viernes, 23 de marzo de 2018

NOTICIA DEL DESAMPARO

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NOTICIA DEL DESAMPARO




 “ (…) nuestra palabra, que anduvo nuestro camino,
que murió nuestra muerte,
y que en todo momento descubrimos”
Jaime Sabines





No creo en la piedad animista sobre todo cuando estoy
en la cuerda floja de actor de circo,
de circo jugando constantemente a la ruleta rusa,
tras los días perdidos en la escena última de la absolución.

—Dirás que exagero, pero es que a menudo siento alegría
cuando pienso que vendrá la muerte,
a bailar junto conmigo en la noche.
Lo digo en serio cuando empiezo
a contar todas las pequeñas cosas que me rodean:
desde la madrugada voy y vengo,
toco la piel de las carátulas de mis libros,
leo el periódico desde las cuclillas de la oscuridad,
ardo gratuitamente en la hosquedad de los escarabajos;
y aunque no lo creas,
me río del zipper que se remonta a los vacíos.

A la hora de leer los escombros,
muere el concierto del jardín,
el violín con nuevo vocabulario,
—todo es una confusión absurda—
el crepúsculo en calma del poema que escribí ayer
en medio de tiliches,
maduro en su prematura orfandad.
El desamparo no deja de ser
lápida de ceniza, o paraje de agria saliva,
un juego confuso con letras mayúsculas
y minúsculas, con erratas,
y ventanas falsas donde no escapa
ni el humo de las colillas.
Al cabo debo auxiliarme del diccionario
—no puedo repetir ciertos nombres—
ni confundir los juegos sucios del traspatio.

La sedición de los sueños me deja perplejo:
la bestia de estos sueños
me hiere con su coz,
vivimos asociando cierta hostilidad,
sumando estoicismo a la amargura.

Después de todo ya me acostumbré a estas horas ciegas.
He aprendido a caminar de puntillas
sobre la ceniza de mi claustro.
(En la primera plana, la memoria y su lúgubre fuego:
la indefensión y su caricia hosca,
las desapariciones forzadas en el pantano del País.)

Barataria, 2012
Del libro “BLUES”, 2012 (inédito). 140 pp
© André Cruchaga
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jueves, 22 de marzo de 2018

VACÍO HABITADO

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VACÍO HABITADO




Desnuda te crean las palabras. Entra el tiempo  
en tu ombligo, hacia los misterios de la dentadura.
Así insobornables palpitan las legumbres del vacío,
La ropa de la combustión,
la lección seminal del despilfarro.
En tu pecho juego a cazar lo vívido,
el redondo tránsito del olfato.
En los húmedos pastizales de lo inminente,
el ruiseñor de la carne y el alma en su forma insondable.

Si con la lluvia crecen los hondos ríos del recuerdo,
al otro lado del trapo de la gravidez y el vaho,
los puentes diluidos
en el jengibre de los negros huecos de mi anhelo.
(Siempre el rastrojo o los vacíos nos desandan.)

Desde siempre me tocó caminar entre horizontes despeinados:
el pozo enmarañado de los paralelos,
la aurora en las ramas de la noche,
sin más certeza que la voz del mar en el acantilado.

Aquel ámbito fue llenado con ausencias y transeúntes
subterráneos. Con extrañas poluciones y ataúdes.
(A veces sólo ahí donde tintinea el aliento,
en ese mundo táctil del alumbramiento sedicioso.)

Durante acostumbrados espejos esperé la claridad y el aire.
Esperé en puerto, rehacer la historia,
la niña con sandalias de sol,
la página del viento en el turbante de pescadores inefables:

¿Existes siempre erguida en mi tosca hoguera de coníferas?
¿Estás del mismo modo que las certidumbres?
—Con la boca aprendimos la ebriedad de las aguas tetelques,
y esa necesaria revelación de cada instante.
(Admitimos la lascivia de la brasa como la siempreviva
del retumbo y despertamos exangües de destrucción,
interrumpidos únicamente por el reloj al borde del pecho.)

El tiempo —a fin de cuentas— nos camina
y nos sumerge en el surco de la respiración
sin clemencia alguna:
los vacíos derraman el confín,
—de nosotros, se esparcen líquidos los mástiles
y el ave que aguarda al día.
(En la cumbre esparcida del jadeo de las sombras,
el árbol, el jardín, el mar y su cuerpo en movimiento.)

Barataria, 2012
Del libro “BLUES”, 2012 (inédito). 140 pp
© André Cruchaga
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miércoles, 21 de marzo de 2018

NINGUNA ETERNIDAD

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NINGUNA ETERNIDAD




Aquí ni siquiera el frío se junta con la nostalgia,
ni hay asilo para el alma:
todo lo devora o disfraza la mensajería efímera
de las luciérnagas, la postal de ceniza,
o la simple vigilia que asciende
como una condena;
—diremos que las estaciones son campanas efímeras,
hilos de irrevocables ecos y laberintos.

En realidad, nada sostiene
cada uno de los juegos de la inocencia.
En los costados hay piedras de tiempos sangrantes
y agitados firmamentos.

A más días, sólo atraviesa el olvido como ave de mal agüero,
como todo lo que sabe a remordimiento,
la escarcha en la boca,
o aquel desierto a dentelladas entre los dientes.
¿Quién nos juntó para hacernos vulnerables
cada día frente al espejo?
¿Quién nos arrojó a esta crueldad maldita del páramo?
Quienquiera es devorado por la fuerza de la sal.

El miedo nos obliga a vivir entre la polilla del tabanco.
Cada uno atraviesa  estaciones de trenes y puñales:

(Minutos sin amuletos en el frío del pecho,
O espejos de estíos
al borde del umbral derramado en los ojos.)

Debajo del paraguas, la trampa de los relámpagos.
Las mismas tijeras habitadas de las sastrerías,
la tinta en el patíbulo del faro de los girasoles,
los tatuajes deshabitados de toda ternura,
las malezas del circo y sus atavíos enardecidos.

(De cierto, no me sirve la eternidad y su silueta de antro.
No luego de deshacer los huecos de las estanterías,
No sobre la mesa deshabitada de los sueños,
no cuando las palabras crecen en extravíos,
no cuando el morbo desatada ciudades de fiebre.
Somos en lo transitorio la repetida historia de las hambres,
aquello que permanece en duelo,
y en la misma distancia sonámbula del viento.
Ayer era ciega la sed, ciega la esperanza en la risa.
La carne se hace necesariamente postrera;
y ciertas las certidumbres del desvanecimiento.
Ahí donde el bosque de la noche se desata,
la hoja cae testamentariamente en las aceras.)

Barataria, 2012
Del libro “BLUES”, 2012 (inédito). 140 pp
© André Cruchaga
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martes, 20 de marzo de 2018

SECRETO

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SECRETO




No desvelaré las zonas oscuras del naufragio,
las poleas del tizne,
ni el enigma que encierra el silencio,
algas de niebla ni el abismo de la lejanía,
los pozos fatigados de los ojos,
ni las substancias amargas que aúllan,
aguas enfermes de barbasco,
ni la fiebre de la demencia,
fonógrafo de espaldas a la boca:

ya es suficiente el pensamiento en permanente agonía,
ya es tristeza compartida la puerta de la noche,
ya el cristal del agua se ha vuelto interminable ruido.
Ya lo inefable dejó de ser follaje clandestino.

(En todo aquel fluir, ahora que recuerdo cada palabra,
hubo perplejidades más atroces que una garganta rota,
meses de sexo estrepitoso,
viajes tan absurdos como una tormenta rompiendo
la garganta propia de los desasosiegos.
Siempre así, al límite el camino desatado y desandado,
el andén dominical de las campanas,
los pájaros nómadas del extravío y su ortografía.
—Recuerdo la flor de la sonrisa al cerrar los ojos,
y los ríos que resbalaban en tus alas.
Sin duda la piel se abría al aguacero, sin que la claridad
perdiera su brillo.)

En medio de todo el aliento desenrollado,
no diré la clase de tarántulas que existen en el infinito,
ni la fotografía encanecida frente a los ojos,
al riel amarrado al cuello,
ni la perseverancia del goteo del río,
cruz y funeraria, áspero centelleo,
ni cómo los caminos se pierden en un reloj de espinas,
ni cómo la luz puede ser un pan torpe en la boca,
estación de hongos:

ya hubo demasiado insomnio en el pañuelo del horizonte,
ya los colores hicieron su propia síntesis en los trenes:

por cierto, en la próxima estación,
bajaré el fardo de esqueletos. O la resaca de mi demencia.
O el caballo de gritos apoltronado en las pupilas,
o la sucesión de vacíos en la entraña.
O aquel espiral de vértigos en plena madrugada.

He aquí los secretos del júbilo y los absurdos,
el vía crucis de la aurora. Y las iniquidades del olfato.

Barataria, 2012
Del libro “BLUES”, 2012 (inédito). 140 pp
© André Cruchaga
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lunes, 19 de marzo de 2018

TIEMPO RECONSTRUIDO

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TIEMPO RECONSTRUIDO




Los orificios de la noche esparcidos en el insomnio del trueno;
en este aliento cautivo de sábanas,
las palabras reconstruyen, —en las estribaciones del hambre—,
el tiempo que vendrá sin intemperies,
será desnudez total el hilván en los ojos:
en este jornal del tránsito,
la alegría entre los labios compartidos,
no el apremio a disolver los adjetivos,
ni la humedad de los nombres.

Ahora el aliento se va habitando de girasoles negros.

Ya no puedo imaginarme la mudez mordiendo los ijares,
porque todo es de día cuando transcurre la lluvia,
el cuaderno y la tinta,
gemelas hasta la próxima estación de los olvidos.

(Sólo quiero, pese a los mordiscos del frío, continuar la marcha:
seguir viviendo en el aire de tus manos.
Aunque perviva en los alrededores, el ladrido de los desgarros
y la prisa del cuerpo no alcance a discernir las ignominias.
Nunca nos perdonamos esta vigilia abrupta de los deseos,
ni los precipicios eternizados en el suplicio.
Siempre ahí la esperanza desasida y los embustes.
Las extremas cadenas penetrando los huesos,
el diluvio de desmanes disfrazados de huerto comestible.
Sólo quiero amanecer sin pocilgas y tatuajes,
consciente del tiempo negro en mi piel.)

Dejar que ambas sombras descubran su propio estertor.

Todo al parecer pierde sus alas entre tanto incendio.
Las bodegas húmedas del pecho de donde escapa el infinito,
la reconstrucción de la desnudez al momento
de inventariar el lenguaje,
las semanas que nos imaginan madurando entre graneros.
Pese al alba, la noche y los féretros y su danza,
y este sentido de castración en el desván de la memoria.

Barataria, 2012
Del libro “BLUES”, 2012 (inédito). 140 pp
© André Cruchaga