domingo, 19 de febrero de 2023

ECOS DEL GRITO

 

Obra pictórica de Joan Mitchel


ECOS DEL GRITO

 

 A la hora resignada, este remedo de voz, furtiva carne sin dioses,

ni rezos. A lo lejos, se oyen las imágenes grises de la niebla,

el diente del titubeo del mar detrás de la algarabía de la espuma,

el grito del presente en el misal de las afrentas.

En la cercanía del cuerpo, todas las monedas del disfraz:

la ruda sobre la joroba del acantilado, el «follaje delirante.»

El grito imprime su filo en el dorso y sangran las cortinas

de la eternidad. (A menudo, uno supone que no existen

más horizontes a la respiración ardiente del resabio,

y que se debe estar condenado al oráculo del silencio.)

Nunca he sucumbido al hoy y sus demandas, cada quien talla

su impronta, aunque muera en el intento de cada día.

Siempre ando desarmado como lo hace cualquier pacifista.

La culpa, que no es mi bufanda, retrata con cierta sutileza,

las diversas sombras que habitan en el dispensario de la hoguera.

(Hay que nacer de nuevo y no entre espejismos.)

Seguro que será mañana el desvaído del grito, sin ponzoña,

sin ninguna señal de proeza.

Pero siempre estará ahí el eco obstinado buscando una salida en los ojos.

O tal vez no.

O solo nos desuelle

la piedra

del cadalso.

 

Del libro: «Se han roto tantas cosas con el viento», Barataria, 2014, 2015

©André Cruchaga


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