viernes, 17 de noviembre de 2023

JARDÍN DE PÚAS

©Pintura de Paul Delvaux


JARDÍN DE PÚAS

 

Nada más el bostezo mientras camino junto al duelo de la razón.

Allí, nadie reposa, ni ríe frente a una puerta invadida de ceniza.

Hay banderas de impaciencia y destrozadas lenguas en los miedos

inminentes de las palabras rotas, huérfanos los horcones

infantiles, fermentados por la fetidez.

Bajo un réquiem de sombras, el tedio hunde sus manos muertas.

El ave feroz de las calles no perdona los escombros de aquí,

ni esta ternura que a ratos parece extraña en mi alforja.

Confusa la luz de las estaciones, es evidente el charco difuso

de las ventanas y la caries del paraíso.

Como una cresta de piel abofeteada, el largo cuchillo de nupcias

tardías en medio de los terrones de la respiración,

los himnos extraños debajo de las cobijas de lo acontecido,

o aquellos zapatos desclavados, como sordos lavabos.

 

Siempre la miseria nos envuelve con su carne de ave herética.

(Claro, es un acto puro, como el instante de la eucaristía.)

 

Alguien habrá de atestiguarlo en el futuro hurgando en su conciencia,

o en algún rostro alcohólico, cansado de buscarse.

 

Sueño certidumbre de hormigas en mi remanso de esqueleto.

 

Del libro: «Mesón Vallejo», 2020

© André Cruchaga


 

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