viernes, 6 de junio de 2008

Memoria de los muelles_André Cruchaga

Ilustración: Paisaje (André Cruchaga)






Memoria de los muelles



A Manuel Guillermo Ortega



“Sobre las ondas de la mar salada”
Francisco de Quevedo.


I
Hace tiempos que busco
La palpitación de los muelles
El recinto de las heredades
Recibiendo la sal sombreada
De misterio

Aún no la encuentro en sus canteras
Ni en su intemperie transparente

Sé sin embargo
Que aparecen en los mapas
Que tienen una extraña corriente
De sombras
De arena que a ratos
Arrebata las pupilas
O que precipitan el vacío
Que dejan los cuerpos
Cuando parten

Bajo los siete círculos del anhelo
Uno transita delirante
Esa inasible tormenta de las olas
Que en abierta audacia
Emprenden el vuelo
Hacia el umbral
De la nostalgia

Nostalgia que nos llena la piel
De fugitivos demonios
Y sombras que aspiran al silencio
Más poseso que conozco

Hace tiempos que busco
En plena mar
Esa frontera
Donde las luciérnagas
Hechizadas cantan
La dispensa sinfonía del viento
La trama abierta
De los ojos cerrados
La cápsula del diluvio
Que ahoga con su mortaja
Impensable

Sé a fin de cuentas
Que los muelles respiran
Tras espejos milenarios
Y estampan largas miradas
Sobre magnéticos jeroglíficos

Por eso son otra ventana
Donde se oficia
La espesura humana
Que se vierte sobre el agua

Sé que son un temblor perenne
Donde uno se baña
Con el azogue múltiple
De los sentidos
Y la fosforescencia de los sueños.
24102003





“No duermes. No. No duermo”
Juan Ramón Jiménez


II
Ha sido un largo viaje
Recorrer
La memoria de los muelles
La noche que cae de los ojos
El humo cansado
Que va girando en el aire
No sé quién hizo estallar
Los alelíes blancos de las olas
No sé qué humano territorio
Habita el agua
Que se siente el sigilo
Tembloroso de la carne
Y el trueno de los labios
Buscando los senos de la luz

La soledad en los muelles
No tiene límites
Hay siempre una sensación
Sin itinerarios

Calla el aliento en el tiempo
Con su vocación ardiendo
En el suplicio del espacio

Calla la lengua de las gaviotas
Cuando bebe el filo del agua
Hormiguea la materia
Cuando el horizonte
De verdad se desnuda
Sobre el lomo de los peces

Así son los muelles que mojan mi memoria
Así son las huellas del espejo de los muelles
Cuando elevan mi sienes
Como un barrilete
De lunas inefables.
El Salvador, 25102003





“Yo fui tu centinela que te veló en el alba”,
Gonzalo Rojas.

III
Corrientes de espuma
Vuelan deshechas
Y desgarran la madera

¿A dónde van los muelles
con sus espectros
mortales?

¿A dónde las pupilas que se pierden
en esa crestería
de trashumana porcelana?

¿A dónde las ventanas
con las que juega la brisa
como las hojas de un libro
gastado?

¿A dónde va la voz que quiebra
su lozana eufonía
cuando parten los barcos
cuando emprenden su itinerario
por ese largo hilo azul
que borra toda huella?

No lo sé pero seguramente
Anclarán en una estación
Donde cada quien
Le arranca sueños
Y conversaciones a las estrellas
Hasta que desaparece el musgo
De las piedras

No lo sé pero seguramente
Habrá un beso sutil en los encajes
Abiertos del cielo
Y un abrazo soltando pájaros
De tristísimos ojeras

No sé quién lanzó el relámpago
Desnudo de los muelles
Sobre un destino que busca pechos
Que sostengan la fantasía
De un navío en las pupilas

No lo sé…
El Salvador, Octubre 28 de 2003.


“Inmóvil firmamento del silencio,
una garganta eres que respira”…
Jorge Millas.

IV
En plena oscuridad
Los muelles parecen ataúdes

El silencio respira
Con los recuerdos de sus transeúntes
Allí queda prendida
Una garganta
Rutilante
Monótonamente horadada
Por las olas
Que al desparramarse
Escapan
De su cuerpo ensimismado

En plena oscuridad
Los labios se estremecen
Sobre los muelles
Que tienen siempre
La fugacidad luminosa
De los gozos terrenales

Pero también
Ese largo brazo de las permanencias
Que destella
Como un bosque
El rumor de lo humano

En ellos fundé ciudades
Y relámpagos
Pasos en la esperanza
Y ojos
Y manos
Y soplos
Remansos de ojos encendidos
Besos ardiendo como pájaros erguidos
Celestes pianos
Sobre el césped
Blanco de la espuma
En ellos fundé el sonido
De las palabras
Y las gaviotas
Y la puerta
Hacia el espejo de los viajes.
El Salvador, 28102003



“Soy el viajero que pasa
entre abrazos ajenos y sonrisas”…
Dulce María Loynaz


V
Pasan pasajeros corriendo como potros
Sobre los ojos salados de los muelles
Hay vértigos y delirios a bordo
Hay transpiración y escalofríos
Hay tanta sangre creciendo
Hay penas y vidas cansadas
Hay tristezas que giran en las pupilas
Hay simplemente sombras que gritan sobre las olas
Hay zapatos gastados
Hay días espesos de niebla como los fracasos
Hay madera mojada y metales
Hay gangosidades que babean como bocinas
Hay lluvias conyugales mojando la carne
Hay sílabas que se lleva la brisa
Y otras que perduran en las entrañas
Hay un inmenso afán de asir las olas
Hay un mar que nos da su lengua
Hay huracanes que gotean desde los cuerpos
Hay sal que escapa del insomnio de los siglos
Hay pañuelos ondeando sensatamente sus monólogos
Hay olvidos remotos rechinando sombras
Hay aves cansadas en las manos
Hay demonios invocando indiferencias
Hay cenizas que dejan los cuerpos cuando parten
Hay besos que dejan una herida profunda
Del tamaño del océano
Hay murallas sin embargo
Que cierran los cuatro puntos cardinales
Hay cabelleras que flotan como los sueños
En la memoria
Hay memorias que llevan los sueños
Colgando la alegría en sus alas
Hay memoria que pasa por puertas y ventanas
Junto a “muelles fríos”.
El Salvador, 2003

lunes, 2 de junio de 2008

Abandono_André Cruchaga

Río Lempa, Chalatenango.





Abandono




Un sueño de espejos cantan las aves
Noches peregrinas desmoronándose
En el estirado lago de un paraguas
De pronto parpadeas desgarrada
De ti misma
Entre un estío subterráneo
Donde no llegan los vientos
Sólo tus labios de ausencia torturada
Y es porque fuimos construidos
Entre ventanas de nublada mañana
O se te olvida esa soledad
Lenta y amplia e imprecisa
Que dicta sus monólogos
Como el mar con su lengua de espuma
Ahora la noche respira ―entre herrumbre―
Los Barcos se alejan
Arde el abandono parece
Gusano deshecho
En ese aullido de los trenes
Que no duermen y desaparecen en el horizonte
La llaga de la lluvia se volvió insomne
Ella espera de nuevo las angustias
La sangre perdió sus primaveras
Sangre estéril las tardes lejanas
Carnalmente profundas
Como el envejecimiento de la ausencia:
Herido silencio que nos atesoró la muerte.
©André Cruchaga
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De: Estornudos
Leer más de André Cruchaga en:

domingo, 1 de junio de 2008

Espectros_André Cruchaga

Ilustracuçon: JEAN BAPTISTE SIMEON CHARDIN







Espectros




I

Ando frente a la aurora germinal,
que invita a la luz.
¡Acaríciame, almendra de este monólogo,
Esta gracia temporal del sueño
y haz de mí, un desnudo cobertor del viento!



II

Mírote en el espejo, Venus,
Emergiendo del abismo de las aguas.
La noche es una cortina abstracta
En el fiel muelle de la conciencia;
Por eso te prefiero “bella prisión”,
Como lucero de la tarde.



III

Lánzate conmigo, Tisbe,
Y que Cloto deshile nuestros sueños
De azul coronación melódica;
Y que en el mármol indeleble de la esperma
De Paros, en el mar Egeo,
El ojo centellee la elocuencia.



IV

Cruzo, en el macizo montañoso de la noche,
—En un rito neural del subconciente—
Las deidades aguas del Helisponto
Sólo para ver a Hero:
luna de la galaxia,
Antes que la luz apague, en su audacia,
Las aguas de la noche.



V

Memnón parece venir de un prodigio milenario,
De convertir la sal en dulce agua,
De imantar la ilusión
Y el arte musical de la mañana.
Memnón es como ese Fononio
Que celebra con azar mágico
El viento de las piras aromáticas.



VI

Anaxárete inmutada por la ceniza del tiempo
Se yergue como un demonio
De sorda violencia y desnudez atrófica.
Su alma, estela de sueño,
Encadenada está a ese tiempo
De refugio intrasegado.
Habla Anaxárete desde la piedra
En oscuro templo erigida.




VII

¡Oh afortunados coribantes de espectros:
padres de la danza y el acompañamiento;
en mi memoria son como la persistencia del hervor:
el tiempo palpita con furtivos senos
y en el cautiverio de ilusión,
resucite en espectros trasegados!




VIII

Te ciernes sobre mí Yocasta
Y te regocijas con ágil transparencia
En las sienes de ceniza del viejo Layo.
¡Ah los vaticinios divinos,
Convierten el augurio y el designio
En pinzas y zarpazos!...
Barataria, 1999.

miércoles, 21 de mayo de 2008

Cementerio:Poema en español y griego

Lia Karavia, Grecia










Cementerio







Aquí germina, en calma, el olvido…
Rainer María Rilke




La tierra es blanda para que en ella
Resbalen los féretros y el césped mude de aires.
En las noches musitan las sombras,
Vuelan, insinúan fugitivas lunas.
Frente a ese canto de despedida hiriendo la garganta,
Me quedo sin palabras, hundido en mi sangre.
Frente a cada nicho helado, faltan las palabras;
Frente a cada cruz o imaginero,
Viene aquella infancia de noches, el candil oscuro,
El aire coagulado entre las nubes de los cirios.
Por eso los cementerios trastornan mis sentidos:
Esa presencia invisible, huidiza, lengua apagada,
Deshace mi aliento, pese a que es mi destino.
© André Cruchaga
El Salvador, 31102004
Del libro: Oscuridad sin fecha.

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Traducción al griego: Lia Karavia.
Leer más de este poeta, escritora y traductora en: www.artepoetica.net



viernes, 2 de mayo de 2008

Entre los sueños, la noche del planeta_André Cruchaga

Ilustración: Fernand Léger.







Entre los sueños, la noche del planeta





Es extraño dormir con los ojos abiertos y no saberse
Parte de este mundo ni albergar un pan en el abismo
De la medianoche, en las calles con los zaguanes cerrados,
En el misterioso cuerpo de uno mismo que se torna fantasma.
Uno deambula a través de transparencias inusitadas:
Relojes inquietantes crispan las sienes por ese camino
Donde los gallos surgen a destiempo bebiéndose el rocío.
El pecho ha cambiado sus sueños por recuerdos. Otra
Puerta sonríe desde el umbral sonoro de los pájaros;
Otros escaparates hay en los estantes del cielo con ventanas
De gratuito viento, con nombre para cambiar el lenguaje
De los meses y la hoja caída junto a la piedra…

En realidad todo es extraño cuando el cuerpo reposa.
Pero también cuando se sienten encima tres mil años,
De olvido y líquida gangrena en la sangre. El aliento zumba
Igual que un pájaro negro en el lecho, igual que un estante
Sin párpados destinado al vaivén de los martillos.
Vivir es siempre gastar los zapatos entre banderas
De mohosa ralea: nada es diferente a la madera usada para
Féretros, nada es diferente a la mesa sin comida y muchos
Comensales hambrientos de luciérnagas en la almohada.
Después de todo, al pie del lecho está la tierra misma
Esperando, nada más esperando por esta hambruna que nos viene
Galopante, sin brida, omnipotente, con orgullo de azadón.

Durante la noche veo pasar barcos y ferrocarriles y azacuanes.
Al despertar estoy en el mismo sitio con el hollín del tiempo
Transcurrido en mi rostro como un tabanco de silenciosos
Adoquines por donde ha pasado el humo despiadado de las sombras.
Vivir es también, fundirse con estas Gracias: formas sin cifra
En su propio eco, pastos de agotados rebaños, cortinas
De gigante espuma, furtivas páginas que no escribe el horizonte
En los muros que muerden las ventanas…
Vivir, es también, contener a ratos los arrecifes del sollozo:
La trenza del viento en su peligrosa garganta, la sal de la tempestad
Cuando aparece como un mantel líquido en los labios.
Entre callejones de sorda trementina transcurren los días:
No hay flores ni violines ni un gastado blues de taberna
Que ronque junto a los lóbulos de este fin incierto del hambre,
Sólo rostros con la desnuda babel del alfabeto en sandalias.
Yo llamo a este mundo, el albañal de los cadáveres.
A fin de cuentas, hacia eso nos lleva el verdugo con frac
Es triste, pero es cierto: sólo se escucha la voz del vejamen
Con su tiesto de vértigo, con su voz de vaporoso cigarrillo.
Es triste, pero es cierto: cada vez el mundo es más trágico
Y confuso. La saliva de la noche oculta la luz, la vuelve ciénaga
Y feroz ración de palpitantes cacerolas…

En los parques los pájaros aprietan las sienes con nostalgia.
También ellos dejaron de adivinar en los sueños gotas de cierzo.
Crece la noche. Crece la gran noche del planeta.
Los pies apenas pueden con un panal de ruiseñores,
Las piernas ya no dan para saltar esta hoguera del eco:
Al parecer, sólo nos queda reír y cruzar los brazos
Como esa obsesa ola de los encajes nupciales…
Barataria, 02.V.2008.
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