martes, 18 de septiembre de 2012

PRÓLOGO AL TRÁNSITO

Imagen tomada de imagenzone.net




PRÓLOGO AL TRÁNSITO




He puesto el latir de mis sienes al compás de tus pasos
subiendo la escalera para oír cómo pisa tu sangre
sobre las yemas de mis dedos ausentes.
PEDRO GARCÍA CABRERA




Entrado al bosque de la noche, los códigos del aullido
sobre las aceras, la tormenta insomne sobre las cejas,
hundido en la escarcha del viento:
siempre el reloj marca los círculos del eclipse, la curva aritmética
de los zapatos, las semillas que luego se convierten en epitafios.
Al tránsito le damos su ración de neumáticos;
a las distancias, sueños. Como un ventanal crecido en las sienes,
la vela del mirar en el encaje hacia fuera de cualquier atadura disgregada.
Emigro cada vez al telar del aire donde el destello me conduce
sin disfraces  al patio del aljibe, a la ventana inequívoca que entreteje
otros senderos y no necesariamente a otro patíbulo de grafiti.
Alzo mi boca en el deshielo de las libélulas,
cruzo el corpus de la escritura,
los rieles anhelantes del imán, el hambre desvirgada
del cordón umbilical, el pañuelo corporeizado del almanaque, locuaz,
en su pegajoso laberinto. En la nuez no cabe la saliva expectante,
ni el pólipo en el eje de las carretas, ni el espejo improbable
del polvo o el asfalto en la epístola pintada con tranvías.

(Se necesita un verdugo para hacer languidecer los minutos:
también abstraer la llovizna del bullicio, arrojar a los vertederos
el rara avis de la intemperie con toda su jungla de cuchillos.
Cada vez el drama es un espectador de las ventanas,
uno más en medio del drama de las espinas, nos desangra
el trote invisible del viento,
la oquedad de la caverna, la beligerancia que degüella la garganta.
Un día sólo tendremos gotas de agua colgadas del alero, y sogas amenazantes para la tarde y nostalgias atesoradas de lo anhelado.)

Lo demás, son sombras que se van acumulando en el camino,
débiles paredes, luz, sin ningún resucitado, tragaluces del desierto
en las comisuras, páginas absurdas de la sangre que vierte la deriva.
¿Hacia dónde voy en un itinerario de páramos,
con ligereza de gritos y zapatos amargos, deslizándose
sobre las arenillas invencibles del suelo? ¿Qué contrarios
esféricos imprimen mi tinta, los escombros caducos del fulgor,
que de pronto me lanzo al blindaje del asfalto, ciego de estupor
y de ventanas, a repensar mi propia historia.
Dejo crecer la sal del destino para que la lluvia lo lave,
hurgo en el apetito insondable de las alas, como un libro
abierto en la fogata del escombro, allí con las llaves cósmicas
del tiempo, ejercicio de pupilas en el río del delirio.

Barataria, 16,IX.2012
 

domingo, 16 de septiembre de 2012

HIRVIENTE SERENIDAD

Imagen tomada de es.wikipedia.org




HIRVIENTE SERENIDAD




a Pere Bessó y Marina Centeno, poetas




Decimos serenidad cuando los pájaros mueven su cuerpo, las gaviotas sin aldabas en plena astilla de olas collares de arenilla y ungüentos sobre la torre acechante de los objetos del día a día como los pabellones del insomnio de la noche disturbio de palabras contra el ojo, aun así es necesario guardar la cordura los periódicos los trenes los ascensores los recuerdos entrampados en la boca de los muertos los mensajes del ave nacional en las festividades de este reino caduco en la última calle sucia de las premoniciones la cópula del reloj tendida en el césped púrpura quemados los cuerpos la forma de túnica del reloj que mece las agujas al trasluz de las sombras dormido me ahondo en el otoño las ramas del rocío sobre el nicho sumergido de los trenes por dentro los demonios enrarecidos del viento mana a estas horas será mediodía bastará un hervor en los labios de la fuga la ociosidad seguramente objetivará las mañanas antes comienzo a hacer audibles todas las equivocaciones no postergo los dibujos que hice con la tinta ni reniego de las calles salobres de la melancolía suenan las trompetas del batallón de la saliva suben los insectos en la penumbra pastosa de los fideos afuera hay fuegos calcinados los mismos cuerpos de aquella vastedad nocturna ebrio lamo los fragmentos del vómito el día es extraño cuando me lo paso pensando en las palabras nombres miedos perdones disculpas todo a la carta de la zozobra medito en el rebaño ávido de rigideces lo único cierto son las enredaderas el bamboleo de la flama del candil a ritmo de blues mudo fuego lento del aullido amargo nunca erigimos la alternancia del musgo ni pensamos en los porqués del odio ni en la interview del oleaje sobre el prensapapel de la angustia con azoteas de ráfaga hierven los antros y sus antípodas la facilidad del albañal de los encajes colgados del diente petrificado de la desnudez de pronto me doy cuenta que hay más insolencia de lo que pensaba habrá voces que maúllen y templos demolidos del tamaño del remedo habrá emuladores de la esperanza con aplomo de estatuas aguas carbonizadas que nada tienen que ver con el santo patrono ni con Quevedo en la arista aquí del trópico avanzo con mis pezuñas subterráneas.
Barataria, 16.IX.2012

sábado, 15 de septiembre de 2012

VUELTA A LA AUSENCIA

Imagen tomada de rootbook.wordpress.com




VUELTA A LA AUSENCIA




…nos cosquillea las mejillas pulquérrimas
y nos acariciamos benévolos la nuca postrer refugio
de las reminiscencias mitológicas
GERARDO DIEGO




Retorno y sin luz a la orilla del estrépito. El paraguas de la lágrima
al borde de los rincones solos de mi boca, aguas purulentas
en la monotonía del petate tendido en la esquina
del costal difuso de la espuma.
Vuelvo al mismo punto de partida, pero no es el mismo: la evasión
del tiempo y los ahogos no son los mismos, no el mismo río horadado
de cadáveres, ni la ventana avergonzada por el tiempo de niebla.

(Siempre imaginé diferentes los ahoras: jamás pensé
en la condición frágil de la hoja tirada por el viento,
ni en la carencia de platos al momento
de sentarme a la mesa con la boca llena de palabras
y sin ninguna conversación posible,
porque no hay interlocutores,
ni una brizna que me haga tolerable el momento.
No está aquí la celebración del vértigo,
sino la sombra del miedo
con su nudo ciego: única realidad perenne en este regreso solapado
de la ceniza, espejo en un instante del palpitar de la zozobra.
Y no será diferente cuando me embarque en la próxima estación,
cuando todos los muertos refunden
su destino y sangre lo telúrico,
y muerda la compuerta de la salmuera la invención del aleluya.)

Camino sobre los rastrojos del kerosén voraz del aliento,
cada vez resulta insólita la memoria con ciertos huéspedes
a hurtadillas, me declaro una moneda cercana a las alcantarillas,
este es el perfil que me queda después de transitar entre sombras,
resulta inexpresable el sonido de la espuma
cuando flotan los papiros de la neblina, el hombre ahogado
entre sirenas, entre destinos de rancia
opacidad como el pedernal a ultranza de la nostalgia.
Cada vez resulta más gratificante no recordar a nadie:
cierto grado de inconciencia ayuda a mantener las entrañas
en sosiego; después de todo, es buena la poca luz
para tocar el fondo de las cosas.

Pensar en el futuro, no deja de ser mera truculencia del Mercado,
uno termina consumiendo escombros, y envolventes
bailes artificiales;
por eso es necesario el surtidor de los museos,
y un puchito de lumbre para el espíritu.
En otro tiempo a pies y luz les dimos lozanía de alas,
por si acaso. Ahora ya no es necesario, aunque merodeen moscardones
alrededor de los zapatos, los días de la semana
son síntomas de la historia:
en una esquina del calendario, la grúa de la noche abre su boca
para limpiar la mucosa del horizonte, la noche que borra las paredes.
En esta irremediable vuelta a la ausencia,
debo pensar, también, en la ruptura de los peces,
en aquella sed afiebrada hasta el cuello, en la breña y el vinagre,
cruel sedición de los tejados,
aunando más miseria a la miseria, como un látigo sin caducidad.
Hecho el inventario necesario, las hormigas hacen lo suyo;
También los girasoles que cuelgan del umbral como guineos majonchos
en el tabanco, digamos, de la propia tormenta.

Barataria, 14.IX.2012

jueves, 13 de septiembre de 2012

MADERA ASCENDENTE


Fotografía de Francesca Woodman





MADERA ASCENDENTE
(Hacia el asombro, floración del alma)




a Sofía Rodríguez García, poeta.




La invasión de las aguas se va tendiendo en pesadillas
sin despertar al escalar el surtidor o fijar un lucero.
JOSÉ LEZAMA LIMA




Aún estoy a orillas del hambre, salpicados mis pies por la lluvia,
mientras mis manos siguen madurando las campanas del alhelí,
la escalera de la sangre subiendo a los rieles de los poros;
a través de este abrigo de las palabras, el atrio de la tinta
dentro del almanaque de la acequia del eco: en la hipnosis
del ojal, el desfiladero del escalofrío, la brújula o el farol de cuanto
cubre el picoteo de los relámpagos.
Todas las raíces tienen el tamaño del sol: el lexema del agua
y los manteles, el pez del arco iris en el césped hirviente del terciopelo;
cada vez sube la lengua a la almohada, cada vez la sombra destrenza
las esferas de la cobija o la rama en el entrecejo del pálpito.
Cada vez la tormenta muerde con sus desnudeces de avena.
Cada vez el ascenso es sinfonía de luciérnagas:
el sonido de las palabras en la alacena de la respiración.

El punto de la sabiduría está en hacer visibles los puntos cardinales:
no es el arbitrio el que habita las estatuas,
ni el País que nos colma de hastíos, ni los titiriteros locuaces de la risa,
ni siquiera la jaqueca que producen ciertos estertores,
ni el mecate del murmullo en los rincones endurecidos del ansia:
nos perdemos en el espejo de la medianoche, —nos abriga el cíclope
del incendio, lo absolutamente corpóreo,
lo calientito del rapto del abecedario, el arado que se extiende
hasta las vaguadas de la anatomía de la diéresis.

(Por encima de todo, hay dimensiones sumamente entrañables:
la diafanidad por ejemplo; y no lo putrefacto de ciertas legumbres;
la superficie real del plano cartesiano en los párpados;
y no el cancel agobiado por imágenes en sepia.
Sobre el borde de la canela, ascienden las puertas y empieza el goteo
del jardín, hacia arriba en el sendero del tejado.
En la almohada la claridad tiene manos reveladoras: un milagro.
Dondequiera el tiempo se alza como un refugio:
cruzamos el vuelo con la desnudez de los sueños,
para luego abrigarnos con el rocío de las libélulas,
bajo la rama del almendro convertida en paraguas…)

¿Es posible que el sonido suba al sedimento de los sueños,
a la hierba premonitoria del peñasco? —A menudo, sucede que,
la altura no es sólo calvario, sino un afán de guantes,
sorda caverna sostenida con zancos, y no roca firme.
Allá no hay pupitres para aprender las abstracciones del cielo,
Aquí nosotros para el próximo temporal de ropa:
seguramente izando la bandera de los pezones,
como se hace en las festividades de la Patria, con bombos y platillos.
En la desazón del abrigo, nos amparamos en los tapiales
de las enredaderas, le ponemos imanes al itinerario,
y luego desnudamos el tórax desde las rodillas.
Sólo así sabemos si el viento no es otro paralítico,
en esta geografía nuestra de castillos de naipe, donde la apariencia
sigue siendo tan feudal, como los sistemas caducos
de las estratificaciones, como el ojo oscuro de un túnel…
Alrededor de los pájaros hay un hondo camino donde amanece:
la poesía que respiran las estaciones del tiempo,
el latido corpóreo derramado en la tinta, el retablo del cuaderno.

Barataria, 12.IX.2012

martes, 11 de septiembre de 2012

GEOMETRÍA DE LA ESPUMA

Imagen tomada de crecersindios.com



GEOMETRÍA DE LA ESPUMA





Sólo a veces se profetiza envejeciendo un poco las tintas másstenaces
y se juega a los naipes la bruma sobrante
y no siempre regresan a su cristal las palomas…
LUIS A. PIÑER




Al fondo, en la profundidad de las aguas, el tejado en las ancas
de la sal, las sombras torcidas de las huellas,
la retórica en los escarabajos
de los paralíticos, siempre la estética del extravío, a merced del reojo
en el plato del ombligo, del pan repartido y partido en los pezones
del reacomodo del hambre próximo al hospedaje feudal de la obscenidad.
Deliran las gaviotas en el suspenso de la espuma:
las blancas rodillas pobladas de azúcar,
el guante de las esferas en la marea
de ultramar, los firmes abanicos de la anatomía en la gramática honda
de la respiración: aquí en los peldaños líquidos de la escalera,
el sostén creciente de la sonrisa
con su sexo ligeramente sugestivo, al alcance del badajo excitado:
la vos sube como una trompeta al infinito
después de despertar en el túnel seducido,
después de abrazar los rincones cósmicos del paisaje dibujado
en el musgo, cielo de simetrías fijas, rotundas.

Así pasa veloz la brusquedad de las sombras,
el petate cuadriculado de la azotea de la cresta que se enreda
en las manos, el coral recurvado de la herida,
el piano quejumbroso de los caballos, ciegos
suspiros de las flechas en la playa donde las sirenas, 
gritan como espejos sumergidos en la esperma del sonambulismo.
Me quedo aquí repasando el cuaderno de zinc de la espuma:
para eso, las pestañas, sirven de redes para raptar a las gaviotas,
el itinerario líquido de los labios, el cristal del acertijo en las manos,
todos los antecedentes invasivos de las aguas, a veces termales,
como el cántaro candente de los ijares
en pleno movimiento de aguas hirvientes.

(Vos, como un acordeón mordiendo mis costados:
hundida y despeinada
en mi cuaderno, poesía,
mesa del tren desenfundado de las estrellas.
Te veo venir goteando en el palillo del paraguas,
en la resina de las rajas de ocote, en el aliento gimiente de las bujías,
en este prensapapel del césped
indescifrable del aforismo.
Vos, pulsante en las interjecciones de mi barba,
en la hornilla resguardada en el tabanco de mi respiración.
Vos, digo, como un memorial de mi convento, pan y almohada,
Luminosa y profana y resurrecta, ay, “verbo revelado”.)

En la otra orilla, los amuletos del infierno: lista para la fuga.
Lista para descender a los manteles de la embriaguez,
al río subterráneo de los pinceles de Miró.

Barataria, 10.IX.2012