martes, 20 de octubre de 2026

ENTRE ALAMBRADAS CRUZÁBAMOS EL ATAJO

 

André Cruchaga, El Salvador


ENTRE ALAMBRADAS CRUZÁBAMOS EL ATAJO

 

 

 

 

Entre alambradas feroces cruzábamos el atajo: queríamos hacer un solo cuerpo.

Bajo nuestra quimera se fundaban los cimientos y ventanas de una casa

que nunca fue, una casa lejos de la ciudad y la noche. Una casa solamente para

la alegría. «En medio de la sangre me persigue ese rostro,

su pie1 por la que corre el agua», su pecho, labios y cabellos: un susurro brota

de todo su silencio, sus muslos envolviéndome con su aroma de pino.

Cuando cruzas el atajo —pienso— ya no te reconozco, una hoguera de silencios

y olvidos me envuelve, un estanque de silbidos acribilla mi memoria.

Algo se va muriendo en mi alma, aunque juegue al trapecio.

Es como si ya no existiéramos ni los niños que un día fuimos.

El País ha cambiado, lo que antes dábamos por sentado, ahora es lejanía:

no hay tiempo para soñar, el desencanto ha ido destruyendo paulatinamente

la vida ciudadana: la muerte nos enseña que somos mercancía y la pobreza,

UN RUBRO MÁS DE DONDE SE ALIMENTA EL PODER.

A esta hora si regresaras, sería para apostarme en tu pecho de funeral,

en tu pecho que ayer me cantaba y llenaba los vacíos.

 

 

Del libro: Los que resistimos a la penumbra, 2026

André Cruchaga


No hay comentarios: