lunes, 6 de julio de 2026

RELECTURA DE LA NOCHE

 

Imagen tomada de la plataforma de Pinterest


RELECTURA DE LA NOCHE

 

La noche tiene ojos sin pupilas
y largas manos…

PHILIPPE SOUPAULT

 

Entre los dientes de la noche los pájaros picotean y duermen

largos recuerdos, los gritos del viento que no esperan a nadie;

con sus manos releo el cascajo que ha ido dejando

el último invierno,

los albañales decrépitos,

atornillados

a la turbulencia de los sueños.

Una fosa guarda aún zapatos y cabellos,

La noche taladra mis ojos

con la negrura del tiempo.

 

Largos sueños encima de las ramas de los árboles,

brazos de un reloj que agota su savia,

espacio donde la muerte parece ya una estrella.

Los suspiros impalpables lamen la noche

de principio a fin.

Una gota de sangre,

permanece,

en la pared.

 

La vida está expuesta al puñal del moho de viejos violines,

al granito de la vida entumecida,

a la tos de la mesa y a la mueca de una hoguera calcinada.

Ante tanta ruina solo pido piedad,

piedad por el niño que se asfixia,

piedad por el perro arrojado a la calle.

Las manos de la noche hacen sudar los ojos.

(Y vos permanecés allí con tu sed de peregrino, con tu sed

carbonizada transitas el instante,

con tu aullido de pánico

habitas el mundo).

 

Toda realidad empieza en el hambre como acto

de supervivencia;

luego realidad y hambre

nos embriagan

como las palabras.

 

Cada noche la plaza se queda sin noticias.

Igual que el silencio suspendido en el sueño.

 

El crédito, las vendedoras, las gargantas secas,

se van con el pueblo en sus bolsillos,

se van con las pupilas puestas en sus delantales,

con las palabras en los canastos,

con la mísera ganancia que no alcanza para comprar

algo de mayor valor

a la angustia o la tristeza.

 

Hoy he olvidado por completo el calendario,

he olvidado las homilías, y la noche santa de feligrés taciturno,

los sermones que nos pasan orinando las sienes,

las risas que los teléfonos transpiran con obscenos jadeos,

los años míos que ya no sirven para un tango

ni recitar poemas con públicos de dos, tres, cuatro displicentes

oyentes cuyo oficio es aplaudir.

O sobrevivir al desencanto del crepúsculo

que teje el paladar

en su jaula transformada

en tumba.

Cuando me empeño en los sueños,

el miedo avanza como la sangre del horizonte

manchando

los barquitos de papel

de ese otro mundo inocente.

Entrando al desvestidero de los grises,

los cirios, el azogue

inundan de golpe las estaciones

de autobuses.

 

A mis tantos años de poner los pies

sobre la bruma,

es difícil que el arco iris abra su vitral

como un pájaro.

Es difícil pensar la primavera

en esta tierra

de velas y deudas.

 

Es difícil que los ojos vean ríos de otros mundos.

Lo que miro son signos irreales

de un pedazo de tiempo,

herraduras que no se olvidan

con un par de cervezas,

muros con zaguanes oscuros,

sepultureros

a la altura del dintel

y gente que mercadea la pobreza.

El reloj se ha vuelto perro carnicero junto a la noche.

 

Junto a la nada. Junto al hueco del pecho.

 

Ahora me toca humedecer el pensamiento con sordomudos;

suspirar los fantasmas de la calle,

refugiarme, —si es posible—,

en el inocente ataúd de la alegría,

o sobrevivir,

a este espacio de pespuntes

y planos superpuestos.

 

La noche se harta todos los lugares visibles.

Un caballo de huesos arrastra

los pensamientos y la casa;

alrededor nuestro lo abyecto

cubierto de aguardiente y epifanía.

En mi pecho aletea la piedra

de esta carne rota.

Siempre fue extraño

un puñal de felicidad

en nuestros ojos.

 

Del libro: «Relectura», 2012

©André Cruchaga

Imagen tomada de Pinterest,

Barataria


No hay comentarios: