martes, 31 de enero de 2017

ANILLOS DEL HUMO

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ANILLOS DEL HUMO




En las sombras encaramadas en las sienes, el matorral y los sótanos negros
del humo, los élitros gastados en la lengua de polvo
de los sombreros colgados de los armarios como pacíficos guijarros.
Con frecuencia uno se reduce a lápida mortuoria, a ese mudo hueco que dejan 
los gritos a flor de piel, a esa oscuridad que hurga en el poyetón de los ojos.
Nos sacuden las fisuras que producen los martillos en las paredes.

El país ha aprendido a hacerle costuras a las sombras, a morder la corteza
del óxido, y a asomarse entre huesos a las quemaduras.

Uno va indagando entre las tantas arqueologías de las telarañas.

En el humo encorvado de lo improbable, las austeras inclinaciones
de la descomposición, y los pequeños caminos que levanta el follaje de cipreses.
Sobre el pavimento las grietas mudas de los ojos.

Oigo el fuego y enmudezco de ojos: la calle nos consume con su deriva;
después, ni siquiera he podido recuperar todos los cadáveres, las nostalgias,
ni una sola piel de todas las que poblaron mi tugurio.
Uno es, después de todo, las tantas formas en que se enrolla el hilo del tiempo,
el anillo de humo enrollado en las pupilas como lo haría el búho
con la niebla difusa de las anguilas.

En suma, se vacían aquí todos los murmullos. Tal vez mañana sea diferente
la geografía y, la conciencia, tenga los contrapesos necesarios.
El hastío nos ata al punto de llevarnos al límite hasta de lo más diminuto.
Barataria, 06.XII.2016

domingo, 29 de enero de 2017

ESCEPTICISMO


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ESCEPTICISMO




Alguna vez, en lo descampado del escalofrío, el sentido del amanecer:
la mística gris de los caminos es el oráculo de mi entraña.

En la ilusión, el mundo y sus infinitas encarnaciones, el universo secreto
del dolor, sus torbellinos de olvidada quietud.
A través de la mirada van diciendo adiós todos los nombres que he conocido.

Hundido en los vacíos de los atrios, las manos nubladas de los cadáveres,
oscura la mugre de los gemidos,
escéptico frente a las longitudes del abandono. El ojo ilustra las paradojas
de la oferta y la demanda, de cuanto el ala lo es en el viento.

De pronto, soy solo tierra y angustia, miedo omnipotente a las sombras
del desgarro, miedo a esta vieja lluvia del exilio.

Las calles guardan todas las sombras desatadas de la ironía. Los espejos
de polvo y sus falsos estupores. Los ocasos y la perennidad irremediable.
Quiero una sola palabra que no sea olvido.

Ya no sé si puedo interpretar el ahora, y abrigar el lenguaje de mi desnudez.
A veces ya no quiero sentirme ahogado por las enredaderas de la tierra,
ni sobreviviente de la labor de los crepúsculos.

Yo camino hasta allá donde están los pequeños caminos olvidados.
(Vivo en la palabra real, univoca, unitaria, sin ningún juego de purismos;
entiendo la oscuridad y sus catástrofes y su alma ininteligible.
Lo único que me salva es no tener respuestas para el absoluto)…
Barataria, 03.XII.2016


sábado, 28 de enero de 2017

LOS VACÍOS DEL TEXTO

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LOS VACÍOS DEL TEXTO




A mis espaldas
tiembla la intensidad de sus desnudos Beso a beso la crueldad
multiplica los incestuosos arcángeles
¿Para atemorizar el placer? Para ocultar con lienzos enlutados
su delicada impudicia?
Aullemos como malditos cerdos con las patas en alto
La sudestada avanza Mi lengua, seduce los oscuros entre soles eróticos
Maria   Meleck  Vivanco




Importa lo que escribe el poeta  en el quehacer de escritura, pero interesa más el lector porque a fin de cuentas es la persona que desde su experiencia de contacto con el texto hace sus propios correlatos. Las relaciones que mantiene el poeta con el lector son de suyo importantes dado que el texto, cualquier texto constituye un acto de comunicación.  Lo dicho nos lleva a un escenario particular: los vacíos que deja el escritor en el texto y que el lector debe llenar, las expectativas y conexiones que debe hacer y la indeterminación de lo definido e indefinido. El comentario resulta de esas inferencias a los vacíos, a lo no dicho, pero que, al entrar al poema y desmenuzarlo adquiere las múltiples posibilidades de explicación. Otro elemento que cobra vida es la remisión a la extra-textualidad que se concreta en lo no escrito pero que subyace en los interiores del texto. El acto de lectura crítico, por lo demás, son ocupados por ese lector que opera desde el lenguaje. Agreguemos a ello lo que está allí: una realidad informe y experimental, agazapada del mundo, referencial. Todo se complementa con las perspectivas del lector. No podemos negar que existe otro elemento vital, el poema como provocación de la historia real respecto de la historia ficticia. Quien en realidad tiene la fuerza creadora para dinamizar el texto es el lector, aunque con ello se caiga en interpretaciones relativizantes, es decir, elaboraciones que hace el propio sujeto lector y que pueden no coincidir con el común. Tomemos el caso del contrapunto de “PREHISTORIA DE LOS PÁJAROS”, texto al cual nos referimos: “(En las larvas del picotazo, el tiritar avasallante de los pájaros, el país/ rupestre de las pupilas en la intemperie, las hechicerías alrededor/ de las grutas, la obsidiana reducida a ceniza./ En las cercanías del aliento, nos indigna el moho, las promesas de ceniza,/ la escarcha quemada de las alas. A menudo hay silencios profundos/ en los ojos, silencios reducidos al sigilo, silencios inmóviles./ Sobre los cipreses huyen los vuelos, antes que se congelen las jaulas./ En los colmillos del ruido, feroces las bocanadas de desaparecidos./ Se amarillean los agujeros de mi respiración./ Estornudo todo el polvillo del miedo y la oscuridad; golpeo las cáscaras/ del miedo, cortejo las tenazas de los alacranes, veo el cortejo/ de las tarántulas y los espejos pulverizados de lo inefable./ En el trueno de la embriaguez, los nahuales palabrean el fuego./ Cerca de los tijerazos de las sombras, es bueno cortar los reumatismos.)” “Los pájaros” no son los pájaros que estamos acostumbrados a ver; lo “rupestre”, no es en el sentido estricto de lo rupestre, el concepto nos conduce a la revisión del significado con ciertas prácticas sociales, al igual que el sintagma, “promesas de ceniza”, etc. La tesis, entonces, es otra y no la del texto poético como objeto clásico. Está el horizonte del poeta y el horizonte del que recepciona la obra (lector). Así, el poema, es materia modificable por cuanto el lector lo hace a partir de su navegación por el interior de las aguas del poema. El acto de leer nos lleva a una reconstrucción del sentido de la obra, por lo que la misma puede tener varios sentidos y varias reconstrucciones según sean los lectores. No sólo es la poiesis en el sentido aristotélico como gozo estético, es una provocación y liberación de las fuerzas u horizontes que emanan del poema. El lector es quien se desplaza indeterminablemente en el texto (sea poema, narración); supone, por lo demás, una constante búsqueda. La escritura apelativa y polifónica lleva implícito un receptor que debe participar de su acto creativo. Los conceptos o realidades tienen sentido en la medida que configuran lo extraño, lo distinto, lo otro. En cierto modo, todo acto creador pasa por una vía purgativa, otra iluminativa, y, la iluminativa, tal San Juan de la Cruz, con su Noche oscura. En mi calidad de poeta me corresponde derramar los céspedes desnudos de la flama y morder el río de los astros, desterrarme de mis propias realidades, pero al final, son quienes me leen los que diseccionen todos los silencios en mi poema.
Barataria, 28.01.2017

viernes, 27 de enero de 2017

ESTRECHAS ABERTURAS

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ESTRECHAS ABERTURAS




Entre la niebla pálida de las semanas, el caracol de los sueños y su estrecho 
margen de maniobras: desde las ventanas, la carpa desnuda del delirio,
y las infancias abriéndose camino sobre el asfalto o el cemento.
Es dura la simulación de la risa, o la mueca de la boca, añeja de mundos
y basureros. (Uno lleva el luto como un candil perenne de tumbas);
no se necesita de mucho para saber de dónde emergen las cucarachas,
los alaridos, esta historia que arranca las frondas del regazo
y nos deja en abandono e intemperies.

Igual que los espejos rotos estos fragmentos de escamas prendidas en alfileres,
igual que las lecciones de las alcantarillas los gusanos blancuzcos
de los cuchillos, la risa confeccionada para complacencias, o el cuervo suicida
afilando las estrías del entrecejo, los cielos oscuros cuando cruzan las arañas
todo el azul pedregoso de los párpados.

(Uno se harta de tantos apiñamientos y del zorro subterráneo que aparenta 
distancias con los cadáveres. Duelen las mordidas de las bóvedas
y esa naturaleza de hojas amarillas en el camino.
Siempre resultan difíciles los caminos de la neutralidad, el sacacorchos
de la furia para golpear el infinito, esta batalla de piel donde solo hay granito.
El reino nuestro está ciego de esparadrapos, ciego de neblinas y calvicies.)

Aquí, abajo, es estrecho el sendero. No descomunal como suele ser la barbarie.
Hay hartura siempre que la oscuridad permanece como apéndice de puertas.
Es fácil perder el aliento cuando el musgo se apodera de los huesos.
Barataria, 2016

miércoles, 25 de enero de 2017

REMOTO HORIZONTE

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REMOTO HORIZONTE




Sofocadas las bisagras del tiempo, nos queda sin duda, la tenacidad del granito,
y sus largas columnas de puertas.
¿Cuánto verdor se apaga en nuestras pupilas? ¿Cuánta luz oscurece en el ala?
En el promontorio del oleaje, las alambradas como lengua de acantilados,
como charcos de difuntos abrigos y comensales.

Todo el horizonte aglutinado en el asilo hecho añicos de mis sienes.
Nada está próximo, ni siquiera las paredes cuyos ataúdes me han velado.

Sobre el esqueleto del camino, los dominios amarillos de la mueca, o el óxido
del búho, tras la exhalación de rincones de la embriaguez.
En los oscuros ámbitos del umbral, la prisa repartida de las palpitaciones,
y esta terca manía de golpear los retumbos y sacudirle las hojas al infinito.
Ahora es como querer poner las manos sobre la corrosión.

Sí, juntar los cuatro brazos del vacío y expirar en los tambores de la duda.

(La realidad acaba por ser otra cosa. Nunca son livianas las estatuas
en las rodillas. Ignoro si hoy es más sencillo saltar sobre los lugares del fracaso,
o regresar a la mueca para armar otra comedia.
Uno puede hablar de todos los jadeos pronominales sin aspavientos;
Quizá darle coherencia a los esfínteres y a esa larga letanía de desgracias.
Jamás he podido entender la boca afilada de los ecos, el estado febril, múltiple,
de todas las estampidas del arrebato.)

Ante lo distante ya del más alto calor del aliento, cabe entonces, abrir
la ventana sólo para que no muera el olfato, ni el tiempo.
Barataria, 28.XI.2016