sábado, 2 de enero de 2010

CERTS MANIQUÍS SOMRIENTS

Aquest sossec inerme, erm, sense articular o foradar el llenguatge.
En certa manera la història és així quan es torna fòssil.
Quan per damunt de l’home drecem la barbàrie.
Ilustración tomada de la web

CERTS MANIQUÍS SOMRIENTS
poema d'André Cruchaga traduït al català per Pere Bessó




Una masa flotante
se mordía el pulgar en las noches de insomnio
acercándose a la apariencia humana
¿Qué ráfaga de miedo me atravesó el cerebro
cuando empezó la expulsión del paraíso?
TERESA CALDERÓN






Certs maniquís somrient damunt de les escates fredes de la neu.
Certs vagons damunt de la gebrada de les vitrines.
Certs adéus sense commoure la boca.
Certes gomes de mastegar com paraigües de la llengua.
Certs udolaments colpejant les finestres.
Certes marinades com els telons d’una tomba.
Certes fotografíes desfent la tinta dels meus ulls.
Certa la cadira, tornejada, blanca, amb dos petges
Sostenint la cullera incisiva de les meues dents.
Els ocells volen des del tapaboques de les meues mans. Patinen
I mosseguen les burilles primes de balcons.
De cert, les onades graten els llavis; castanyeja la pell a dolls.
[Et veig feliç tot i que brame el meu esperma. Sóc un vianant
Sense parallamps de fusta…]
Davant d’algunes imatges ens bolquem cap al buit.
I fins i tot ens disfressem a l’ara d’èxtasi. En l’alteritat
De la líbido. Clar que el trompitxó dels ulls resta al mateix lloc
De la follia. En certs banquets de la ubiqüitat.
I tanmateix, és com el balbuceig en desbandada.
Aquest sossec inerme, erm, sense articular o foradar el llenguatge.
En certa manera la història és així quan es torna fòssil.
Quan per damunt de l’home drecem la barbàrie.
Tota vida passa per la respiració subliminal
De certs espills hipnòtics;
De certs dobles per a guardar la supervivència.
De certs diccionaris per a saber les petites dosis de tendresa
Enmig de tantes paraules definitives.
No et culpe si has arribat a la fila índia de les afàssies
Del somnambulisme, a la gespa traumàtica de les ortopèdies.
En el món de hui, allò traumàtic és diferenciar-se.
—Així inaugurem l’extraviament i les paradoxes. La desigualtat
De la carassa, o la textura de la boira.
No podem, però, proclamar la desafecció als nius.
No podem enfonsar-nos en el toc de queda de la intempèrie:
L’escriptura és resistència. Sol il·limitat del solc.

En els dies sense llum, la terra crida. I no és la caverna, el bàlsam
O el mescle. La guitarra sense formigues.
[Fins ara, ningú no respira la teua epidermis, ni les teues axil·les;
Però l’atmosfera obri el seu musell d’ensinistrable boçal].
No vull que sigues ni ser, “el gos que acarona la mà que el castiga”.
Ni les domèstiques sabates de la nit,
Ni l’absència en els moments que la líbido es torna magma,
Ni carraques que només pedalegen un instant.
Hui es fa necessària una vida exemplar: una vida on poses
El sucre dels teus sostenidors al servei de càmeres intel·ligents…
Baratària, 27.XII.2009




CIERTOS MANIQUÍES SONRIENDO





Una masa flotante
se mordía el pulgar en las noches de insomnio
acercándose a la apariencia humana
¿Qué ráfaga de miedo me atravesó el cerebro
cuando empezó la expulsión del paraíso?
TERESA CALDERÓN





Ciertos maniquíes sonriendo sobre las escamas frías de la nieve.
Ciertos vagones sobre la escarcha de las vitrinas.
Ciertos adioses sin conmover la boca.
Ciertas gomas de mascar como paraguas de la lengua.
Ciertos aullidos golpeando las ventanas.
Ciertas mareas como los telones de una tumba.
Ciertas fotografías deshaciendo la tinta de mis ojos.
Cierta la silla, torneada, blanca, con dos patas
Sosteniendo la cuchara incisiva de mis dientes.
Los pájaros vuelan desde la bufanda de mis manos. Patinan
Y muerden las colillas delgadas de balcones.
De cierto, el oleaje raspa los labios; castañea la piel a raudales.
[Te veo feliz aunque brame mi esperma. Soy un peatón
Sin pararrayos de madera…]


Ante algunas imágenes nos volcamos hacia el vacío.
Y hasta nos disfrazamos en el altar de éxtasis. En la otredad
De la lívido. Claro que el trompo de los ojos queda en el mismo sitio
De la locura. En ciertos banquetes de la ubicuidad.
Y sin embargo, es como el balbuceo en desbandada.
Ese sosiego inerme, baldío, sin articular u horadar el lenguaje.
En cierta forma la historia es así cuando se convierte en fósil.
Cuando por encima del hombre enrumbamos la barbarie.
Toda vida pasa por la respiración subliminal
De ciertos espejos hipnóticos;
De ciertos dobles para guardar la supervivencia.
De ciertos diccionarios para saber las pequeñas dosis de ternura
En medio de tantas palabras definitivas.

No te culpo si has llegado a la fila india de las afasias
Del sonambulismo, al césped traumático de las ortopedias.
En el mundo de hoy, lo traumático es diferenciarse.
—Así inauguramos el extravío y las paradojas. La desigualdad
De la mueca, o la textura de la niebla.
Sin embargo, no podemos proclamar el desapego a los nidos.
No podemos hundirnos en el toque de queda de la intemperie:
La escritura es resistencia. Sol ilimitado del surco.

En los días sin luz, la tierra grita. Y no es la caverna, el bálsamo
O el almizcle. La guitarra sin hormigas.
[Por ahora, nadie respira tu epidermis, ni tus axilas;
Pero la atmósfera abre su hocico de adiestrable bozal].

No quiero que seas ni ser, “el perro que acaricia la mano que lo castiga”.
Ni los domésticos zapatos de la noche,
Ni la ausencia en los momentos que la libido se vuelve magma,
Ni chicharras que sólo pedaleen un instante.
Hoy se hace necesaria una vida ejemplar: una vida donde pongás
El azúcar de tus sostenes al servicio de cámaras inteligentes…
Barataria, 27.XII.2009
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viernes, 1 de enero de 2010

Línea de trenes

Noches, ríos, fuegos oscuros con eco de caracoles precipitados…
Combates ahogados en la tempestad de la miel, en los panales
Autor de la fotografía: Antonio José Abril Milena

Línea de trenes





Apagadas todas las luces es posible
Escuchar gemir el ave nocturna
En su oídoCÉSAR MORO

La peur et le courage de vivre et de mourir
La mort si difficile et si facile
PAUL ÈLUARD





Miro las calles ahumadas con sus fotografías. El camino falso
Del viento, el ojo sobre la hoja sepia.
En la harina de los relámpagos la luna se derrite.
Noches, ríos, fuegos oscuros con eco de caracoles precipitados…
Combates ahogados en la tempestad de la miel, en los panales.
Los sueños tardíos en el temblor de las manos.
La boca entreabierta: el racimo de luciérnagas confundidas.
Los relojes imaginarios colgados en las paredes del agua.
En los rieles de los trenes, en los vagones líquidos de la salmuera.
No importa el insomnio cuando el hálito atraviesa las puertas,
De ese tirar botellas como velas al ocaso.
Estar consciente y ver lo inverosímil de las películas, la inocencia
En la clave morse de ciertos arquetipos.
No me conformo con los melodramas que enfatizan en el artificio.
Prefiero las calles con su oscuridad excéntrica,
Ver el ego despavorido de los perros,
Hacer nudos anfibios con el pulgar de los ciegos,
Morder la gelatina de la ciudad con el aliento de hipopótamos,
Quizá subir al cielo trepando por el cierzo o la niebla,
Romper las cartas que guardé, —chatarras de mi propia carne.
Ahora sólo veo esa línea de trenes cruzando en mi sueño:
Hilo diseminado en mis dedos,
Ceniza derramándose en los memorandos compuestos con ciertas
Complicidades, con la limonada parecida a jardines de tristeza.
Ahora pienso en las hojas verdes donde aprendí a jugar:
En los pulmones inciertos del horizonte,
En el equilibrio de los pies asido a ventanas,
En el tropiezo de la ley de la gravedad,
En todas las cortinas porfiadas del invierno, —deseo de penetrar
En los ojos de la carne. [Entonces no sabía que la gimnasia
Es parecida aun galope; que el marketing puede elevar, si se quiere
El éxito de los orgasmos, la plusvalía del deseo,
Y ciertas claves secretas de las sonrisas].
De todas maneras ese parece ser el elixir ganador para permanecer
En los territorios del mercado.
Al final no sé si saldré ileso de este hilo de mortajas.
Si vale la pena fundirme en una guitarra de orgasmos.
Si es cierto que puedo postularme a las trompetas con porristas.
Si quito de la cama mis propias cesantías,
Si hago quitar las maletas de la incertidumbre, las fotografías,
El asco de los recuerdos, los bolsillos de soledad aplastante.
Después de todo no necesito mas que mi ojos y manos
En ese hilvanar los vagones de los trenes, la historia dando cabezazos
En la garganta, la sal rompiendo el camino,
La respiración contenida en los rieles,
Las estatuas como un suspiro de emociones egocéntricas.
Sobre la línea de los trenes, las banderas mordidas del paisaje.
Barataria, 28.XII.2009

jueves, 31 de diciembre de 2009

Estertor

Cruza el pájaro la última frontera del calendario. El zumbido
Denso de los espasmos. Cruzan ahora todos los imaginarios.
La luz a tientas en las manos del aire
Autor de la fotografía: Pablo-Alcázar-Costa








Estertor







…se me pasaron las ganas de
vomitar hasta que por fin pude
volver a la sala para ver el
final. Esa vez, recuerdo, culpé de mi mareo
a una baja de presión.
MARCELO RIOSECO

Pourquoi pas un sourire et pourquoi pas des larmes
Tout au bord de la toile où jouent les petits clous
PAUL ÈLUARD







Cruza el pájaro la última frontera del calendario. El zumbido
Denso de los espasmos. Cruzan ahora todos los imaginarios.
La luz a tientas en las manos del aire;
La imagen de los nombres que nunca concluyen;
En cabello negro sosteniendo el umbral de los pétalos.
El mismo silencio, hondo, del fuego sin saber a dónde llega.
La flauta del paisaje se ha vuelto un azor; en las puertas
Cuelgan los párpados,
El patio de la noche donde se pierde el paraíso.
En las hojas del bosque están sostenidas mis vigilias —Hojas
De libros, librando batallas; sueños de desconfianza y ceniza.
Me veo en las tumbas del lenguaje. En los gusanos inocentes
De mis palabras, iluminados por fuegos fatuos.
[¿Qué diría el Caballero de Olmedo hoy en día del “dolce stil novo”,
“de la nueva historia que señala las heridas”. O Racine, ante
La felicidad inaccesible, o Wordsworth en su beatitud solitaria,
Fúnebres ascensiones del esplendor, dolientes pájaros en el tropel
Del sueño; o Coleridge, sombra a fin de cuentas en el arrebato
Del hálito; alud gris en las cataratas de la luna, trino seco del ruido,
Repentina luciérnaga de la brisa;
Qué digo de este demoníaco grito de la angustia, extraña bruma
Del deseo; dónde queda Shelley, la perplejidad como ese refugio
De fósforos del tiempo: –Tiempo, acaso, de fatigadas lámparas?]
Tenemos días de siniestra orina galopante.

Siglos hasta perdernos en el laberinto de cuchillos.
Fatuas fotografías al rojo vivo.
Eclipses ahumados por rostros ciegos.
Después clavos tratando de cerrar el respiro. El hilo seco de la saliva
Después la sensación de la piedra caliza de las sienes.
Después la grúa de los periódicos anclados en la niebla.
Los trenes en el almanaque de los rieles: los rieles cuyo afluente
Desemboca en las sienes, la luz a gran altura de las llaves,
Con tropezones y andrajos sobre las aceras.

[El sudor helado en la almohada, sin que le envíen tarjetas
Postales a ese barco que hace fosas en mi pecho.
En las calles las armas pululan como los baches, como los tiranos
Blindados de impunidad. Como este pecho de pobres peatones.
Como esta hambre de morderte con la ira].

En este calendario cabe la pus de la violencia: las noches largas
De las piedras, las habitaciones precipitadas,
Los cordeles en las manos y las vendas en los retretes audibles
De la congoja.
En el vaho las bocas florecen de pavor.
Hay inviernos en cesantía, —hongos de fétida ciudad, charcos
Salpicando los zapatos, tejados goteando centavos de plomo,
Ancianos raspando la costura de su equipaje,
Y meses con rimel de temperaturas galopantes…
Barataria, 27.XII.2009

miércoles, 30 de diciembre de 2009

La poesía es un Juego

Juego a las distancias despeinadas. Al mismo amor
De la metamorfosis que se agita en el viento.
Juego a la cruz vertical del horizonte...
Autor de la fotografía: Felipe Paniagua Núñez








La poesía es un Juego








Este al menos es fuego
de cepa y me calienta todo el día.
CLAUDIO RODRÍGUEZ







Juego a las distancias despeinadas. Al mismo amor
De la metamorfosis que se agita en el viento.
Juego a la cruz vertical del horizonte. A las dolientes
Miradas del grito. A la paz despiadada que me da la vida.
Juego a los cangrejos, a las carpas,
A las horas fatigadas de mirarte en la fuga,
Al día y la noche que grazna en mis manos, a los hongos
Endiablados de la herida, al relincho de las pinturas de Botero,
A los alfileres fríos de la ciudad,
A la sagrada artillería de un pubis herido por la indulgencia.
Juego al estío de los pecados capitales:
—de otra manera no sería sobreviviente del caos. De otra manera
Sería un muerto sin imanes, sin féretro.
Juego a los pájaros sobre el campanario y las estribaciones.
Juego a las trenzas de los barcos en las olas.
Juego a las nueve cuartas de mi corazón convulso.
A las puertas que han dejado de ser nido.
Juego a las sombras perversas que horadan boca y sienes.
Juego a las ventanas enfrente de mis ojos.
A la eternidad perversa de los limones. A la sal hostil de las lámparas.
A tantos recuerdos sobre el sepia de tus labios. A tanto mundo
Inaudito. A tanto humo de locura.
Juego a la manera de la noche: —Ese es el juego de la Nada.
Esa es la temperatura absorbente de las sombras.
El animal palpable en la mesa de los puertos. El nadie, el absurdo
Sin miradas. El ido sin palparse en las servilletas.
Juego a los celestes aposentos de las alas: —A la pipa coja del humo
De mi tabaco; al abrazo desteñido de los pergaminos.
[Más allá de la inmensidad de las nubes, los relojes en su aleteo
Mudo: la arena extasiada en las pupilas; el duelo como mordiscos
De hierro retorcido].
Juego, —he dicho—, a los pájaros y a los colores.
A las pesadillas deletreadas del pan. A los incensarios y al gran dream
De las utopías. Los bolsillos muerden los tornillos de la sangre:
—Durante el día dibujo monedas en las paredes y hombros y manos
Invocando la fisiología del Padre Nuestro…
Juego a no ser la tempestad del enemigo.
Juego a las calles sin túmulos y funerarias. Sin olvido ni secretos.
Juego al río inigualable de las rodillas sin dolor de penitencia.
[Subo a ese tobogán de mis propias manos; al tapiz de la harina.
Claro que el rostro está expuesto al ojo de las excentricidades].
Juego y no me canso de jugar. “Memoria soy, —dijo Quevedo—,
Apresurado el postrer sueño”.
Juego y no me canso de jugar, enfebrecido.
Bosque. Latido. Espejo húmedo de la luz.
Fondo. Sonido gimiente, la voluntad insobornable.
Juego y no me canso de jugar. Mientras el tránsito sea leve,
Habrá un vilano sobre el chasquido de los cascos,
Sobre la intensa habitación del Mundo…
Barataria, 25.XII.2009

martes, 29 de diciembre de 2009

Traspatio

En estos días se multiplica el traspatio del cielo con toda
Su bisutería. Aunque el amanecer es frío, no hay amantes,
Sólo la nostalgia que respira de hambre.
Autor de la fortografía: David Avilés Hidalgo







Traspatio









En estos días se multiplica el traspatio del cielo con toda
Su bisutería. Aunque el amanecer es frío, no hay amantes,
Sólo la nostalgia que respira de hambre.
Sólo este dolor acendrado de las ausencias,
Sólo este envejecido candil de las sustancias.
—Y pese a ello, no hay olvido.
No hallo el olvido aun con la puerta abierta. Aun con la puerta
Cerrada salvando el naufragio.
—¿En qué adoquines respira la lágrima su entrecejo?
¿En qué días feriados el huerto puede ser un hábito?
¿En qué albergue hay espacio para dos latidos?
[El fuego tiene siempre un rito vital de despedida;
La fragilidad es anuente al trasiego de los desvaríos:
No hay claridad sin la propia luz del sigilo].
Muerdo el ojo de los sueños. Y ahí únicamente encuentro,
Esa sensación de tierra indigente. Esa losa sin sábanas.
Un laberinto que revive lo inverosímil.
Un mundo de oscuros Magallanes, Marco Polos, y Pizarros.
Me persigno en la almohada imaginaria del viaje;
Ahí la facha del búho en su atalaya,
La profecía de los bienaventurados —que nunca adivino quiénes son.
La estrella zodiacal de los tejados,
El azúcar de la neblina en el establo, los reyes conquistadores
De las promesas, la alberca de poderes en los pétalos,
La mesa de estiércol como una porcelana profunda.
Siempre el marketing horada las ventanas; los diversos aceites
Y aromas; las encumbradas hamacas de la metafísica.
[Me pregunto si en la caravana no hay estanques de plastilina.
Nubes como telarañas de embriaguez,
Osados ultramares para cruzarlos en triciclos;
Mañanas bíblicas como la hospitalidad del incienso.
De seguro caminás como Santa Claus por Sunnyvale,
Por el Hyde Park, desvelada, con el humo del mundo
En el ciego interior del horizonte].
Una nube de petardos se vuelve la cena de los niños, donde
El olvido cobra fuerza y el destino desnuda su perplejidad.
Me quedo pensando en esos fuegos inminentes del azar:
—En la escueta alegría que imanta al aliento,
En los tres mil años de subir la escalera de la nostalgia,
En la alacena reseca de la mezquindad, en esa memoria, remembranza
Del viaje, en esa promesa irreverente de los puntos cardinales.
Al final, somos un rebaño de lo fatuo. [Al final, nadie derrama
Su mesa en mis manos. Ni vos que ardés en el pesebre
De mi sangre. Ni vos que te alzás como la levadura].
En estos días, la armonía es un derroche oceánico. En estos días.
En tos días, —por lo demás—, no dejo de ver pañales y sepulturas,
Cabalgando como los antiguos templarios…
Barataria, 24.XII.2009