sábado, 25 de diciembre de 2010

ANÓNIMO PRESENTE

Necesito una teoría de begonias para entender el presente.
Sobre los andamios de País, están los platos rotos de la esperanza,
el chubasco de las alucinaciones, el bastón negro del cortavidrios,
la bandera decapitada por el cuervo,
el invento zurcido de los ojales a pura mano,
los antros como un pavimento del desequilibrio.
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ANÓNIMO PRESENTE




—¡epidemia ideal, que no respeta nada!—
JUAN RAMÓN JIMÉNEZ




Necesito una teoría de begonias para entender el presente.
Sobre los andamios de País, están los platos rotos de la esperanza,
el chubasco de las alucinaciones, el bastón negro del cortavidrios,
la bandera decapitada por el cuervo,
el invento zurcido de los ojales a pura mano,
los antros como un pavimento del desequilibrio.
(Supuran las axilas, su almidonada costumbre de números impares;
la diadema del firmamento enmudece en el abismo de la herrumbre:
—los presentes siempre son anónimos en las narices;
detrás de la lengua, las conjeturas,
las monedas fecales de la contorsiones, el traspiés de la incertidumbre,
o simplemente la diatriba del columpio en la garganta.
Nos gastamos días enteros en el aguijón de las sílabas:—¿es posible,
—sonreir— desafiando las serpientes, desaforando el kerosene,
Hasta que hayan pulgas en la cama, ni otros rascacielos turbios?
Caminamos tras el disparo de los telescopios.
¿Es posible morder los ojos saltando desde la leche de las libélulas,
o hacen falta brasas para encender la pira clavada en el dintel
de la respiración?)
No sé si haya vientos prometidos
en el cuarto de baño, en el color del miedo, en el mensaje siniestro
de los caballos sueltos en las palabras.
De pronto es así todo: el amor duele en las balanzas borradas
de los féretros, en el avaro pañuelo de la oscuridad.
Se acaba el presente en los torbellinos de la muerte. Un acordeón
quemado es mejor que una armadura sin sueños:
llueve el vértigo en las paredes; el niño Dios gasta sus secretos
en las sombras: —¿quién sostiene la sonrisa en el cuello,
y guarda la espada para desbreñar los girasoles? Las cerraduras
atisban las entrecalles, el espanto febril de los ascensores,
la pelambre del mentón hundido en la testarudez,
la fiebre de los verdugos inmolando campanarios de manteles
posesos. Olvido las vallas publicitarias con mala ortografía.
Olvido danzar sobre la hoja manchada de discursos: no hay tajadas
se velámenes, sino arritmia de corbatas, —cuellos de botella
inconfundibles en el trazo de los colibríes.
(Olvido decir que son innecesarios los cuchillos para quitar
La mancha de los huesos: me agoto en la tortura de pensarte
Desnuda, la brasa tiembla en el guardabarranco del juicio, en los pies
Cansados del imaginario colectivo;
El fermento espesa mi olfato, quiebra mi aliento, transborda el huerto
A mis manos, crepita en la tranca del azúcar.)

De todas maneras sigo despierto en este pulso de ventanas,
Aunque el presente, sólo sea, un espejismo recurrente en la sombra.

Barataria, 24.XII.2010

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