide agua, 2021.2022

©André Cruchaga


 

sábado, 9 de abril de 2022

OSCURA LUZ DE AUSENCIA

 

Imagen de la red


OSCURA LUZ DE AUSENCIA

 

 

tal vez preguntas algo, y en tu boca se duerme

como otras veces la trágica y oscura luz de la ausencia.

Miguel Arteche

 

 

De un bar a otro escribes la ausencia en una servilleta raída

por la lluvia, manchada por sombras de bocas lejanas, moribunda

escritura donde se disuelve la penumbra ennegrecida de aquel lago

de espejos bordeándote la cara.

Escribes las cosas que nadie desea escribir, mientras la luz arde

en pasillos estrechos, indiferentes, inundados de obsesiones.

Tu cara apenas se mira en medio de un pozo de humo.

Nadie te oye el sinsentido, apenas la lenta perversión de la carne,

las imágenes borrosas que se cruzan entre risas sinuosas.

Las palabras suenan como una voz aturdida,

desarticuladas en charcos de agobios, de un pintor de brumas

apocalípticas, de lengua que lame el patíbulo de la asfixia.

En tu boca la turbiedad amarga de las horas, ese sabor de bar

envejecido, tan real como una nebulosa destrozada de pupilas.

Escribes atravesando las orillas del semen, corroído

por la avalancha de recuerdos trágicos, por el vórtice de penumbra

de un puñado de fuegos fenecidos irremediablemente.

Sobre el andén de medianoche, el poema decadente, las pesadillas

líquidas de los tragos y la fotografía aún con muchas preguntas.

Al final, solo esa luz oscura de los fantasmas en el poema.

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De ‘Como quien pide luz o pide agua’, 2021.2022

©André Cruchaga


miércoles, 23 de marzo de 2022

ENCUENTRO INEVITABLE CON MARC CHAGALL

 

Marc Chagall, Autorretrato


ENCUENTRO INEVITABLE CON MARC CHAGALL

 

 

No sé si sus lunas son de agua o de extrema lucidez. Tampoco sé de esos animales a un milímetro del coito de las crucifixiones blancas, —dice usted—; a través de la ventana y, sobre techos de teja, un violinista que de seguro padece de neurosis, pero no de esclerosis. Un circo es un circo y los clowns siempre tienen bigotes extravagantes y una sonrisa incurable. En una carne azul de sed, veo al poeta Apollinaire sosteniendo las vértebras de la sequía, algunos falos y vulvas colgando de un escapulario. En una carrera de trapecistas, nos olvidamos de la fiebre de los recién casados, de la audacia de la saliva deslizándose en las entrepiernas del ahogo. En los puños de una flor, el amor, una cesta de panes y peces antes de caer al abismo, una virgen entrando al Arca de Noé.

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De ‘Como quien pide luz o pide agua’, 2021.2022

©André Cruchaga





miércoles, 16 de marzo de 2022

FLORACIÓN INSOMNE

© Obra pictórica de Joan Mitchell


FLORACIÓN INSOMNE

 

 

 

 

..hay un taller que fragua sin cesar tu muestrario de máscaras.

Es un recinto que retrocede y que te absorbe exhalando el paisaje.

Olga Orozco

 

 

 

 

Y pues, otra vez, el galope del clamor infamante en la tierra.

Allí, donde conviven los balcones del poniente y la memoria.

En el farol amarrado a trenes ebrios, el agua en la mordedura

insaciable del destino, la luz sorda entre callejones.

Vivimos en la certidumbre del camino encontrado, revelado

el designio, más allá del mundo habitado por la conciencia.

Vivimos sosteniéndonos en una tierra de negaciones,

sin que la claridad alivie las oscuridades.

Las palabras se nos pierden en ese vórtice de luz mortifica.

En las pupilas el agua abrasa el aliento de las ramas del alma,

los ojos que esperan en su claustro, el reverdecer de las ventanas.

Nadie habla junto a mí frente a la puerta de las estribaciones.

Nadie en la profanación del país escuchando su pecho.

Desde el rescoldo de las floraciones insomnes, los trapos del agua

picotean la voz del paisaje: afloran los  recuerdos.

De todas las señales en el rostro, el murmullo tibio del viaje,

como una callada fogata en las imágenes rotas del despojo.

Así son las formas desdobladas de las cicatrices, la potestad

de huesos en el filo del desasosiego, agrio de hogueras de extravío.

 

De: Como quien pide luz o pide agua, 2021.2022

©André Cruchaga


 

martes, 1 de marzo de 2022

OJERAS DE LA NOCHE AZUL

 

Imagen FB de Pere Bessó


OJERAS DE LA NOCHE AZUL

 

 

En las ojeras de la noche azul

Pere Gimferrer

  

El tintineo de las monedas del viento sobre el cielo del bosque de las pinceladas, destiñe la voz, pero no la sed. En la cocción, el cuerpo de sal golpea las armaduras del agua, la piel a contraluz de los ojos de las sombras como las puertas de las que habla Guillaume Apollinaire, “las arterias hinchadas”, la tormenta desplomada sobre la calles de las venas. En las ojeras de madera de los jinetes de piedra, los caballos azules de la noche, esa liturgia interior de pedir agua hasta derribar el polvo de la sequía.

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De ‘Como quien pide luz o pide agua’, 2021.2022

©André Cruchaga


viernes, 18 de febrero de 2022

PÁJARO MIGRATORIO

 

Fotografía: André Cruchaga


PÁJARO MIGRATORIO

 

 Ahora, el caballo verde de las tormentas sobre la madera absoluta de los sentidos es como la sombra indecisa del tiempo, el galope en la entraña, el gua vigente de la sangre no rendida, ese otro universo, entonces, de las palabras electivas de los ojos. Después de la infancia, la inocencia arrebatada por fechas y calles: miro el murmullo de sus gotas, entre cercos y manos y tierra. La voz se hace vieja en su oficio, al igual que, lentamente, el pulso con su mapa de olvidos. De hecho, solo escucho la campana desdibujarse en la memoria y los guijarros que horadan el rastro de los sueños.

 

De: Como quien pide luz o pide agua, 2021.2022

©André Cruchaga


lunes, 14 de febrero de 2022

VIVIR ES SER

 

©Obra pictórica de Marc Chagall


VIVIR ES SER

 

 

Vivir es ser.

Juan Gil-Albert

 

 

Y en las calles las aguas y los sueños frágiles, la noche embriagada

de ojos junto a esa clara farsa de novela que nos capitula.

Solo viviendo, quizás, uno reconoce lo sucedido en la garganta,

la fábula de demencia que testifica ser en el ojo petrificado

de la hojarasca, rostro y espejo a la vez, se ven desangrarse

en la cuerda de vacío de la boca frente a los imaginarios.

Uno nunca responde las preguntas de las alambradas, del mismo

espejo que cambia con la edad levadura y ventanas,

del tedio de las generaciones olvidadas, o la imagen deshecha,

en el pómulo de luz de los pañuelos: todo lo resumen las persianas

y las mamposterías de polvo en los zapatos,

y las huellas de piedra que van dejando los parques interminables

de los domingos: todo es extraño cuando se han dejado atrás

las infancias, el coro de campanas que roza el rostro.

En los pensamientos, de cierto, no hay buena suerte, ni azar,

sino un trajín que templa la casa que construimos con decoro.

Somos el camino y sus estrépitos como amantes que se adentran

a la página que se escribe día a a día para ser ropa y horizonte.

Somos, pues, en el vivir, pese a que la noche desate sus furias.

 

De: Como quien pide luz o pide agua, 2021.2022

©André Cruchaga


domingo, 6 de febrero de 2022

ENVOLTURA DEL DESATINO

 

©Obra pictórica de Franz Kline


ENVOLTURA DEL DESATINO

 

 

Durante el lento día,

tu mente está abierta como un cajón de cuchillos.

Suburbios, años te han enterrado.

Philip Larkin

 

 

En los ojos, los caminos transitados e incesantes, el río derramado

en las ojeras, la voz aún como bitácora del libro oscuro

de la noche, las calles colmadas de mundo, sin reposo alguno.

Transitamos mientras nos tritura la imagen diversa de Dios,

las carnicerías enrojecidas de las ventanas y la tierra.

Golpeamos el fregadero de los periódicos con manos de sequía,

una gota de ecos, cada vez, se hace tardía en la voracidad

del animal que somos, del animal invisible, desorbitado, famélico,

que se masturba en plena tormenta del vórtice de las baratijas.

El aliento se abre como un vientre que explota de demonios.

Crecemos azotados por las plagas de los invernaderos.

Miramos fríamente el “fluir de un arroyo símbolo de la virginidad

y la bestialidad en el corral de las ovejas”. Los mismos bordes

del desatino, ahí, y las pinceladas vanas del paraíso terrenal.

Castramos a los pretéritos desde los premolares del pecho,

y colgamos, —en lo posible—, las palabras al nudo de recuerdos,

junto al ocote omnívoro de las aguas o el fuego.

Después, es solo caricatura, la sombra pétrea del cuerpo.

En la medida del sobresalto, la eternidad se amorfa en el cenicero

de la envoltura del propio desacierto, en la espada del río

de las fugacidades, en aquellos huesos que carecen de reemplazo.

 

De: Como quien pide luz o pide agua, 2021.2022

©André Cruchaga

martes, 1 de febrero de 2022

ESPEJO DE TIEMPO

 

©Obra pictórica de Marc Chagall


ESPEJO DE TIEMPO

 

 

…Y alimentar el tiempo,

con esa conjunción de transparencia

que se convierte poco a poco en desnudez.

Efi Cubero

 

 

A menudo nos resulta errático el rastro postergado de la soledad.

El hueco cavernoso fundado en las costillas.

Un invierno de navajas en el girasol carcomido de un ataúd.

El tiempo en las manos enciende huellas de silencio y desnudez.

Nada más cierto que las palabras cuando propician la memoria,

y borran, —al menos al azar— cualquier ausencia.

Absorto ante mis propias limitaciones, el azogue resbaladizo

del infinito sobre la oscura crispación de los insectos.

Sobre el asfalto de las mareas, los meses emprenden su huida,

hacia la muerte asistida de las grietas.

Nada es casual en esta turbulencia de palabras en plena tormenta:

contra la rosa derruida del puñal, el fruto sutil, desmesurado,

de las ciruelas perforadas por esquirlas de insomnio.

—A ratos, del vértigo de la noche, emerge mojada la rama

de los latidos, como el escaparate desollado del ansia.

Entonces me doy cuenta que también en el barro habita el tiempo.

 

De: Como quien pide luz o pide agua, 2021.2022

©André Cruchaga


viernes, 14 de enero de 2022

ALTAR DE POLVO

 

Imagen Pinterest


ALTAR DE POLVO

 

 

Entre los dedos la geometría del agua del sonido, quizás la tierra

prometida, desparramada en la fotosíntesis de la piel.

quizás la luz en húmedas luciérnagas, amarillas lunas en la noche.

Quizás las espinas secas en los bolsillos, un mundo que nunca

se intuye su sabor, un viento regando su aroma en la cama

de las intemperies, un marcharse de la memoria y el tintero,

un sendero en donde solo caen las hojas de los árboles, sin mayor

aspaviento, la noche acumulada en el polvo de las ojeras.

Todo es simple como los huesos que florecen en la sequía,

uno apenas los lee en las paredes o en una botella de quimeras.

Cada quien camina y se detiene a ver desde las esquinas

el reflejo del fuego de todos los infiernos que nos avientan

al destierro, sin poder eludir el sinsentido de las cunetas.

Vivimos siempre en una especie de despedida endémica:

nadie nos nombra ni siquiera en el dolor genético del cadáver

de los ojos que dejaron de pertenecernos en lo visible.

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De ‘Como quien pide luz o pide agua’, 2021.2022

©André Cruchaga


jueves, 13 de enero de 2022

OTRORA LAS VENTANAS

 

Imagen Pinterest


OTRORA LAS VENTANAS

 

 

 

 

Nadie se acercó a las puertas y ventanas derribadas de los ojos, ni al esqueleto de rocío que ha dejado indivisible la infancia. Me asustan los cirios agujereados por la sospecha, mientras rezonga la hoja que cae del árbol. Seguro hay indicios de cansancio en el bostezo del vuelo de tanto sollozo y asco. Junto a mis propias precariedades, la total ausencia del pudor frente a las viejas consignas del cuerpo. Como en un reloj de rabiosa destrucción, la felicidad y los reproches, el vuelo como un rara avis. Siempre desoí al pájaro del sangre del poniente, mientras se acumulaban en el pecho las garras del desvarío.

 

De Camino disperso, 2021

©André Cruchaga


sábado, 1 de enero de 2022

UNDÉCIMA NOCHE

 

Imagen Pinterest


UNDÉCIMA NOCHE

 

  

Desde esta cueva húmeda que es mi garganta aprendo un canto nuevo, siembro.

No dispongo de tiempo para morir, tengo que cuidar a otros para limpiarme.

Katia Rejón Márquez

 

 Nadie dispone de más camino que el trazado en la hoguera

de los sueños del pájaro saltando en la undécima noche de la pira,

ni de los frutos secos de las palabras en el hueco de las horas.

Hay un vacío de árbol o sombra en esa llama de campana fría

alrededor del tiempo imaginario.

A esa hora nos parece escuchar una música de adioses.

Mientras el corazón comparte su silencio, su tenaz lenguaje

de sonambulismo, su legión de cipreses: ahí la duda, la muerte.

Una gaviota remolcada en el pecho, una garganta apretada

de grises, un sermón de goteos al borde de un fonógrafo

carcomido en el cielo sucio e invisible donde solo hay periódicos

con clasificados que nadie lee: recuerdo el ungüento musical

de algún blues, una sonata de barco descuidado a la orilla del agua.

Entre una hora y otra, juega el corazón devorando peces.

Juego aquí mientras amanece: soy una criatura a merced

de la tierra, entre nostalgias y libros que quieren reinventarse

como un follaje de luciérnagas, como una puerta que nos recuerde.

 

De Camino disperso, 2021

©André Cruchaga

© Imagen Pinterest