jueves, 3 de julio de 2008

Temores diarios_André Cruchaga

Antoni Tàpies







Temores diarios




“Un sordo movimiento te corroe las vísceras.
Y entonces suena la descarga.
Y se produce la estampida.”
David Escobar Galindo




A veces tenemos miedo
De ser sobrevivientes
En una ciudad sin cuerpo
Sin vírgenes
O sinfonías
Sin huellas
Sin ventanas
Algunos tragan ceniceros
Y mastican la colilla de la noche
Otros caen al suelo
Como encallan los barcos en silencio

Las cortinas de las nubes
Ensordecen a carcajadas

Una pistola apunta…

Aparecen libélulas en el sollozo
Y telas desgajadas en las lágrimas
Uno echa de menos el horizonte
Cuando los jardines se derrumban
Y el lenguaje del viento
Se vuelve demonio
O brida sin jinete
O elefante caminando
Sobre el asfalto
A veces tenemos miedo de los dientes
Del silencio de las estaciones
Del fuego que salpica
Los durmientes de la risa
De la aguja de la noche
Que toca las profundidades
Y traspasa la luna
De los espejos
A veces tenemos miedo de los ojos
De la luz
Invierno donde corren los fantasmas
Y la desnudez refleja
La crueldad de los vitrales

En los interminables
Vacíos del horizonte
Nadie practica la inocencia
Uno es pólvora entre la muchedumbre
Nube donde aúlla
Una blanquez moribunda:

Espuma silenciosa del caballo
Que muerde los ojos del jinete
Aliento de hollín
Extraviado en el granito
Fragmento del vacío
Caverna que nos vigila
Y nos hace abrazar
Un ártico de emociones:

Amplios corredores donde el miedo
Tiene sonidos de metal
Herrumbre
Habitaciones cerradas
Parques donde nace el olvido
Y la indiferencia

A veces también se tiene miedo
De las máscaras
De los bufones que visten a cadáveres
Retratan heridas
Disuelven la neblina de los espejos
O simplemente
Muerden la oscuridad
Con su arte de alfileres

Médula de nichos fugitivos
Estos temores torpes
Que andan sin itinerario
Por la tierra

Camino subterráneo estos temores
Que llevan alas
Y ríos de ceniza
En nuestras cotidianas pertenencias.
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De: Intensa sed, inédito
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miércoles, 2 de julio de 2008

Nostalgia del recuerdo_André Cruchaga

Pintura: Antoni Tàpies





Nostalgia del recuerdo




Sobre la piel borrosa
Pasan los cuerpos
Los ojos azules del deseo
La desnuda contraluz
De los minutos
Las largas horas mordiéndose
Los labios

Pasan hurgando los sueños
Entre el agua pálida
De las pestañas
Ráfagas de ojos en el silencio
Noche definitiva
Que nos calla
Que nos sella
Con su mirada de túnel infinito

Nos miramos
Ya no somos nosotros

Ay el tiempo
Con sus escombros en los ojos
Cuerpos y compañías
Que ya no son
Palabras herrumbrosas
Prendidas en la luz
Sonando en la memoria
Como ventanas rotas
Como noches con cuerpos insomnes
Como muelles desvencijados
Como mares de obstinados pálpitos
Como calles cansadas de tanta
Muchedumbre
Como habitaciones hundidas
En la opacidad de la materia
Como trenes sin rieles
En un cuarto oscuro
Como la imprecisión de tanta
Lejanía
Como ese Belén espectral
En la memoria
Como las aceras sin semáforos
Donde los transeúntes
Se pierden

Ay el tiempo
Que nos traga con lentes
De artillería
Esmeriles de soles comprimidos
Laderas de viento
Quemaduras de granito

A veces no tiene sentido
Pasa sin trofeos
Sin alianzas
Traspasando los acantilados del olvido
El oleaje lento de la noche
El aire del alma
En la levadura de las manos

A uno lo deslumbra cuando espera
Ese arroyo de lluvia
Entre crayolas de recuerdos
O esa huella del pájaro
Que se devana en el aire
O esa claridad que de repente lava
El ensimismamiento de las sombras

Uno clava los ojos en sus enredaderas
Y por allí suben o bajan
Calientes ríos resucitados
Marejadas de lágrimas
Grises cuerpos
Hojas de otoño cayendo como ojos
Ráfagas de llaves
Avivando puertas
Para recordar el pañuelo
De colores
Con que los meses
Forman su arco iris.
Octubre 05 de 2003.
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De: Intensa sed, inédito
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martes, 1 de julio de 2008

Para tan breve vida, ¿quién le dio el ser?

André Cruchaga, El Salvador






Para tan breve vida, ¿quién le dio el ser?



Al poeta Luis de Góngora


Tan breve vida y a menudo ciega.
Largo silencio el llanto rapaz que la convida.
Falsa libertad cuando la saeta hiere las venas
Y la vida yerra sobre hojarasca de tierra.
De “soledades” se nutre uno. A menudo de horizontes
Náufragos: las arenas movedizas del tiempo
Borran los caminos y desatan nieblas.
De soledades la prisión abraza,
Aunque en el mapa desplegado de la mente,
Suene esa campana muda del anhelo.
De soledades se hizo el mar con las gaviotas;
El torrente de la vena cristalina,
Los vasos donde se bebe confiado
El hilo grueso de la lluvia.
Con el silencio se hicieron las grandes ciudades;
Los durmientes de las luciérnagas,
La armonía de los jinetes cabalgando en el viento
Y la gangrena muda de la lengua.
Con las soledades los zapatos callan
Y el claustro del pecho bota sus plumas
En el cuenco del vacío donde los espíritus llagan sus andrajos.
© André Cruchaga
El Salvador, 2005
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Poeta y educador salvadoreño.
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sábado, 14 de junio de 2008

Restos del ferrocarril de mi niñez_André Cruchaga

Ilustración: Pintura de Joan Miró






Restos del ferrocarril de mi niñez




Lejos estoy. Muy lejos. No en espacios,
Sino en tiempo.
Vicente Aleixandre


Esos vagones desvencijados sobre viejos
Durmientes son los restos de muchas ilusiones,
—Decía mi padre, hechizado, viendo al horizonte
Que levitaba abierto, inmenso, en el confín del pensamiento.
(Él dejó su alma labrando durmientes
para que pasaran uno tras uno los vagones sobre la tierra
virgen de Las Pavas, Las Isletas, Guarnecia y San Isidro).

Fue un joven vigoroso para estos menesteres, vigoroso y denso
como los veranos e inviernos de nuestro terruño.

El tren era una maravilla, un azor de hierro cuyo sonido
Me hacía volcar mi corazón y volar mis fantasías.

Un aleteo de mariposas se desprendía de los rieles.
Mis hermanos y yo sentíamos rodar todo el planeta.
Nos gustaba ver cómo los vagones devoraban el paisaje
Y las ventanas se convertían en pequeñas diapositivas.

Mi padre y yo nos mirábamos sin decir palabras:
El asombro se volcaba en las pupilas hasta quemarlas
En las brasas de la lejanía…

Sólo tenía en mi infancia, ojos para ver el delantal de las nubes
Chocar contra los hierros de esos herrumbrosos vagones.

Ahora pienso que es una extraña historia del corazón:
Una historia desmoronada sobre los dientes del tiempo.
O tal vez una loca imagen, muerta, de mi propia sombra,
Columna de luz y sonidos que llamé ferrocarril.
Infancia ida ya. Padre fenecido también…

Suena el tren en mis oídos, bufa su tensada garganta:
Vagones desvencijados sobre viejos durmientes…
© André Cruchaga
El Salvador, 12122004
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De: Oscuridad sin fecha, 2006.
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sábado, 7 de junio de 2008

Desvarío en las miradas_André Cruchaga

Ferdinand Léger





Desvarío en las miradas




Nuestras miradas se pierden
En el desamparo de los gestos

Nuestras palabras deambulan
En los rincones del aire

Duele el alma prisionera
Duelen las cegueras absortas
De los hormigueros
El mármol de la lluvia
El gemido de los sueños
Las venas mojadas
Locas
En su espejismo

Tal vez en otro tiempo
Se revele
Nuestra propia sobrevivencia
El mundo que nos hiere
La cara
La máscara de la esfinge
Que emerge
A nuestro costado
El golpe de brebajes
Que trizan nuestro cuerpo:
Sed de ceniza en el abismo
De los ríos

Desde lo más diáfano u oscuro
Emigran los pájaros
El hueco de la ansiedad
La fatiga de los pasos
Sobre el vaho

Despertamos con una luz soñolienta:
Sostenemos lo efímero

Las sombras arden
En nuestros poros
Junto a la lágrima
Que brota del oprobio

Nuestras miradas se pierden
En otros rostros
En otro abismo de galopes
Donde nacen polvaredas
Y se llora anhelando otros cielos

Uno también nace en las miradas
Lo sabe el cuerpo que palidece
O transpira
Lo saben los girasoles de los ojos
Cuando extienden
Sus párpados
Sobre el césped
O las verjas

Lo sabe la esperanza cuando copula
Lo sabe enero y todos los meses
Lo sabe el rojo
Que arde en la madera
Lo saben las llaves
Que arrancan el cerrojo
De las lágrimas
Lo sabe también la herrumbre
Del sueño
O la brillantez de las espigas

Por último por mirar pagamos un precio
Por hablar otro
Y en ese mirar y hablar
Se deshila la metamorfosis de lo que somos
Hasta terminar como un árbol seco:
Nostalgia de la vida
Emanación de ceniza
Gemido de la llaga
Que nos abre
De par en par
El mundo.El Salvador, Octubre 20 de 2003.
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