martes, 10 de marzo de 2020

DISTORSIÓN DE LA MIRADA

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DISTORSIÓN DE LA MIRADA




A través de mis manos desemboca la oscuridad del asfalto.
Por doquier el plato vacío como los hartazgos del moho
en un machete: en las ojeras ahumadas de la mesa, el hambre
ceñida al horror del paraíso prometido.
Nunca a mis ojos fue extraño el argumento a un mejor destino;
y mientras eso no sucede, sigo aquí, desvivido en el espejismo,
o en los veleros miméticos del espejo.
A ratos se asoman a mis ojos enjambres de vacas.
A ratos los muslos tuyos sin diluirse en mi boca de sombras.
A ratos la quemadura de tu aliento en el desvelo de mis venas.
Una cueva de insectos amenaza los siete círculos del fervor.
En mi cama bailan salpicadas sin tiempo mis pupilas.
Por si acaso, la imagen del trasiego me sirve de testigo.

Del libro: Umbral de la sospecha, 2020.
©André Cruchaga


sábado, 7 de marzo de 2020

SAN SALVADOR EN MI PECHO

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SAN SALVADOR EN MI PECHO




No hemos nacido para el canto sino para el acopio
de las palabras en el rechinar de 1os dientes.
Enrique Lihn




San Salvador con sus bestiales juegos de palabras y ritos feroces.
San Salvador enclenque en las cunetas del sueño, desteñido
en los ojos de la infancia, en los callejones donde está la muerte.
Nada me hace pensar diferente a lo inmundo de este Paraíso,
cuando muge el dolor y proliferan los embustes.
En un petate de desamparo, las simetrías de lo inexpresable,
las uñas con sarna de fatiga, el lento bostezo de las cicatrices
y los sudarios falsificados del abrazo.
Entre dientes y bocas de despropósitos, San Salvador, calamitoso,
torpe en el deseo que aguarda, asustado en la penumbra.
A veces cansado en las arterias del despojo, entre añicos de voraz
absurdo y homicidios, inasible en la ternura.
En las noches, un somnífero hace la diferencia para evocarte.
.
Del libro: Umbral de la sospecha, 2020.
©André Cruchaga

miércoles, 4 de marzo de 2020

DISCURSO REVELADO

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DISCURSO REVELADO




Ofrendamos esta suerte de prolongar el clímax de las calles.
En lo humano del dolor, cada queja se fue haciendo oscuro río.
En cada grito una cripta dolorosa, una tumba de mar, aquí,
en las sienes, un tren de féretros amargos en la boca.
Nada dijiste antes a la espera. Nada a la sombra muda del llanto.
Nada a veces la piel, sino el abrojo de niebla en las mañanas,
el cansancio de lo que no tiene límites y se prolonga, quizás,
como un litoral de sueños.
Mañana ya no estaremos, tampoco el castillo de naipes, ni aquella
litera tangible de tibias cobijas. Ni el pelo en la sopa.
Será como la ceniza, torpe destino. O urgida llaga.

Del libro: Umbral de la sospecha, 2020.
©André Cruchaga

lunes, 2 de marzo de 2020

PRESAGIO DE LA ANGUSTIA

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PRESAGIO DE LA ANGUSTIA




Ya solo me queda la escarcha del sudor de todos aquellos días.
Llevamos a cuestas la tragedia de los ataúdes y la oscuridad
de una tragedia: grito sobre la pared de fuego de la rosa,
o sobre los guantes tumbados en mi boca.
frente a la túnica de las furias, los barrotes secos de la esperanza.
—Ahora ya no menciono la quemadura de peces en la piel,
ni el azufre de tu sangre en mis brazos, ni la tierra que nos espera
por igual, en la hora undécima del filo.
Voy solo y en silencio poniendo la otra mejilla. Cesa la luz.
Voy con mis zapatos mortales, hacia el mayo de mi natalicio.

Del libro: Umbral de la sospecha, 2020.
©André Cruchaga

domingo, 1 de marzo de 2020

DESPUÉS, LA DESHORA

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DESPUÉS, LA DESHORA




La vida en tiempo se vive, tu eternidad es ahora, porque luego,
no habrá tiempo para nada.
Luis Cernuda




En el instante de pensar en lo remoto, los jardines dormidos
del destino, y el río en el que uno no se lava dos veces
los genitales. Entramos con sigilo a lo recóndito de la vida: es nada
esta suerte porque cada día tiene su misterio. Salvo la desnudez,
todo se desdibuja al final del día.
Ya se nos acaba el tiempo pensando en la eternidad, sin alcanzar
ese paraíso insondable: aquí, solo hay acumulación de noches,
la suciedad que dejan las tormentas, el perro transeúnte
de la bruma, la sospecha en la boca de la sombra, el escombro.
Abro, ahora, mi alma. Después todo será holocausto, o pañuelos.

Del libro: Umbral de la sospecha, 2020.
©André Cruchaga