martes, 10 de marzo de 2015

PALABRAS EN FALSO

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PALABRAS EN FALSO




A las esquinas que rozan el silencio, las palabras en falso y los juramentos
con pespuntes, carteles al óleo y paisajes donde amanece el cierzo.
¿Quién se fía de la actualidad y sus instrumentos de suplicio? Resplandece, sí,
el chorrito de agua y las adolescencias dulces en los balcones,
en el spot glorioso del engaño.
(Se confunde el universo de la risa y la insolación, el polvo y las monedas oscuras 
de los sueños, la cabuya en la miopía de lo transparente: la pantalla gigante
 jamás puede ocultar la suciedad de los que hablan otro idioma, 
la calle es apoteósica en desvelos y en obsesiva zozobra.)
Cómo no entender el sofoco subliminal de los semáforos.
El cine mudo tal vez nos daría más oxígeno u otras ficciones compartidas.
Ante la realidad de las palabras, la almohada puede ser una ventana respirable;
a menudo personificamos la hojarasca con fragancia de profecía.
Cada día que transcurre es más evidente el búho que pasea sobre las ojeras
de la agonía insoslayable. Ladran los perros ante las manchas de la semana.
Alrededor nuestro hay cazadores de alambradas caritativas.
Todo lo vamos atando a una sed inadvertida; en la línea de la sombra, vigilan,
nos vigilan, el patetismo de las palabras agrietadas.
Ante los falsos ornamentos, debemos pensar en todo lo que ha llovido…
Barataria, 24.II.2015

lunes, 9 de marzo de 2015

AVE EFÍMERA

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AVE EFÍMERA




Cruza la lengua del éter, ese viento de la lluvia que desciende hasta los tobillos.
En el adagio de la esbeltez, el ave inexplicable en la hechicería del calendario.
En la rama del árbol nos engaña el vuelo, gira el ala en la garganta,
muerde el tiempo de la trampa,
allí donde cada hueco que deja lo efímero es solo torpe amaño.
Caducamos en los armarios que deambulan en los puertos:
la luz, dura, como los muelles, efímera como las esquinas de la infancia.
A menudo sólo cambio de camino para engañarme en este perenne fluir.
No sé cómo entender lo exiguo de la lejanía. (A ratos impera la sensación 
de no estar en ninguna parte; la grieta de lo transitorio aprieta el aliento.)
No sé si únicamente es la piedra la que pervive.
Hay un grito al filo de la muerte. ¿Acaso se impone siempre la ausencia?
Tal como la hoja o el vilano, los imposibles del espejo suicida…
Barataria, 22.II.2015

sábado, 7 de marzo de 2015

APRENDIZ DE LA NOCHE

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APRENDIZ DE LA NOCHE




Me sumerjo en lo inimaginable de la noche, en su laberinto inverosímil.
En el reloj, el velamen de los transeúntes, las distintas lejanías que tiene
el enigma, la mirada sobre el ojal de la nostalgia.
En el cordaje de las mochetas, el léxico plural de la hipotenusa y su iris disecado 
de huesos. Y su herida de pecho ciego.
Bajo el escombro roto de los párpados, el plomo de la muerte en su pedestal.
De pie, las ramas del invierno y su infancia de imágenes en la bruma.
Soy aprendiz de pájaros nocturnos, sangra el puñado de gritos, muerde
la vigilia todos los caminos devorados.
Todas las aguas me perturban; no  duerme el aliento de la noche ni su feroz
palidez de mueca, ni su espejo sin fecha, ni su perfume cerrado.
En el fondo siempre es así: zurce la soledad el eco del alfabeto colgado
del almanaque, el poste negro de los mingitorios y el hambre,
el fermento vencido de la claridad.
Siempre soy aprendiz de estos materiales.
Entre las estanterías del vértigo, las baratijas colgando de las azoteas.
Odio las calles envejecidas. Y la noche del atraco y los barcos y trenes de lejos.
En el regazo húmedo de mi memoria, el perenne azogue de los sueños:
el pleno vuelo y el costal de las defunciones. La señal diaria del pecado y su consorte, 
el cuchillo de la noche y su dentadura de alfabeto…
Barataria, 21.II.2015

jueves, 5 de marzo de 2015

TURBIEDAD

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TURBIEDAD




Y mi silencio no ha sido una crueldad que se perdía oculta entre mis ropas
Yo no sé predecir
La luz únicamente más allá de mi mismo
Todo lo conocía
Conocía el mar y esos cuerpos desnudos
pero me devoraba la sangre entre las manos
Pedir perdón sería recordar un poema
y si yo escribo es únicamente porque no sé si he muerto
Emilio Prados




(“¿No sería mejor que nos arrojáramos del puente al rió, que abandonáramos el juego, que declaráramos que la vida humana, en su integridad, es un error, y en consecuencia nos la quitáramos?”)  después de todo me sumerjo en mi propia creación paraísos ensueños vírgenes dudas agonías siempre hay que dudar del evangelio de los números de las polémicas de la duda he olvidado la neutralidad de las abejas la carne prenatal del grito te invoco compasión frente a mis acrecentados forcejos (“Caminé por la calle, pero no estaban a la vista. Y ahí estaba yo, sin sombrero, como si también estuviera loco. Como uno pensaría naturalmente, uno de ellos está loco y el otro se ahogó y la otra fue echada a la calle por su propio esposo, por qué es que los demás no están locos también.”) vaya —me he dicho— en la unanimidad de mis ojos cuánta pobreza desfila como una amada aterida descalzo me gusta dejar las huellas del tedio sobre las aceras ¿quién me habla de conciencia? yo la tengo de mí ¿quién la engendra? detesto desacralizar aunque a veces es necesario ante la realidad objetiva que llamamos mundo claro cada quien es un mundo dentro y fuera de lo oscuro dentro de la vigilia la placenta soy indistintamente de mi individualidad ya he pensado por largo rato en los objetos aparentemente inanimados: el trencito el caballito de madera esta mi tos de perro jiotoso la carreta donde se desplaza el espíritu hay tanta turbiedad y no da tregua los baches el salto al vacío la mercadería de los partos los huérfanos el gorro frigio de nuestra nacionalidad espero al taxista en la otra esquina de la hostilidad luego camino susceptible tratando de justificar todas las caricaturas tempranito hago mis aritméticas abro el ojo y lo miro en el vaso de agua froto el dolor con altamisa en mis manos me ahogo con la leche de pecho intensa como la ruda a lo largo de filosas calles hago caso omiso de los semáforos nada me da la seguridad que necesito ni siquiera el absoluto ni los talleres con aroma a madera debo hacer memoria de repente me desahogo en la película encristalada en el sinfín de parabrisas polarizados es el tercer mes de mi eterna ingenuidad: busco un puerto del tamaño de mi almohada allí no puede ser inasible la luz ni la clandestinidad de los ahogos uno debe estar loco para leer todas las páginas del horizonte desamarrar el nudo ciego de la tinta lamer el cántaro de los pezones sin ningún pudor quiero abandonar este juego duro en el pecho: alargar mi risa en una cucharada de miel morder los jocotes corona ahuyentar al chucho con pulgas de mi albur la verdad es que tampoco recuerdo mucho ni un ápice de todos los momentos reflejados en mi conciencia es más a menudo ahuyento los recuerdos para que mi entrecejo no desvaríe bueno en realidad no importa nada ni siquiera un antro inevitable y momentáneo los días se forjan con golpes en los párpados sobre el adobe del lenguaje todo mi rostro es un instante (vos) que habitás mis escombros ah la carcajada de los lavatorios la hoja de la oscuridad con gusanos es un error la ropa el pájaro de mi pecho la comunión con los pilares que sostienen la casa es un error el espejo que se quiebra sordo en mi garganta es un error el encaje del aguacero en la ventana tremendo error para mi resuello doméstico…
Barataria, 19.II.2015

martes, 3 de marzo de 2015

MARGINAL

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MARGINAL




Pertenezco, sin embargo, a esa especie de hombres que están siempre al margen de aquello a lo que pertenecen, no ven sólo la multitud de la que son, sino también los grandes espacios que hay al lado.
Fernando Pessoa [Libro del desasosiego]




Se endurecen el suspiro y los pies. Después, las puertas y las fotografías,
la duda y sus juegos hidrocefálicos; cada vez, se acentúan las posibilidades
de la ceniza de este otro lado del despeñadero y lo inminente.
Duele la ferocidad como pájaro agorero, la mercadería de la nada, el mercado
con sus letales monedas, el lenguaje de la noche y la pesadumbre.
Nos hartamos de las esencias paralíticas y de la indiferencia pétrea.
En estos andenes estamos más próximos a la muerte. (No hay antes, ni después) 
sólo presente. El alba se hace añicos en los espejos.  
El vejamen cubre la carne de crepúsculos. El minuto madura su amarga
ponzoña. Siempre está lejos el horizonte para disfrazar la úlcera de las rodillas;
en la entraña, los huesos igual que un tarro quebrado de largas heridas.
Todas las falacias se disfrazan de cántaros.
Después de tantas sepulturas, no sirven de mucho las palabras: no caben
los sueños en un país de gritos, ni aun la basura que vocifera en el tizne.
Cada día nos toca hacer abstracciones de la felicidad e inventar trenes.
En nada creemos, salvo en la demencia y el pus…
Barataria, 17.II.2015