viernes, 27 de noviembre de 2020

SOLO TENGO PRESENTE

 

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SOLO TENGO PRESENTE

 

 

Solo tengo presente y una celda de pretéritos.

Todos los nombres se astillaron en la yema de mis dedos:

a mitad del rostro el tartamudeo de unos anteojos sin párpados,

el mismo tiempo de un burdel de epitafios,

la cobija petrificada de la intemperie,

la sed que acabó por quebrar boca y lengua y garganta.

Fue obstinada la llaga del albedrío en su embudo.

Del ombligo a los pies, un aullido como el país esculpido

en piedra, disecado en el crucifijo del pan.

Todo me habla desde el lenguaje arrancado a los muertos:

el ojo apenas tiene memoria

en la bilis de moscas caníbales, en el charco de semen de la rabia,

o en el hisopo roto por un bisturí de escorpiones.

Al final me da risa el filo de saliva de los silogismos

en un hoy de semánticas perversas.

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Del libro: “Invención de la espera”, 2020

©André Cruchaga


jueves, 26 de noviembre de 2020

SIEMPRE AQUÍ

 

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SIEMPRE AQUÍ

 

 

El poema quiere ser féretro sobre la tierra de tu pecho. Quizás lápida de suculentas palabras, una tilde de orgías en lo inminente. Quizás un solitario pañuelo raído por el tiempo: todo deja de ser cuando nos convertimos en pescadores de la muerte. En nuestros pies, los caminos pedregosos y las duras atarrayas, rotas de la esperanza. Siempre nos sedujeron los laberintos de los muelles y el desenfreno vívido de las palabras, el tibio ardimiento de los pájaros que repiten siempre su poderío indecible. —Mañana, o cualquier día, estará siempre aquí, el beso sobre tu piel, la huella de madera de tus ojos, la isla de ternura madurada al pie del surco.

 

Del libro: “Lejanías rotas”, 2020

©André Cruchaga


lunes, 23 de noviembre de 2020

SILENCIOS PRESENTIDOS

 

©Obra pictórica de Richard Diebenkorn




SILENCIOS PRESENTIDOS

 

 

Danzamos alrededor del murmullo del viento: entre abismo y meditación estallan los rostros derribados de la conciencia. (Aprendí que no hay piedra benévola junto a toda la niebla de una lágrima, ni luz en una pared de sombras, ni mapas en una geografía confusa.) Vivimos presintiendo silencios y esas vastas paranoias como fogonazos inciertos en el estrecho lugar que aún nos queda del alma. —En la redondez del tacto solo un cuerpo de tierra dentro de una tumba ciega. 

 

Del libro: “Lejanías rotas”, 2020

©André Cruchaga

©Obra pictórica de Richard Diebenkorn


sábado, 21 de noviembre de 2020

ACRITUD

 

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ACRITUD

 

 

Oigo un río seco lleno de latas de conserva

donde cantan las alcantarillas y arrojan las camisas llenas de sangre.

Federico García Lorca

 

 

Nunca volviste para reparar tanto despojo sobre el desván maltrecho

de la camisa recrudecida de las alcantarillas, o del arroyo de sangre

que deshizo la ternura. Siempre es oscuro tanto recuerdo.

A veces la noche nos miente y se expande como una metástasis.

Uno siempre quiere huir  de las quemadas amarillas de la devastación,

del antro repleto de soledades, de los días mansamente homicidas,

de las bocas que susurran interminables cuchillos.

Oigo la luz malherida de las asimetrías, la acritud de la saliva

y esas postales horribles que enturbian los ojos.

Camino y trato de sobrevivir entre amoratadas calles y despropósitos.

De aquellos torpes caminos bajo la lluvia, queda el despojo.

 

Del libro: “Lejanías rotas”, 2020

©André Cruchaga


miércoles, 18 de noviembre de 2020

PUERTA DE LA PERMANENCIA

 

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PUERTA DE LA PERMANENCIA

 

 

Por esa puerta huyó diciendo: «¡nunca!»

Por esa puerta ha de volver un día...

Amado Nervo

 

 

Todavía está presente la grieta abisal que reclama al insomnio.

En medio de la tormenta, las trenzas de agua y sus mutaciones:

en cada cobija deshago los objetos del hambre,

un latido de puertas abiertas muerde la decrepitud de los burdeles,

mientras pienso en cómo decapitar todos los días de las semanas,

el plato de arcilla en una caricia,

esa palabra nunca que carece de abrigo y humanidad.

En la fotografía natal gotea un paréntesis de fuego y adioses:

un sollozo de féretro a punto de perderse en el alma del viento.

Junto a los trapos impregnados de polvo,

la espera y sus dudas, el esplendor de los oscuro, el tizón de sed

como un escalpelo silencioso en la garganta.

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Del libro: “Invención de la espera”, 2020

©André Cruchaga